Recreo
por Fernando Couto

VIERNES 30 DE JULIO DE 2010 A LAS 13:38 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Desde 1995 se estrena casi cada año, por estas fechas de vacaciones escolares o durante las Navidades, un largometraje de animación de la productora Pixar Animation Studios, aunque cada proyecto supone desde su concepción el trabajo de muchas personas durante años, tanto por las dificultades técnicas del cine animado como por el cuidado en el desarrollo de todos los aspectos (guión, diseño de personajes y sus mundos, efectos), que es marca de la casa. El primer largo de Pixar (Toy Story) es justamente el único de la compañía que ha generado dos secuelas, la última de las cuales (Toy Story 3) acaba de llegar con sus 3-D a las pantallas españolas.  


El director (Lee Unkrich) y los autores de la historia (John Lasseter, Andrew Stanton y el propio Unkrich) señalan que se han planteado la película como el cierre de un arco argumental que abarca las dos anteriores, al estilo de El señor de los anillos o, con el debido respeto, El padrino. Para ello plantean la crisis definitiva para los juguetes de Andy. Como se va a la universidad, tiene que decidir qué hacer con sus antiguos compañeros: llevarlos con él, guardarlos en el trastero, donarlos a una guardería o tirarlos a la basura. Por una mezcla de azar y malentendido, acaban en la guardería Sunnyside, donde esperan volver a sentirse importantes y llevar una vida de juego en manos de otros niños. Pero con lo que no cuentan es con los impetuosos párvulos de la Sala Oruga ni con el dominio del mundo de los juguetes por un viejo oso de peluche despechado. 

La estructura de Toy Story 3 es similar a las anteriores (un prólogo vertiginoso en el mundo imaginado; un cambio que rompe la paz y la jerarquía de la gran familia que forman los juguetes de Andy; Woody demuestra sus recursos para interaccionar con el mundo real a pesar de su pequeño tamaño y su fragilidad y vence sucesivos obstáculos con la ayuda de sus amigos para que todo acabe en un final feliz). Se puede producir por ello una sensación de déjà vu (Woody es un poco cansino con tanto "yo ya pertenezco a Andy"), pero las imágenes están tan amorosa y detalladamente construidas (el tren del Oeste, la fuga de la guardería, el vertedero visto como el infierno) y el ritmo está tan bien alternado que de forma global prevalece el interés por el destino de esos viejos trozos de plástico con alma que ya conocemos (Buzz, Jessie, los Patata, Rex, o mis favoritos, los alienígenas de Pizza Planet). Hay muchos personajes nuevos (ese Bebé siniestro o ese Mono de los platillos) y chistes pensados para los padres, sobre todo a costa de Ken, y para los niños. La resolución es sensata y conmovedora porque muestra que, nos guste o no, nadie escapa a los efectos del paso del tiempo.

Me informan de que en el mes de agosto hacemos una pausa, así que hasta septiembre.


Grados de separación.
El lunes 26 falleció a los setenta y seis años el actor madrileño Antonio Gamero. Rostro muy conocido como secundario en el cine y la televisión (Jarabo, Todos a la cárcel, Así en la tierra como en el cielo). También era un asistente  habitual a los conciertos de jazz celebrados en Madrid y es además autor de una expresión perfecta para la época estival: "como fuera de casa, en ningún sitio."   


Comentarios
Fernando Couto
viernes 6 de agosto de 2010 a las 12:19 horas
Fe de error:
Ni que decir tiene que la película de José Luis Cuerda se llama 'Así en el cielo como en la tierra'.

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