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| De putas, gays, botellones y burkas |
| por Antonio R. Naranjo |
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| JUEVES 24 DE JUNIO DE 2010 A LAS 13:04 HORAS |
| Opinión > Política |
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Cuando en 1943 irrumpía en las librerías parisinas El ser y la nada, la primera gran obra filosófica de Sartre sobre la libertad humana, a escasos cientos de kilómetros las cámaras de gas de Auschwitz y Treblinka funcionaran a pleno rendimiento. El contraste entre los crueles hechos y las confortables opiniones resulta, con el paso del tiempo, inevitablemente irritante: teorizar sobre la libertad humana, un derecho que el francés considera que sólo se pierde cuando se deja arrebatar, en una Francia ocupada desde la que podía divisarse el humo de las chimeneas, oscila entre la frivolidad y el impudor si no se conoce un poco la indolencia intelectual que convivió y sucedió al Holocausto hasta mucho después de su culminación: las Reflexiones sobre la cuestión judía del pope existencialista confirman su insensibilidad o, en una versión menos comprensiva, su bochornoso desprecio hacia el mayor atentado contra la esencia de la civilización perpetrado en muchos siglos.
Esta teoría, desarrollada por Enzo Traverso en un imprescindible tratado para entender la connivencia -involuntaria a veces; premeditada otras- entre los intelectuales y las atrocidades titulado La Historia desgarrada, tiene una vigencia que escapa del tiempo, el momento y los acontecimientos impulsados en la Alemania nazi para transformarse en una foto fija de cualquier escenario y momento, incluyendo aquellos de evidente menor injundia.

Sin principios éticos sólidos es imposible afrontar con garantías cualquier debate, pero sólo con ellos es muy difícil resolverlos. El espacio de confort que genera agarrarse a una tesis sin atender su posibilidad real de materialización suele ser un autohomenaje cuyo único desenlace es calmar la conciencia propia, proyectar una imagen agradable de uno mismo y, de algún modo, aprovecharse del problema en cuestión para erigir un falso tótem personal al resguardo de las inclemencias externas.
Lo que Sartre hizo con Auschwitz -"es la imagen del hombre, ya inseparable de la cámara de gas", le replicó Bataille en un emocionante contrapeso-, de algún modo lo vemos cada día en tantos y tantos problemas que se resuelven desde el principio teórico desoyendo a continuación su efecto práctico. Como no estamos a la altura de tan eminentes escritores ni la vida nos entrega tan épicos escenarios para dar el do de pecho o hacer un gallo mayúsculo, habrá que intentar aplicar la máxima a escenarios más prosaicos y desde luego menos relevantes que, en todo caso, nos toca vivir: ya llegará un rector para asumir las emociones fuertes y arriesgadas de rememorar el duro Exilio sin dejar el pelo en la gatera que tal vez reclamaría entrar cuerpo a cuerpo en los dilemas del presente, pero ésa es otra historia.
- El botellón. Los jóvenes beben y el alcohol es una mercancía legal que puede comprarse libremente desde los 18 años. Aceptados ambos hechos, sólo cabe gestionar la situación. Hasta ahora ninguna ley restrictiva ha impedido ni evitado el consumo en la calle, impulsado por la evidencia para el consumidor de que sólo hay otra alternativa. Pagar más por lo mismo. La laxitud policial en la aplicación de la ley demuestra que ésta es, ante todo, una mera coartada para el político: no arregla ni regula nada, pero puede decir que lo ha hecho. Establecer 'botellódromos' saca del armario el objetivo problema del consumo desmedido de alcohol y visibiliza nuestras vergüenzas: pero también las regula, coordina y, en definitiva, integra en un espacio de convivencia donde unos descansan y otros disfrutan. Convertir el alcohol en el epicentro del ocio juvenil es una derrota; pero obviar que lo es sólo sirve para agravar algunos de sus efectos secundarios.
- El burka. La noticia no es que el Senado haya aprobado su prohibición, sino que la mitad de los senadores se hayan opuesto a hacerlo. La confusión en este asunto es superada, sólo, por la idiocia intelectual: presentar como respetable símbolo de una fe respetable lo que es una terrible manifestación de opresión de la mujer es un ejercicio de laxitud burguesa equivalente a considerar el antiguo cinturón de castidad como un complemento de la indumentaria femenina. La tolerancia mal entendida es peor que la intolerancia: lleva a respetar el exceso y el abuso como partes indispensables de la democracia, que en realidad lo es cuando es capaz de defenderse, cuando tiene igual de claro lo que impulsa que lo que impide.
- La prostitución. Algo complejo debe ser erradicar un viejo oficio con varios cientos de años a sus espaldas. Acabar de verdad con él es la única alternativa decente a su regulación: si no se logra, mirar para otro lado mientras se lanzan cánticos de condena sólo conduce a la clandestinidad y la agresión a las mujeres que la practican. Todos esos políticos que frecuentan comisiones, congresos y tertulias para pontificar al respecto y perseguir los anuncios por palabras de sexo debieran mirarse al espejo y responder con sinceridad si son capaces de abolir este fenómeno: si lo son, chapeau y a por ello. Pero si no, hagan el favor de cerrar la boca: de algún modo, ellos también viven de explotar una miseria que les supera.
- Gays y carrozas. Hay pocas cosas más tontas que oponerse a algo que da felicidad a alguien y no le quita nada al resto. La igualdad de derechos con independencia de la orientación sexual es un logro cualitativo que no depende del número de parejas que lo utilicen: las cosas aparentemente inútiles terminan por ser las más definitorias de la calidad intelectual de una sociedad. Obtenido el logro legal, queda la conquista social y educativa, en parte al menos. Esto es, la normalidad. Lleva tiempo, y precisamente por eso cabe preguntarse por la idoneidad de la fiesta del Orgullo Gay, que ya sólo es una verbena: el móvil lúdico es suficiente, pero resulta patético añadirle apellidos para legitimar una causa que sólo se entorpece ya por los excesos. Más que gays en carrozas, parecen gays carrozas: conviene decírselo, pues en el viaje de la inevitable y necesaria normalización lo mismo sobre anormalizar eslóganes para disfrutar de unas horas de juerga.
Traverso, en el libro inspirador de este artículo, sancionaba con elegancia la estupidez intelectual y señalaba el formidable dolor que causaba. Tal vez el viejo profesor podría escribir de nuevo, si la pereza no le venciera, de la miriada de banalidades aparentes que resolvemos con memez supina: lo más sencillo, al fin, suele ser lo más cierto. |
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| Comentarios |
| Alcalaíno |
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| lunes 28 de junio de 2010 a las 19:36 horas |
| Nunca se acabará el botellón, a ver si entra en la cabeza de la gente de una vez por todas. Todos sabemos que pagar por una copa lo mismo que te cuesta una botella es abusivo. El problema no es de las leyes (que no sirven para nada ya que el sistema no funciona), sino de los empresarios-propietarios. |
| Manolo |
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| lunes 28 de junio de 2010 a las 09:16 horas |
| ¡Cómo se te ve el plumero! Siempre con los tuyos¡¡¡ |
| decano |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 15:11 horas |
| Sr. Antonio que bien escribe usted. |
| sorprendido |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 12:44 horas |
| me sorprende su reacción a los comentarios sr. naranjo, he leido todos lo escrito en este hilo de mensajes y no creo que usted desde su posición, y más sabiendo se invita a la respuesta de sus comentarios, utilice esas palabras para responder de manera un poco chulesca y soberbia a sus lectores... creo que debería estar por encima de todo esto y no rebajarse a ese tipo de comentarios o creo que les estará dando de alguna manera algo de veracidad o validez sin tenerla, es simplemente una recomendación sin entrar a valorar lo que se expone en el artículo |
| Oscar MJ |
encastillao@hotmail.com |
| viernes 25 de junio de 2010 a las 12:34 horas |
Pues mire, si estoy de acuerdo en lo de las carrozas; lo ven mis padres y piensan q todos los gays son así; claro es estupendo para el turismo y la hostelería. Y las carrozas las pagaran las discotecas, pero siempre (siempre) sacan a los más frikis, los más llamativos y es carnaza de TV. y hay miles de personas gays que nadie (nadie) sabe por la calle lo que son porque son como cualquiera. chavales de barrio, padres, gente anónima...claro eso no es llamativo. Una cosa es ser invisible y sufrir por ello y otra cosa es crear frikismo. Sí, soy algo incorrecto hablando, pero que quieren q les diga, me gustan los chicos, las motos, el bricolage y los deportes. algo de autocrítica hay que tener.
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| Antonio R. Naranjo |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 11:47 horas |
Buenos días,
Pepito Grillo, no me ha entendido o no me he explicado bien. Intentaba decir que las carrozas en cuestión ya sólo tienen, felizmente, un sentido lúdico y que, tal vez, se dificulte algo la normalización de lo que obviamente es normal presentarlo como lo que ya no tiene que ser: esa lucha está ganada; la social y educativa lleva más tiempo y me pregunto si no la dificulta mantener como una 'lucha' lo que ya es una fiesta.
Al otro voceras, que lleva un par de días emborronando la web con insensateces, le responderé una vez y no más, a ver si así se muda de barrio y hace sus grafitis en alguna letrina a su altura.
Le supongo miembro del Consejo, y lo único que se me ocurre decirles es que deberían haberse disculpado ya con los universitarios y no lo han hecho: la fiesta se la han estropeado ustedes al intentar hacer algo que simplemente no pueden hacer. Una macrofiesta, la haga Agamenón o su porquero, debe cumplir unos requisitos legales, administrativos, de seguridad, de emergencias, de limpieza y de asistencia sanitaria imprescindibles para reunir a 3.000 personas con alcohol, música y diversión. No hay excepciones ni causas que justifiquen el incumplimiento de algo que impone la ley, el sentido común y la propia seguridad de los chavales. Háganlo bien, cumplan lo que todo el mundo debe cumplir y diviértanse todo lo que puedan: ése es el 'botellón' que, aunque no me guste, yo entiendo y defiendo.
Y por favor, dejen de decir mamarrachadas: desconozco quién es el gestor de la plaza de toros, no sean tan cutres con insidias de medio pelo y compórtense un poco como universitarios decentes. |
| Y aquí esta la prueba de esa defensa del botellón |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 11:31 horas |
“Por otro lado, conviene insitir en la tradición festiva de esta ciudad para que los promotores de esta macrofiesta entiendan algo elemental: nadie discute la celebración de eventos lúdicos para que la gente se divierta, si cumplen los requisitos básicos de seguridad, licencia, emergencias y todo aquello que permite asegurar la tranquilidad de los participantes en eventos multitudinarios. Los que han dejado sin fiesta a los estudiantes son sus representantes al haberse saltado el sentido común y al aprovecharse de la buena disposición de las instituciones, incluido este periódico, a defender y consolidar el auténtico espíritu universitario. Que no es, desde luego, el de saltarse las normas como han hecho con engaños o medias verdades. Reflexionen y corrijan y, suponemos, les será todo más sencillo."
¿Qué defiende esto, botellón SI o NO? Aquí se defiende el iros a la Plaza de Toros que después el Director del Diario pilla cacho. Por cierto la bebida NO era gratis como se quiere decir porque se pagaba con la entrada, eso sí, a los 1000 primeros adquirientes.
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| ¿Naranjo hablando del botellón? |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 11:29 horas |
Con respecto al Festival del Consejo de Estudiantes
¿Por qué no hablan los de la plaza de toros y nos cuenta el casposo de Escudero sobre el por qué en el Editorial del pasado martes NO se defiende el Botellón SI - BOTELLÓN NO y solo se preocupa en defender que la mejor ubicación para realizar esta Fiesta es en la Plaza de Toros? ¿Por qué esa defensa? ¿Qué pilla aquí nuestro amigo Naranjo?
¿No será por qué el Diario de Alcalá, a llamada de la gerencia de la Plaza de Toros, viendo que se le iba el negocio al garete, ha levantado la voz para intentar que la Fiesta fuera, sí o sí, a la Plaza de toros y, a cambio, pagarle unos anuncios de aquí a final de año al Diario?
Leed el Editorial del martes y entenderéis todo.
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| Pepito Grillo |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 11:25 horas |
Según la opinión del Sr. Naranjo sobre las carrozas, podrían ir quitando las de las ferias, o las procesiones de Semana Santa, o los desfiles de las Fuerzas Armadas, o tantas y tantas manifestaciones ludico-festivas que recorren la geografía española.
Si el señor Naranjo fuera hotelero u hostelero vería mermados sus ingresos si faltasen celebraciones de cualquier tipo. En fin, que nunca llueve a gusto de todos, pero es mejor mojarse que secarse. El agua es vida. |
| Recordatius |
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| viernes 25 de junio de 2010 a las 10:20 horas |
| Este país se ha forjado a golpe de vino y prostíbulos. Que nadie lo olvide. |
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[1-10] |
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