“Veo unas vacas en una cancha de fútbol
dos pasan rozando un palo
la tercera es gol.”
Claudio Bertoni. (Chile, 1946)
Un gol tonto…, lo recibe hasta el mejor de los porteros, con la defensa más temida, del equipo favorito. La vida en su caos permanente, a pesar de todas las previsiones y expectativas, nos sorprende con circunstancias imprevistas, tal vez por mal o no-miradas.
Ante lo mal visto, preferimos mirar para otra parte, aunque las realidades desfilen ante nuestros ojos a bombo y platillo, con paso machacón.
Un gol tonto se meten los sindicatos cuando se suponen líderes de las masas trabajadoras, con capacidad para movilizarla.
Al observar las movilizaciones por las pantallas, predominan los sindicalistas sobre las masas obreras. El grito desesperado en la voz, manifiesta la oquedad semántica de las palabras hoscas. Para grito ensordecedor, el del silencio del parado.
Las manifestaciones pueden ser interpretadas como un esparcirse por las calles el monstruo en el que se han convertido los sindicatos con sus luchas intestinas, por cotas de presencia y poder. Puede que haya trabajadores que cuando miren a los sindicatos los vean como un monstruo devorador de puestos de trabajo entre eres y pactos; sobre todo si son trabajadores en paro.
Goles tontos se ha metido el gobierno. Unos cuantos. Sería largo enumerarlos cuando están en la mente de todos. Ha mostrado poca inteligencia al suponernos tan ingenuos a los ciudadanos. Lo peor es que los ciudadanos confiamos en nuestros dirigentes.
Para emoción del largo partido, el espectáculo de la oposición eclipsa los goles tontos del gobierno… no se sabe ni a qué portería disparan sus negaciones imperativas. Mientras, el pueblo sufre en la grada individual del sillón de su casa desánimo, abandono, ansiedad, frustración y cansancio.
Goles tontos se mete el alumno que suspende y el profesor que no enseña.
Gol tonto el del profesional que defrauda.
Gol tonto el de la banca con todos los tiburones bajo el bajel que se encalla.
Gol tonto el de los campos semi abandonados y el campesinado aburrido, mientras avanzan los desiertos.
Gol absurdo el del sufrimiento al temor a perder los privilegios conquistados por méritos propios, a dentelladas frías o, simplemente, porque se pasaba por el lugar preciso en el momento oportuno, cuando casi se tienen garantizadas las necesidades primarias de por vida, a no ser que ocurra la hecatombe.
Como los desánimos y las angustias favorecen hecatombes, si aspiramos a seguir disfrutando del juego en el mundial, hemos de confiar en nuestra banda derecha, nuestra banda izquierda, nuestros centrales con su vanguardia creativa y que no nos falte una retaguardia ágil para pararlas todas, vengan de donde vengan.
Uno de la muga |