La Feria del Libro de Madrid
por José Manuel Lucía Megías

LUNES 7 DE JUNIO DE 2010 A LAS 11:56 HORAS
Opinión > Cultura
 
Bookmark and Share

El sol parece que no quiere dar tregua a la Feria del libro de Madrid. Como todos los años. Y como todos los años, tendremos también un día de lluvias, de paraguas intentando hacerse sitio entre las casetas y lectores calados en busca de sus autores preferidos. Hace calor en la caseta de Sial en la Feria del libro de Madrid. Y eso que en esta tarde tranquila estamos a la sombra, protegidos por los árboles del parque del Retiro.

Firmo ejemplares de mis libros de poemas acompañado de Alicia Villar, que ha publicado una excelente (y necesaria) historia de la literatura griega, que demuestra, una vez más, el abismo cultural que se han instalado en nuestra Europa, que sigue levantando fronteras culturales y sociales, a pesar de que las políticas y económicas parecen querer diluirse en el fracaso de la falta de ideas y de proyectos. Y aquí, estamos, en nuestra caseta de feria, sentados en nuestras sillas, con los libros delante de nosotros, en el escaparate literario más importante de España, el más popular, el más cercano.

Y aquí estamos, con nuestros carteles, nuestra sonrisa, nuestros bolígrafos ansiosos y los anuncios en megafonía que democratiza la feria, que pone a todos los autores en el mismo espacio de los segundos publicitarios, al margen de su editorial, de sus ventas, de su promoción y calidad. Y aquí estamos, viendo pasar a los lectores que, parece ser, este año pasean mucho más que compran. Y los vemos caminar tranquilos, detenerse ante los cantos de sirena de las portadas, de los títulos, de una pequeña señal que les despierta la curiosidad.

En ocasiones, nos miran sorprendidos, como si la foto se hubiera movido, como si ese nombre que se oye por los altavoces se hubiera convertido en carne por pura magia literaria. Y nos miran con una cierta sorpresa, y, en muchas ocasiones, curiosidad amistosa. Miran, sonríen, pasan sus manos y sus miradas por encima de las portadas de algunos de nuestros libros, y, en ocasiones, en algunas ocasiones, de dejan llevar por la curiosidad y toman uno de nuestros ejemplares, lo abren al azar por una página y comienzan a leer. Y entonces me siento como en el colegio cuando el profesor descubría algunos de mis textos y lo leía ahí, a mi lado, en una curiosa mezcla de examinador y de admirador, de curioso lector. Y el libro vuelve a su lugar y el lector sigue su camino. Sin comentarios. Quizás con alguna sonrisa. Como me sucedía como mi profesor de literatura cuando era niño.

Y sonrío, y me tomo otro sorbo de la coca-cola que nos han traído y me dedico a observar a los que pasan delante de la caseta, a los que se detienen, a los que miran y a los que siguen su camino sin haber levantado los ojos de las portadas, de los libros. Reconozco que me divierte estar en el otro lado del espejo, en ese otro espacio de las letras, en que se descubren todas las trampas, lo que se esconde debajo de las estanterías, detrás de las cajas, en la esquina inconfesable que todos intentamos olvidar, hacer invisible a los demás.

Me gustan las conversaciones banales en la Feria del libro, mezclando los comentarios de ascensor (¡qué calor, parece que ha llegado el verano de golpe! Este año nos hemos quedado sin primavera…) con las tesis eruditas de la última literatura, de las tendencias de la poesía… Me gusta aprovechar la primera hora de la tarde en la caseta de la Feria del libro para convertirme en lector privilegiado de las últimas novedades de la editorial… me gusta dejar pasear la mirada por los lomos de los libros y descubrir los nuevos títulos, y poder cogerlos y hojearlos, leer el principio de la novela, un verso al azar de un libro de poemas… me siento como el niño al que han dejado solo por unas horas en una tiendas de chucherías… todo lo puede tocar, coger, pero sin llegar a enfermar, a ponerse malo del ansia. Este año me dejo llevar por dos título: “De los Caballeros del Temple al Santo Grial” de Carlos Alvar y una antología de poesía erótica que ha realizado Pura Salcedo. Dos títulos que bien valen una vuelta por la feria del libro de Madrid.


Es lunes y las horas pasan lentas en el Retiro. O quizás un poco más rápidas de lo que uno esperaría porque las visitas se van espaciando y también los lectores. Sin darnos cuenta son las nueve y media y llega la hora de cerrar. Se guardan los bolígrafos, los libros se disponen en sus estanterías, se arrancan los carteles y se sustituyen por otros autores que vendrán a firmar mañana y salimos todos juntos de la caseta.

Se acabó el cuento de hadas. El panorama es un poco desolador… pocos lectores que se demoran en las escasas casetas abiertas, el guardia jurado comprobando la tranquilidad del momento y el recuperar el espacio cotidiano después de haber pasado unas horas metido en el espejo de la literatura, ese que convierte la caseta de la Feria del Libro en una jaula de letras y de versos, de palabras y de pensamientos, en las que los autores damos vueltas y vueltas, vueltas y vueltas ante la mirada sorprendida y curiosa de los lectores, esos que dejarán parte de su vida en las páginas de los libros que un día soñamos escribir, esas que un día fuimos capaces de hacer.


Comentarios

ENVÍA TU OPINIÓN
 
Nombre y Apellidos Correo Electrónico (*) Clave Publicación (*)
Comentario:

Imagen de Verificación:
Escriba el Código:

* Campos Opcionales
 

OPINIONES de José Manuel Lucía Megías

La guerra civil, ¿cómo pudo ocurrir? (21/mayo/2012)
José Luis Sampedro y el HLD (13/mayo/2012)
Objetivamente hablando ( 9/mayo/2012)
Berlín (y 2) (28/abril/2012)
Y la Iglesia volvió a hablar (16/abril/2012)
Berlín ( 3/abril/2012)
Gobernar con eslóganes (14/marzo/2012)
Joyas dentro de una joya ( 5/marzo/2012)
Centro de Estudios Cervantinos: 20 años (20/febrero/2012)
La transición de la Justicia, ¿una asignatura pendiente? (14/febrero/2012)