Psicodelia
por Juan Antonio Moreno

JUEVES 3 DE JUNIO DE 2010 A LAS 11:56 HORAS
Opinión > Cultura
 
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En Marcos de reclusión, el Museo Reina Sofía se adentra en la leyenda del arte psicótico del mexicano Martín Ramírez (1895-1963), lanzando una mirada introspectiva hacia una obra misteriosa que brota de la mente un tanto desquiciada de un jornalero sin estudios.
Esta muestra, en la que se exhiben 60 piezas, permite vislumbrar el entorno, un tanto enigmático, en el que fueron concebidas, así como desclasificar un imaginario que ha sido identificado como arte marginal, art brut o pintura de enfermos mentales.


Con unos recursos bastante pobres y con materiales que casi no lo son, este sorprendente pintor compone durante sus quince años de internamiento en el Hospital Estatal de Witt, en Auburn (California), un conjunto de dibujos que se distinguen por una calidad que impresiona. 


Martín Ramírez sabe dominar a la perfección los elementos que tiene a su alcance. Diagnosticado de trastorno maníaco depresivo, sordomudez y esquizofrenia catatónica, realiza a lo largo de toda su vida unas 450 ilustraciones, siempre encerrado en su propio mundo, recreando vivencias de sus compañeros de reclusión hospitalaria.
Sus intrigantes y poderosos dibujos reciben la influencia de la cultura mexicana y, sobre todo, del conocimiento popular americano, donde tuvo que labrarse su porvenir, trabajando en destinos en los que se precisaba la fuerza física, como las minas o el ferrocarril: todo ello, dejará una profunda huella en su carácter y, claro está, en su creación.


En los años 20, Ramírez tiene la fortuna de que algunos artistas vanguardistas como Max Ernst y Paul Klee comienzan a valorar el arte de los locos. Admiran la desinhibición y pureza creativa de unas obras absolutamente transgresoras, producto de una imaginación muy especial que alcanza su definición en un proceso que se ha mitificado muy a menudo.


El artista mexicano no tuvo ocasión de explicar su trabajo, de ahí la dificultad para evaluar coherentemente su trayectoria. No obstante, la audacia de su compromiso artístico, así como la fuerza expresiva de sus pinturas avalan la calidad de este outsider americano, según le define Brooke Anderson, comisaria de la exposición y directora del Centro Contemporáneo del Folk Art Museum de Nueva York. Un hombre que absorbe las posibilidades técnicas de su entorno, fabricando sus propios materiales y vomitando al mundo un conglomerado pictórico de una radicalidad absoluta.


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