Cada vez un mayor número de ciudadan@s lo consumen. Y eso a pesar de que su precio es sensiblemente mayor. Hablamos de los denominados complementos alimenticios. O de los alimentos funcionales. Se trata de alimentos que son elaborados no sólo por sus características nutricionales sino también para cumplir una función específica, como por ejemplo, mejorar la salud o reducir el riesgo de contraer enfermedades.
Para ello se les agregan componentes biológicamen- te activos, como minerales, vitaminas, ácidos grasos, fibra alimenticia o antioxidantes. Por lo demás, este tipo de productos van acompañados de campañas de televisión muy agresivas. Seguro que a muchos les suena este mensaje: “reduce el colesterol", o “ayuda a reducir la grasa corporal" o “ayuda a combatir la tensión arterial".
El mundo de los alimentos funcionales o complementos alimenticios está formado por un conjunto de productos que van desde los dietéticos, pasando por las plantas y los laxantes, los adelgazantes, etc. Muchos de ellos han sido calificados, y no sin razón, de “productos milagro".
Su éxito está basado en la creciente preocupación de muchos ciudadanos por la salud, y la identificación –o la confusión– que a veces se suele establecer con los paradigmas estéticos que impone el mercado o la industria (delgadez extrema, hábitos alimenticios pretendidamente sanos, etc.)
Pero al margen de los gustos o tendencias de cada cual, ¿cumplen estos productos con lo que dice la publicidad? ¿Se pierde realmente peso si se consumen o, como dicen la gran mayoría de los expertos, detrás de todas estas promesas no hay nada?
Pondremos, dentro de los límites de espacio que nos permite este artículo, un ejemplo tan sólo a modo de análisis. Se trata de una de las muchas fórmulas de leches fermentadas que se comercializan en el mercado a través de distintas marcas.
Por lo general, el producto suele prometer una larga lista de alegaciones nutricionales entre las que se encuentran la regulación del tracto intestinal en caso de diarrea, mejor digestión y menos intolerancia, además de resaltar las propiedades nutritivas de la leche fermentada, rica en proteínas, vitaminas y minerales.
Pues bien, el análisis que la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos ha hecho de estos productos, concluye que efectiva- mente éste “participa en el fortalecimiento de las defensas naturales del organismo", pero no ayuda a reforzar la barrera intestinal, ni ayuda en la regulación del sistema inmune, ni contribuye a que el cuerpo sea más resistente, y así hasta nueve negaciones más.
¿Es acaso el producto malo para la salud? No, pero tampoco cumple ninguna de las funciones que promete la publicidad. Tan sólo “participa" en el fortalecimiento de las defensas naturales del organismo.
Y si además deja de consumirse, los efectos ya señalados terminan en ese mismo instante, pues las bacterias que producen el beneficio ya mencionado no colonizan el intestino. Es decir, estamos hablando de un alimento que tiene prácticamente los ingredientes de un yogur normal. Lo que no es normal es el precio, sensiblemente mayor. |