La fractura
por Uno de la Redacción

LUNES 17 DE MAYO DE 2010 A LAS 09:59 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

Mientras se habla sin parar de la fractura social de las medidas económicas del gobierno de España, conviene concluir que eso es una cosa que se pasa, que igual que llega se va. Los asuntos económicos de una parte de la geografía del mundo que se llama Occidente son asuntos transitorios, que se van drenando y digiriendo. España está enmarcada en lo que geográficamente se comprende como Occidente. Bien. Pero hay otro problema que vincula clarísimamente la fractura en medio del alma de los pueblos. Y se llama sentimiento. España se ha constituido en un sentimiento, amén de categorías más tangibles. Y Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional, se ha constituido en un problema nacional, amén de categorías más tangibles, más concretas.

 

El juez Garzón ha sido suspendido en sus funciones. Sus funciones son, como podría decir un tipo al que llamaban Perogrullo, las de juez. Y este juez, Garzón, quiso enjuiciar los actos que habían sido protagonizados por los personajes pertenecientes al franquismo que habían terminado con resultado de muerte de vencidos en la guerra civil, es decir, terminada la guerra civil, y, al parecer, amnistiados por la Ley de Aministía, valga la redundancia, de 1977. Por seguir bajo la pauta del entendimiento: terminada la guerra civil, los vencedores exterminaban cuantas veces podían a los vencidos. Y una vez muerto el general Franco, en 1975, para que el movimiento continuase, se perdonó por ley a aquellos que perpetraron acciones contra la vida de seres humanos.

 

Es decir, que todos aquellos que participaron, por activa o por pasiva, en aquellas acciones, muertos biológicamente, quedan para siempre con la etiqueta de impunes. Y los que participaron, en tiempos de guerra civil, en acciones violentas o delictivas, quedan como delincuentes históricos con el agravante de hijo de puta visceral para toda su vida. Naturalmente, aquella ley de amnistía, si así fue concebida, es revisable en sus justos términos. Pero la sociedad española, al parecer, no está preparada para tamaña empresa. La judicatura, sin  el “al parecer", no está preparada. Garzón ha sido apartado de la carrera judicial porque está imputado en causas distintas.

 

Si después de la imputación, penetrada de politizaciones sin cuento, este juez es absuelto,  la sociedad española seguirá desarrollándose, pero con limitaciones de movimiento muy considerables. Se podrá seguir, pero la fractura está servida. No se puede atentar contra la memoria. La memoria es inatacable. En cuanto puede, se abre camino. Garzón siempre, tras esta actuación, será un héroe de la libertad. Quienes impidan esta celebración, serán considerados contrarios a esa proclamación. El olvido de la guerra no se puede decretar.


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