En 2007 Miguel Ángel Villena publicó en la editorial Debate, Victoria Kent, una pasión republicana. Biografía que el autor dedicaba a la memoria de su abuela Teodora, “...que me mostró el coraje de las mujeres republicanas y me habló por primera vez de Victoria Kent". El libro, escrito desde la imparcialidad y sabiamente documentado, lograba transmitir al lector la personalidad de una mujer ninguneada en su tiempo y lógicamente olvidada en nuestros días. Aquella malagueña, que consiguió licenciarse en Derecho y alcanzar, por primera vez, un cargo público de enorme trascendencia. Alcalá Zamora, presidente de la Segunda República, la nombró Directora General de Prisiones, responsabilidad que mantuvo durante casi dos años, hasta que las maniobras de acoso y derribo, entre las mismas filas republicanas, lograron hacerla dimitir. Fue diputada en dos ocasiones y secretaria de la embajada española en París en 1937, desde donde se encargó de evacuar a niños de las zonas republicanas ocupadas por Franco. Después de la guerra intentó huir a México, sin conseguirlo, tras ser incluida en las listas que las autoridades franquistas facilitaron a la Gestapo para su busca y captura, junto a los nombres de Companys, Azaña y Zugazagoitia entre otros.
Los valores que defendió Manuel Azaña Miguel Ángel Villena ha dedicado su último libro: “A la memoria de mis padres y de mis abuelos que me enseñaron los valores que defendió Manuel Azaña". La editorial Península acaba de publicar Ciudadano Azaña. Un texto en el que el autor ha trabajado a lo largo de los últimos tres años, ante un reto aún mayor que cuando abordó la biografía de Victoria Kent. En esta ocasión las circunstancias eran las contrarias; no se trataba de perfilar el “retrato de un desconocido", sino más bien de sintetizar la figura de uno de los personajes más vilipendiados y peor entendidos de nuestra historia contemporánea. Desde que en 1966, Juan Marichal prologase en México sus Obras Completas, durante todo el tardofranquismo hasta nuestros días, se ha ido acumulando una amplísima e importante bibliografía que se iniciaba en nuestro país con el meritorio estudio de Emiliano Aguado en 1972 y parecía cerrarse definitivamente, hace unos meses, con la abrumadora nueva edición de las Obras Completas realizada por Santos Juliá, que también nos ha aportado una nueva biografía de Azaña que se suma a las de José María Marco, Ángeles Egido, Jesús Ferrer Solá, Manuel Muela o José Peña González, entre otros. Por tanto el esfuerzo de Miguel Ángel parecía innecesario, sin embargo desde un primer momento el autor confesó que su proyecto era distinto, que sobre todo trataría de realizar una obra didáctica, divulgativa, con una pretensión fundamental: hacer llegar la figura de Azaña al gran público. Al menos los dos primeros principios los ha conseguido; su libro es sobre todo, un sencillo y clarificador manual de iniciación al personaje. Ahora queda lo más complejo, la recepción de ese posible lector que esté interesado en despejar la totalidad de los tópicos arrojados sobre una de las figuras políticas e intelectuales más importantes del pasado siglo.
De Alcalá a Montauban En compañía de su mujer, Miguel Ángel Villena realizó dos viajes iniciáticos para tratar de construir el andamiaje esencial de su proyecto. Principio y fin del biografiado. En primer lugar su ciudad natal, Alcalá de Henares, que le dejaría hondamente defraudado, al observarla mas bien volcada en una artificial memoria a Miguel de Cervantes, pero poco entusiastas sus paisanos ante el único intelectual de peso que han conocido en los últimos siglos. Una inhóspita plaza de extrarradio coronada por una horrorosa estatua y la constantemente agredida placa de su casa natal son apenas las huellas de identidad. El cementerio de Montauban en una ventosa y desapacible tarde de marzo y la sencillez de aquella lápida en un país extranjero le evocó a Miguel Ángel la estela de valores que les habían transmitido sus abuelos y sus padres y fue entonces cuando prometió –lo confiesa en las últimas páginas de su libro– que a lo largo de su vida haría todo lo posible para que no se perdiera la huella de aquel presidente de la República.
Su faceta humana, la más desconocida Se trata de una biografía perfectamente documentada pero nada farragosa. Su autor ha prescindido de notas a pie de página e índices onomásticos, tan sólo respaldada por una somera pero imprescindible bibliografía. Un minucioso recorrido por la vida y la obra del autor de El jardín de los frailes, en todo momento situado en su tiempo, del que Villena va dando cuenta de los acontecimientos históricos más significativos. Tal vez los más novedoso de este nuevo empeño biográfico sea el tratar de mostrar el aspecto más desconocido del personaje, la faceta humana de aquel monstruo con verrugas, oruga repulsiva de la España roja como lo tildaba la furia de la derecha más reaccionaria. Con sabia intuición, el autor recurre constantemente a dos de los testimonios más fiables sobre Azaña, al libro de su cuñado Cipriano Rivas Cherif, Retrato de un desconocido y a las Memorias de su secretario, Santos Martínez Saura. También resulta emblemático el testimonio de Indalecio Prieto en una entrevista realizada por el periodista argentino Pablo Suero, del que Villena recoge un fragmento en sus páginas: “El señor Azaña, como todos los hombres públicos, tiene una leyenda que no está de acuerdo con la realidad. Del señor Azaña se dice que es duro, rígido, violento, inexorable y hasta cruel. Es exactamente lo contrario. Tanto que la máscara de brusquedad del señor Azaña es la pantalla con que disimula un temperamento de hombre débil y bondadoso". Se lamenta Miguel Ángel Villena de que muchos españoles cultos de hoy en día no conozcan el inmenso legado democrático de Manuel Azaña y que el sistema político y educativo ha permitido que su figura permanezca en la sombra. Él sí que ha conseguido con este libro lo que se prometió asimismo ante la tumba de Montauban.
La recomendación: La velada de Benicarló Una vez más resulta imprescindible recomendar La velada en Benicarló. Villena defiende que debería ser lectura obligatoria entre los estudiantes de secundaria. Este relato dialogado sobre la guerra de España, fue adaptado por José A. Gabriel y Galán para el teatro y dirigido magistralmente por José Luis Gómez en 1980. La primera edición en España la realizó Manuel Aragón en 1974 y recientemente la editorial Castalia la ha vuelto a reeditar con aquella clarificadora introducción del que es hoy miembro del Tribunal Constitucional. |