Opiniones multiusos
por Uno de la Redacción

VIERNES 16 DE ABRIL DE 2010 A LAS 19:20 HORAS
Opinión > Política
 
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ALONSO GUERRERO


Hemos presenciado esta semana cómo los sindicatos se afanan contra la rebaja del precio del despido, y pregonan su defensa inusitada y estrafalaria de Garzón, compañero del metal. Teniendo en cuenta que la verdadera izquierda ha desaparecido, las izquierdas virtuales se anuncian como jueguecitos sin los píxeles suficientes para que podamos disfrutar con ellas. No hay nada por lo que luchar, porque el patrón es también de izquierdas, así que los sindicatos luchan contra la amnesia. Se puede seguir siendo sindicalista teniendo fe en los principios programáticos, igual que el burro tiene fe en la zanahoria. Es como creer que la Coca-Cola es la chispa de la vida. Magistrados, sindicalistas, los pijos-maquis de siempre, con permiso del Tierno Galván reservista de la Universidad Complutense, se dan cita para proclamar que nadie lleva razón, menos Garzón.


El izquierdismo, que no la izquierda, se rige aquí por sus principios más sórdidos: los del hormiguero. Si hay que tapar grietas, todo el mundo se pone manos a la obra, aunque sean las troneras del respiradero. El que menos importa es Garzón. Garzón padece uno de los grandes defectos de cualquier jurista: creer que la justicia es suya. Ahora, acosado por los carcas, falangistas, derechorras y demás genocidas sinestésicos, dirige el coro de un proletariado multiusos que carga contra los que quieren encausarlo, sus mismos colegas.


Todo está politizado, por tanto toda pugna, todo enfrentamiento, sea en el plano jurídico o institucional, es político. En España hay demasiada política vacía. Eso nos lleva a sufrir unas sinergias que ya parecen de vodevil.  Durante los últimos veinte años se han puesto en marcha programas tipo Gattaca para acabar con la cultura, y ahora estamos presenciando, con la apatía de televidentes, cómo los sindicatos verticales, los más incultos de nuestra historia, sacan las escopetas de los armeros y salen a la calle en plan Puerto Urraco. Un sindicato sólo debería presumir de sus afiliados, pero los afiliados están empezando a ejercer de partisanos. “Ahí enfrente se vende a la gente", rezan muchas pintadas frente a las llamadas casas del pueblo. Ellos sabrán por qué lo dicen.


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