ANTONIO CAMPUZANO
La pasión según las sagradas y judiciales escrituras se ha adelantado una semana y la ha padecido Baltasar Garzón. Entre tribunales varios, Superior de Justicia y Supremo, depende el asunto, de Herodes a Pilatos por ser la Semana Santa la que es, Garzón, referencia de integridad moral en el extranjero mucho más que en la península, está amenazado de muerte profesional, que para él sería no instruir estos temas que tienen que ver con el franquismo, ese gran tabú sobre el que hay que pasar de puntillas para no herir la susceptibilidad del pueblo español, y con la corrupción en el PP, ese otro asunto talismán, sobre el que parece que hay que remontar artificialemente en bien de la convivencia.
O sea que Francisco Franco sigue pagando, treinta y cinco años después de su muerte, la iguala a sus abogados, que no son otros que los representantes de Manos Limpias y Falange. Garzón, la mayor amenaza judicial contra la figura histórica de Franco, pierde su batalla profesional ante los jueces de la democracia.
Es decir, que la fase de maduración final del sistema democrático no se ha podido terminar porque el poder judicial ha rechinado en su última vuelta de circuito de la transición. Un posible error ha sido transformado en delito de prevaricación par apartar a Garzón de la onda judicial. Todo eso es motivo para que los fascistas, los nostálgicos, y lo que se quiera connotado con el franquismo, enseñe dientes y muelas en las carcajadas, pero no es menos cierto que la democracia española a partir de esta particular semana de pasión es más imperfecta de lo que lo era. Ni tan siquiera los sistemas políticos del Cono Sur se han demostrado más alérgicos a la depuración de sus propios monstruos y pendencia políticas.
E íntimamente conectado con ello, el contencioso de Gürtel, donde la instrucción de Garzón también ha sido boicoteada y de este modo poder ser utilizada por los imputados de la red de corrupción del PP para la salvación eterna de sus almas amenazadas al mismo tiempo que lo eran sus libertades y sus regímenes carcelarios. Menos mal que los noticiarios de naturaleza judicial han sido en ocasiones sustituidos por el reccurrente tema de ETA y las negociaciones, hasta el momento inventadas por Jaime Mayor Oreja, el campeón de la “certeza moral".
Él tiene certeza moral de la existencia de conversaciones con ETA y, según él, al Gobierno le corresponde demostrar que no es así si no quiere ser acusado. O sea, lo que se conoce como cinismo en su versión más cercana, la de este siglo, la de una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo. Nada que ver con la antigüedad, en la que se asociaba al cínico con el perro, por su sencillez y desfachatez en su diario desarrollo. |