Tom Sttopard nació en Checoslovaquia en 1937. Su origen judío obligó a la familia a huir de Europa a la India. Su padre acabaría muriendo en un campo de concentración japonés y su madre se casaría de nuevo con un oficial de la armada británica que dio apellido y nueva nacionalidad al que años más tarde –junto a John Osborne y Harold Pinter– se convertiría en unos de los dramaturgos ingleses contemporáneos más sobresalientes. En nuestro país, de modo lamentable, hasta anteayer, ha pasado como autor de una sola obra, porque sólo estaba traducida al castellano Rosencrantz y Guildenstern han muerto, que se publicó allá por los años setenta en la mítica colección de teatro de Cuadernos para el diálogo. Los más avispados y sobre todo los cinéfilos saben que Stoppard es además el autor del guión premiado con un Oscar en 1998, Shakespeare in love, y de otros muchos no menos importantes como Brazil, La casa Rusia o El Imperio del Sol.
El año Stoppard Durante esta temporada teatral, Stoppard ha irrumpido de pronto en cuerpo y obra, para regocijo y asombro de todos aquellos que desconocíamos la práctica totalidad de su dramaturgia. Dos de sus obras han subido a nuestros escenarios. Se han llevado a cabo lecturas dramatizadas de algunas de sus piezas radiofónicas. En Barcelona se le ha concedido el Premio Terenci Moix y en Madrid ha asistido a la presentación de su trilogía La costa de Utopía, publicada en castellano por el Centro Dramático Nacional. Hasta hace unos días se ha estado representando en el Teatro María Guerrero, Realidad, bajo la dirección de Natalia Menéndez y el Teatro Español en las Naves del Matadero ha presentado la producción del Teatre Lliure, Rock'n'Roll, con dirección de Àlex Rigola, galardonada con el Premio de la Crítica.
Rock’n’Roll La obra se desarrolla entre Checoslovaquia y Cambridge, desde el final de la abortada Primavera de Praga hasta la esperanzadora caída del muro de Berlín. Los protagonistas: un profesor de filosofía que a pesar de la entrada de los tanques rusos en las calles de Praga sigue creyendo en el socialismo con rostro humano y su alumno, un joven checo, fanático del rock que decide volver a su país para tratar de entender por qué un ilusionado proceso de libertad ha derivado en represión. En Praga, tras la caída de Dubcek, sufre continuos interrogatorios y cacheos y ve destrozada por la policía su preciada colección de vinilos. Forzado por las autoridades a dejar sus estudios, tendrá que trabajar durante años en una panadería. A su grupo preferido, ‘Gente Plástica del Universo’, se le prohíbe cantar en inglés y todos sus miembros, que siempre desearon mantenerse al margen de la política, terminarán en la cárcel.
La Praga de Gustav Husak Quien tuviese la oportunidad de visitar Praga, tras la retirada de los tanques del Pacto de Varsovia, entenderá mejor lo que Stoppard ha tratado de explicarnos en esta obra tan compleja y ambiciosa. En el verano del 71 recorrí Checoslovaquia con dos amigos alcalaínos y precisamente en la Plaza de San Wenceslas, símbolo de una esperanza abortada, sufrimos un incidente absurdo y estúpido que estuvo a punto de llevarnos a las cárceles de Gustav Husak. El joven Jan, coprotagonista de esta función, resistirá los años duros de aquella Checoslovaquia que pronto quedó olvidada por los países de democracias consolidadas. Seguirá oyendo en la clandestinidad a los Rollings, Velvet Underground, Sgt. Pepper’s y sobre todo a Pink Floyd y también a su querida banda local, que realmente existió y terminó exiliada en Londres. Asistirá a los heroicos esfuerzos de los disidentes por recuperar la brisa de una Primavera ya tan lejana y será testigo de cómo la Carta 77 producirá sus efectos cuando, al final, el dramaturgo Vàclav Havel, líder del grupo opositor, acabe elegido Presidente de la República, tras la caída del Muro.
Syd Barret, el vocalista de Pink Floyd Pasados los años, Jan regresa a Cambridge, a reencontrarse con su profesor de filosofía, ya mayor y viudo, todavía aferrado a su fe marxista a pesar de las sacudidas de los acontecimientos; sumido en esa complacencia izquierdista que aún es incapaz de reaccionar ante las palpables equivocaciones e injusticias del sistema. Rock'n'Roll está compuesto con otra serie de personajes, magníficamente perfilados, como la mujer del viejo profesor que en la primera parte de la obra, enferma de un cáncer terminal, reivindica algo tan elemental como la vida, a secas. Es en la segunda parte de la función cuando aparece, como un simbolo que se cita y se admira, la figura de Syd Barret, el que fuera guitarra rítmico, vocalista y líder de Pink Floyd a finales de los sesenta, hasta que el abuso del LSD le llevó a un viaje sin retorno. Obligado a abandonar la banda, trató de rehacer su carrera en solitario, pero terminó aquejado de una enfermedad mental, recluido en casa de sus padres, precisamente en Cambridge, su ciudad natal, donde murió en 2006. Afirma Stoppard que su pasión por la música le llevó a querer escribir una obra sobre Barret que nunca empezó, pero que una fotografía del que fuera brillante músico, con 55 años, montado en bicicleta, con guantes y bufanda, como dirigiéndose hacia la nada, le llevó a querer enredarlo en esta obra que habla en parte del comunismo, en parte del conocimiento, un poco de Safo y sobre todo de Checoslovaquia entre 1968 y 1990. Lástima que las funciones de Rock'n'Roll hayan finalizado, porque escrita por un autor lejos de toda sospecha, hubiese sido altamente recomendable en estos días para todos aquellos que reivindican libertades, pero parcelando territorios, no queriendo mirar hacia donde no les conviene y tratando de justificar lo injustificable.
La recomendación: Milan Kundera A la espera de que el texto de Rock’n’Roll se publique en castellano, puede resultar conveniente regresar al escritor checo Milan Kundera para conocer algo más sobre el dificultoso camino de Checoslovaquia hacia la libertad. Al margen de La insoportable levedad del ser, sugiero su novela anterior La broma, escrita en 1967 que fue considerada en Praga por aquellos días como la Biblia de la contrarrevolución. Una broma mal comprendida se extravía en un mundo que ha perdido el sentido del humor y lleva a Ludvik, su protagonista, a su peor destino, a caer en las garras de un estado policial. |