El vendedor
por Uno de la Redacción

LUNES 22 DE MARZO DE 2010 A LAS 19:04 HORAS
Opinión > Política
 
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JOSÉ L. ENRÍQUEZ


Cuando acaban las Fallas siempre siento la misma añoranza de las fiestas del pueblo. No me las perdía ni un sólo año. Deseaba que nunca se acabaran. Pero el fuego que consume las Fallas de la misma manera que un temporal dobla los tendidos eléctricos en Cataluña siempre se apaga.

 

La cosa es que las fiestas del pueblo marcaban el final y el principio de mi adolescencia, de un nuevo curso y otros mundos hacia los que mirar. La noche final siempre me quedaba un buen rato con los amigos de la pandilla deambulando por el parque cuando la última nota de la orquesta de turno dejaba de oírse. Así todos los años. Recuerdo una vez en la que en estas fiestas una de las atracciones era un vendedor de historias. No predecía el futuro, tampoco echaba las cartas ni miraba en bolas de cristal. Carecía de don alguno, simplemente era capaz de montar una coartada o inventar historias para salir de cualquier apuro con la cabeza bien alta. Uno de mis colegas fue el que le descubrió.

 

El vendedor de historias montaba su chiringo entre el salón de tiro y los coches de choque. Con su caravana iba de feria en feria vendiendo historias, arreglando la vida de los demás, por unas pesetillas. A mi amigo le solucionó la papeleta por un desliz amoroso. Vamos, que la novia le vio con otro y le plantó. Pero el vendedor de historias consiguió que las cosas parecieran distintas y confeccionó la coartada perfecta. Ambos arreglaron su amor de verano. Un amor que duró eso, unas cartas y lo que tarda en llegar el otoño.

 

En mi caso acudí a él porque quería comprarle excusas variadas. La que más me interesaba era conseguir saltarme las clases los viernes por la tarde. Seguí sus indicaciones y la cosa funcionó hasta el punto de que pude ver la película Quadrophenia en el extinto cine Covadonga, el Covacha, tantos viernes por la tarde como quise. El vendedor de historias era un hombre de pocas palabras. Iba al grano. Apuntaba en una libreta lo que le solicitaba, pensaba un rato y luego decía lo que tenía que hacer.

 

Un día me aclaró que sólo vendía historias que solucionaban problemas, no contaba historias, “eso era para otros”. Cada año le compraba alguna, hasta que un día no volvió a aparecer más por el pueblo. Desde entonces pregunto a los feriantes y a la gente si saben algo de aquel hombre. Todos me cuentan muchas historias, algunas descabelladas, pero a la hora de la verdad nadie sabe dónde dejó su caravana. Sólo me cuentan historias, igual que ahora.


Comentarios
pater
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 13:03 horas
El concierto de The Smiths fue en el Paseo de Camoes, lugar de eventos parecidos en aquellos años.
pater
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 13:01 horas
No te falta razón con Morrisey de The Smiths, excelente voz y sonido envolvente el suyo, también creadores de escuela. Únicamente los ví en una ocasión en directo. A pesar de ser más de conciertos en salas pequeñas y no de macroconciertos, he de comentarte que el concierto más apoteósico de mi vida fue el que nos ofrecieron en Madrid con ocasión de un 2 de Mayo, creo recordar, de uno de aquellos fabulosos años de principio de los 80s. En dos palabras, como el chiste, Im presionante, 250.000 almas, según comentaron, bailando hasta la extenuación en un éxtasis colectivo, puedo dar fe de ello, que guai, estábamos rodeados de chatis por los cuatro puntos cardinales. Un pasote gordísimo.
Con un par de buenos amigos que aun me quedan, de vez en cuando, nos atrevemos a la nocturna aventura musical, hace un par de años vimos en la sala Heineken en Princesa un extraordinario concierto de Echo and the Bunnymen, que todavía tocan, como si el tiempo no hubiese transcurrido. Con algunos añitos a cuesta ya, no nos sorprendimos a nosotros mismos bailando sus canciones aquellas que cientos de veces hemos escuchado, y claro, ahorrando, apretándonos unos litros de cerveza como en los viejos y siempre añorados tiempos.
Lo dejo porque comienzo a babear. Un saludo.
José L. Enríquez
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 12:20 horas
De acuerdo. Lo único que añadiría a Morrisey. The Smiths marca una separación de fases en mi vida.

Por cierto, ya que hablas de Ian Curtis me imagino que no te perderías esas '24 hour party people', de Michael Winterbottom. Buff, ¡qué duro es hacerse mayor!!
pater
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 11:51 horas
Leída tu respuesta Enríquez, me he introducido en el universo Tu Tubo, y acabo de descubrir y embutirme el impresionante Thats Entertainment en una versión acústica del Sr Weller junto a Noel Gallager de Oasis. Te la recomiendo, prefiero la versión clásica de The Jam pero para serte sincero creo que no la desmerece.
En aquellos impresionantes años final de los 70 y principios de los 80 repletos de sonidos y diferentes corrientes musicales hubo enormes figuras de la música entre las que sobresalieron sobremanera, en mi modesta opinión; Paul Weller de The Jam en la Pop, Ian McCullock de Echo and the Bunnymen en la nueva psicodelia heredera de The Doors y Ian Curtis cantante de los efímeros Joy Division que con un sonido ecléctico y muy innovador revolucionaron el panorama, dando a su muerte lugar a los excelentes New Order formación precursora de los sonidos más electrónicos del pop. Sin olvidarnos claro está de Mark Burguess de The Chameleons con su pop más grueso y poderoso derivados de los postreros coletazos punk, impresionante su canción Second Skin.
Estos cuatro han sido grandes pilares precursores de corrientes musicales posteriores que con algunas variaciones fueron apareciendo y se emborracharon de sus ricas fragancias. No sé si compartirás la opinión.
José L. Enríquez
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 10:32 horas
Bufff!!! Qué tiempos aquellos aquellos. Rubi me tenía loco, por cierto. En fin, entre Quadrophenia y The kids are alright veía las cosas de otra manera. Me las tragué unas cuantas veces en un solo curso. Paul Weller sigue siendo un ídolo y My Generation es todo un himno generacional. Su aventura en The Style Council me entusiasmó y el hombre sigue en marcha con nuevos proyectos. Es un icono que ya ha superado eso que llamaron brit pop. En fin, voy a dejarlo aquí porque me pongo nostálgico cuando me acuerdo de aquellos conciertos de Los Elegantes y su cantante (Juanma, creo que se llamaba)... Los ví unas cuantas veces.
AES ALCALA aesalcala@hotmail.com
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 00:10 horas
www.aesalcala.es
pater
martes 23 de marzo de 2010 a las 21:26 horas
También servidor Quadrophenia se la trago en aquellos días del orden de cuatro o cinco veces en casi dos semanas que por aquí anduvo en cartelera, a las primeras sesiones acudí acompañado, a las últimas fuí solateras, encontrándome repetidamente en la sala del Cine Benidorm, en Alcalá, con algunos enormes chavales que más tarde en años posteriores me encontraría por los Madriles en algunos conciertos de música de aquellos tiempos de Nacha, de Mamá, de Los Elegantes o de Rubi y los Casinos. Para su información de diré Enriquez, que de vez en cuando todavía escucho entre otros varios temas aquel enorme Go in undergroung de los ochentañeros The Jam con Peter Wheler a la cabeza herederos de la Generación; “...Toquen mama yenereision beibeeeee...” y Magic Box del rompeguitarras Pete Townshend, del excesivo Roger Daltrey, del enjuto Jhon Entwhisle y el explosivo y difunto batería Moon, todos The Who al fin y al cabo. We are mod..., We are mod...., we are.., we are..., we are mod. El famoso y mítico vinilo de Quadrophenia, doble de carpeta en blanco y negro con el mod vestido con su parka pintada con el nombre a la espalda de los autores y su clásico símbolo de la flechita subido a lomos de una scootter aún anda sobrando por algún rincón de casa.
¡¡¡Que tiempos!!!.
[1-7]

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