Como se sabe, los tiburones son animales con extraordinarias capacidades para adaptarse al entorno en el que habitan. Hace años, se encuadraba su comportamiento caracterizándolo como el de un ser semiautómata asesino; aunque los biólogos nos han enseñado su enorme complejidad, sensibilidad y capacidad de aprendizaje. ¿Son los mercados organizaciones que se parecen a tiburones sedientos de sangre en busca de cualquier presa o reaccionan (y a veces sobre-reaccionan) con extremada complejidad en busca de la pieza ideal buscando sus puntos débiles?
Al igual que estos animales, los tiburones de las finanzas son extremadamente sensibles a los cambios en el entorno y a la respuesta de sus posibles presas a los distintos acontecimientos. ¿Es la economía española una presa fácil? ¿Puede escapar de los tiburones? En primer lugar, hay una idea clave: no se puede ir contra los mercados. Es como nadar más que un tiburón. No se puede. Lo que hay que hacer es nada más que otros, léase Letonia o Grecia. Y cuando hablamos de nadar estamos refiriéndonos en este caso a la credibilidad comparativa de nuestra economía.
La credibilidad de la economía española se ha puesto en entredicho, en mi opinión, por un conjunto de factores que podemos agruparlos en dos categorías: factores externos y factores internos.
Por factores externos quiero decir aquellos que no son propios de la economía española sino que pertenecen al conjunto de área euro. La crisis griega ha servido a los mercados para testear cómo se comporta la Europa del euro, con un diseño institucional plagado de contradicciones. Los tiburones financieros buscan estas contradicciones para ganar dinero.
La crisis económica lo que ha señalado es a la Europa del euro como una zona monetaria sub-óptima y, por tanto, inestable. Pese a que la crisis ha sido un fenómeno generalizado y ha tenido raíces comunes, la respuesta de las euro-economías no ha sido la misma, muestra de que el euro no sincroniza necesariamente el ciclo ni, en especial, sus secuelas más negativas: por estar en un mismo club, no nos comportamos de la misma manera ni en déficit, ni en desempleo, ni en crecimiento.
Esto es muy importante porque supone que la inexistencia de un tipo de cambio propio como mecanismo de ajuste a corto plazo para unas economías puede ser un coste muy alto: son las presas más fáciles. En ausencia de tipo de cambio, el ajuste es más doloroso y lento y se realiza, exclusivamente, sobre variables internas, algunas reales como el desempleo, el recorte en el estado del bienestar y otras nominales, como los salarios o los precios. En todo caso, no hay previsto un sistema de compensación automática (federal como en EEUU) a través de una euro-política fiscal, ni planes de rescate europeos. Ya saben que cuando hay acuerdo en la Unión, todos firmar y al final paga Alemania.
En este contexto, cada país ha de ajustarse con un apoyo institucional, compromiso y tutela de la UE. Y esto, de momento, ha distraído a los tiburones en el caso de Grecia que debe acometer importantes sacrificios.
¿Es el caso de España similar al de Grecia? En sus grandes cifras no pero sí en algunas consideraciones internas. En primer lugar, la habilidad del presidente no es precisamente nuestra mejor fuente de credibilidad. La única vez que aparece en Davos consigue sentarse con Grecia y Letonia, formando parte de los alumnos mediocres a los que el profesor (léase Trichet) les conmina a cambiar de actitud.
En segundo lugar, la propia gestión de la crisis permite realizar algún paralelismo. No digo que en el pasado los datos de la economía española se hayan maquillado como en el caso griego, sino que siempre se ha ocultado la gravedad del problema. Primero, negándolo, luego culpando a los especuladores norteamericanos (con una gestión de la crisis puramente ideológica) y luego buscando brotes verdes donde no hay, en busca del guiño mediático. Y mientras tanto record en desempleo y en el deterioro nunca visto de las cuentas públicas.
Todavía hoy día no se habla de que la economía española ha de enfrentar un serio problema de competitividad, de productividad y de fuerte endeudamiento, que además financiamos en cantidades que rondan el 170% del PIB en mercados internacionales. Por no hablar de los cuatro millones de desempleados. Esto no se dice.
Crecer con fuerte endeudamiento es adelantar al presente crecimiento del futuro, sobre todo si este endeudamiento no ha servido para mejorar nuestra estructura productiva, como prueban nuestras cifras de desempleo. Esto los mercados lo saben y valoran que el futuro de España es más negro que el del resto, que tardará más en salir y lo hará con menor impulso.
La inacción es otro de los factores que no generan confianza. Quizá es el factor más importante. Dice el profesor Torrero que el euro era un error inevitable (véase su texto en www.iaes.es). En el pasado, la economía española siempre ha salido de las crisis devaluando su moneda pero, en esta ocasión, esto no es posible. ¿Está preparada la economía española para otros sacrificios? ¿Se articularán políticas para recuperar la competitividad (costes empresariales y precios), reducir el gasto público y mejorar el entorno de las empresas y el empleo? ¿Existe esta determinación?
Los mercados intentan responder a estas consideraciones continuamente. Juzgan a las economías no tanto por lo que son sino por lo que van a ser. Fijarse en que nuestra deuda pública es baja comparativamente para justificar nuestra fortaleza no es útil. El euro es un club muy selecto. Exige que los ajustes se encaren con decisión y firmeza. En estos días se habla de la necesaria reforma laboral que ya indicaba el Banco de España dos años atrás. Se lanza un globo sonda sobre pensiones que luego se retira de un documento oficial. Se proponen medidas de recorte del gasto público que parecen increíbles… y se siguen justificando nuestros problemas por conspiraciones internacionales.
Esto no nos ayuda a ganar credibilidad…. y mientras tanto, los tiburones siguen acechando, esperando a que el nivel de nuestras contradicciones económicas sea tan grande que los ajustes sean inevitables. Entonces, encararán la presa y haciendo leña del árbol caído, contribuirán a que se produzcan de una manera más súbita y, posiblemente más dolorosa para todos. |