La nebulosa
por Uno de la Redacción

MARTES 23 DE FEBRERO DE 2010 A LAS 18:51 HORAS
Opinión > Política
 
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PEDRO P. HINOJOS

Entre las volutas de humo de sus inseparables cigarrillos Récord, don Faustino se empeñó en meternos la ciencia en nuestras tiernas molleras de quinto de EGB. Nos enseñó a tocar la flauta no para cultivar nuestro oído musical sino para demostrarnos el funcionamiento del sistema respiratorio, hasta el punto de que hubo quien aprendió a tocarla con la nariz.

También nos dictó el pasaje de Cien años de soledad en el que Aureliano Buendía conoce el hielo (“...dio un paso hacia adelante, puso la mano y la retiró en el acto. “Está hirviendo", exclamó asustado.") y prometió un diez al que le explicara el fenómeno descrito. Unos días después, Salvador, uno de los lumbreras de la clase, proclamó que tenía la respuesta: “Es que el hielo quema".

Don Faustino le dio la enhorabuena y le puso el diez sin más comentario, ante la mirada bovina del resto de la clase. Pero su lección más inolvidable fue la del nacimiento del universo. Don Faustino se apasionaba con la astronomía, aunque era consciente de que no entendíamos ni papa. Pero no le importaba; se gustaba hablándonos del tamaño del sol, de la Osa Mayor, de los viajes a Marte o de los cometas, entre calada y calada. Hasta que un día le dio por explicarnos el Big Bang : “Hace muchísimo tiempo explotó una gran bola de energía y todos los pedazos de esa explosión es lo que forma hoy el universo. Todavía estamos explotando, vamos disparados por el espacio viajando sobre la Tierra, pero llegará un día en que dejemos de explotar, y todo comenzará a retroceder, volveremos al comienzo, a recogernos en la bola del principio, que es la Nada".

Don Faustino lo soltó así y nadie tuvo el valor de preguntarle cuándo dejaríamos de explotar porque el pánico colectivo nos dictaba que sería pasado mañana o al otro a más tardar. Algunas niñas comenzaron a llorar incluso. Don Faustino bajó entonces de las nubeS de su pitillo y vio las caras de susto que tenía delante. Comprendió y nos calmó a su modo. “¿Pero cómo os podéis creer que esto va a pasar ya? El universo es tan grande en todo que es como si no tuviera fin. Pero no hay que tenerle miedo. Está lleno de cosas bonitas". Y abrió uno de sus libros y nos enseñó la foto de una nube de humo arcoiris. “Esta es la nebulosa de Orión, ¿a que es una preciosidad", dijo con la colilla entre los labios y los ojos medio cerrados.

La misma nebulosa se puede ver ahora en gran formato en el claustro del Instituto Cervantes, dentro de la exposición Sorpresas del cosmos. Y en torno a ella parece que flota una nubecilla de espeso tabaco negro.


Comentarios
Mcmanaman
miércoles 24 de febrero de 2010 a las 13:48 horas
Gran columna, señor Hinojos
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