Pascual Royo Gracia, Catedrático de Química Inorgánica en la Universidad de Alcalá desde el año 1978 y hoy Profesor Emérito, nos habla acerca de la naturaleza de los descubrimientos científicos y su relación con el azar, en su última conferencia, el pasado mes de enero.
Con toda una vida a sus espaldas consagrada al estudio y a la investigación, ha publicado multitud de artículos y ha dirigido más de setenta tesis doctorales. La experiencia, dicen, es un grado, o varios más diría yo, cuando va acompañada de la misma ilusión del primer día. El profesor Royo lleva en su rostro la inconfundible expresión mezcla de humildad y placidez propia de las personas poseedoras de un profundo conocimiento.
En tono sutil, pero riguroso y siempre divulgativo, el profesor expuso un tema tan actual como controvertido. Después del impacto del cisne negro de Taleb, hemos sido tentados a atribuir un valor quizá desmesurado a la influencia del azar en los acontecimientos históricos, vitales y como no, en los avances de la ciencia. A través de varios ejemplos de lo que a primera vista se podrían considerar descubrimientos científicos accidentales, el profesor Royo desenmascara la auténtica realidad que subyace a tales descubrimientos. Una realidad que responde a un modelo perfectamente diseñado de investigación y una base sólida de conocimientos.

En la conferencia, Royo hizo especial hincapié en la importancia de la química en nuestras vidas. Según él, la química nunca ha tenido buena aceptación y en parte esta estimación se debe a que los químicos no han tenido el acierto de presentarla adecuadamente al gran público. Por esta razón ha considerado de interés presentar como ejemplos productos químicos que han contribuido a lograr un alto nivel de bienestar. Como revela el profesor, son más de cinco millones los productos químicos que se utilizan para casi cualquier actividad que podamos imaginar.
El descubrimiento del oxígeno, antecesor de los posteriores descubrimientos de la combustión, la respiración animal y la fotosíntesis, muestra claramente cómo opera el método científico, explica el profesor. Partiendo de un hecho azaroso o diseñado, comienza una experimentación, una observación y finalmente la elaboración de una hipótesis. Posteriores investigaciones corroborarán o refutarán esta hipótesis.
Para el profesor Royo el curso de la ciencia no da saltos y mucho menos relaciona las no linealidades con el azar. Considera que los cambios socio-culturales que hemos ido experimentando son los que fundamentalmente han motivado que el interés científico cambiara de orientación. ‘El azar simplemente obliga a no olvidar cuál es el comportamiento que la naturaleza impone.’
En la observación e interpretación de los fenómenos naturales, como antesala de la ciencia, el azar desempeñó un papel determinante. Aún así, fueron las aplicaciones y transformaciones que originaban estos fenómenos, las que llegaron a ser el objetivo de importantes descubrimientos. El método científico es el camino para descubrir nuevos conocimientos, que sometidos a experimentación y comprobación, podrán ser consolidados o rechazados.
El profesor Royo sostiene que un excelente científico necesita imperativamente una base sólida de conocimientos, no sólo para llegar al eureka, sino también para sacar el máximo provecho de los comportamientos que parecen más insignificantes. Como afirmó Albert Szent-Gyorgyi: “Un buen científico es el que ve lo que todos han visto, pero piensa lo que nadie antes había pensado” y para ello, sentencia el profesor, hay que tener una formación científica muy sólida.
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