ANTONIO CAMPUZANO
En la Quinta de Cervantes, casi de puntillas, sin hacer mucho ruido, se ha expuesto la muestra ‘Senderos de la memoria’, una selección de imágenes de la realidad del campo en España entre los años 1948 y 1968.
La conferencia que clausuraba la exposición a cargo del profesor Narváez, con su timbre gaditano, propició un ambiente de enorme respeto a la atmósfera representada en aquellas imágenes duras, secas, asombrosas. Las cifras desgranadas como campanazos que tintineaban la evolución desde la posguerra a una cierta civilización.
La historia se construye también con la base de la memoria gráfica. Las labores del campo, explicadas desde el magisterio de unos pies de foto magníficos, quizá disimulan el esfuerzo titánico y cruel de los trabajos físicamente esclavistas.
Pero las miradas esas puramente defensivas contra quien representa lo foráneo, el fotógrafo, frente al lugareño, hielan la sangre. En Ciudad Real, en 1956, hay una escena invernal familiar, de grupo, de siete personas, dos niños en mantillas, con la estufa de carbón, la radio como único hilo con el mundo y por encima de las cabezas de los habituales de la casa, como símbolo de superioridad de la modernidad sobre la grey hundida en la escasez.
Pues bien, la mirada del cabeza de familia, entre huidiza y desdeñosa de la necesidad de aquel acto de captación de aquella imagen de degradación humana, quizá represente con énfasis y grandeza la España de aquel entonces, de alejamiento de un escenario internacional en el que había ya neveras, ya televisiones, ya ocio, ya libertades, ya dignidad. Esa mirada escalofriante de aquel señor ataviado con una chaqueta de pana raída por el malestar del tiempo pasado sin esperanza, vale por sí sola para justificar esta estupenda exposición.
La iniciativa de importación a Alcalá ha sido capitaneada por el Foro del Henares, siempre atento a labores de desenterramiento de la memoria, actividad tan necesaria. Y allí estaba el representante municipal responsable de la cosa, Jesús Domínguez, que, probablemente atento al logo del programa de mano de la muestra, que ponía Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, produjo la sentencia de la semana: “Javier Rodríguez, en 2011, tendrá que dejar la política e intentar volver al Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino”. Domínguez se siente bien en ese ramo medioambiental. Se le nota. Lástima que no suceda lo mismo cuando hay un adversario a su lado. El disimulo no está entre sus virtudes. |