2010. Con-sumo cuidado
por Antonio L. Sebastianes

VIERNES 29 DE ENERO DE 2010 A LAS 12:21 HORAS
Opinión > Economía
 
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Si alguna lección, querido consumidor, nos deja el ya funesto año 2009 (al que podemos calificar sin demasiadas contemplaciones como agnus horribilis) es precisamente la de que los excesos consumistas se pagan.

Por decirlo de otra manera creo que las precariedades y dificultades vividas durante el año 2009 (y lo que te contaré morena en 2010)  no deben ser objeto tan sólo de conclusiones negativas –que también– sino que urge hacer de la necesidad virtud.

Se me dirá, y con razón, que “a buenas horas mangas verdes", pero a eso se puede responder con una cierta oportunidad lo de “más vale tarde que nunca". Me explico y después concluyo.

Según las estadísticas más fiables el consumo de los hogares españoles durante 2009 sufrió un drástico descenso. Gastamos mucho menos, lo cual significa que nuestro nivel de consumo fue también mucho menor. Sin duda que una parte de esa disminución se debió a la falta de ingresos que han sufrido muchas familias al perder su puesto de trabajo.

Y sin embargo esto último no explica la depresión consumista del pasado año, puesto que otros países europeos que registran niveles de paro mucho menores han visto como se derrumbaban también sus cifras de consumo.

Si a esto le unimos que el ahorro de las familias ha pasado de apenas un 10 % antes de la crisis al actual 19 % entenderemos por que la moderación consumista ha sido posible, sobre todo, no tanto a la pérdida relativa de ingresos, cuanto a una decisión del consumidor libremente adoptada.  Dicho lo cual podríamos decir: por fin.

Ya puestos sumarnos a los corifeos del “nosotros podemos". O sea, podemos, (yo añado el “debemos"), cambiar nuestros hábitos de consumo, consumir de forma más racional y atendiendo siempre a nuestras necesidades lo cual significa ser más responsable, e incluso si quieren ustedes, a fuer de ecologistas, más sostenibles. Para mí todo esto se traduce en consumir con inteligencia.

En fin que si aceptáramos esta última tesis aceptaríamos también su conclusión: la inteligencia vuelve (cabría decir recobrada) cuando más la necesitamos (en tiempos de crisis), pero se vuelve perezosa, despistada e inconsciente cuando no es la necesidad, sino el abandono, el que guía nuestra conducta. Entonces es lo ajeno (la publicidad, la moda, la coyuntura, en definitiva las necesidades del mercado) las que mueven nuestras conductas, orientan nuestros hábitos e impulsan el  consumo innecesario.

Y no estoy hablando de calidad de vida, sino de abundancia. El tener garantizado el acceso a una serie de bienes y servicios (educación, sanidad, vivienda, trabajo, ocio...) es un derecho que todos deberíamos tener y por el que debemos luchar. La abundancia es, seguramente, un artificio.

Una fascinación que se rige por  las leyes del mercado. Si algo nos ha  enseñado esta crisis es que se vive mejor en la inteligencia que en la abundancia.  Y que podemos, con-sumo cuidado, conseguirlo.

En fin en estos comienzos de año tan propicios a los buenos deseos no es, aunque pudiera parecerlo, un acto de puritanismo lo que propongo (haga por último cada uno/a  lo que quiera) sino un ejercicio de libertad. Recobrar nuestra capacidad de decisión. Que sea el ciudadano consumidor el que cree las necesidades del mercado, y no este el que determine los hábitos del consumidor. El año pasado hemos empezado a hacerlo y no nos ha ido tan mal.


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