En 1992, Javier Marías publicó Vidas escritas. Un libro ciertamente exquisito en todos sus aspectos. Por su continente y por su contenido. Era la época en que la editorial Siruela cuidaba sus publicaciones con un sentido estético y un rigor tan cercano al maestro de la edición, el italiano Franco Maria Ricci, que simplemente su tacto suponía un placer para los sentidos. Si a eso le unimos el acierto en la elección de las tipografías, la justa proporción de la mancha de texto y la calidad de las ilustraciones, es justo que añoremos aquellos tiempos pasados, ahora que las chabacanas cubiertas de los libros semejan cajas de carne de membrillo y su interior supone un martirio para el gusto y la vista. Y esto no es nada comparado a lo que se avecina, lo que nos queda por sufrir con los torpes arranques del libro electrónico, hasta que la pantalla y las tipografías encuentren un equilibrio semejante al de la página y los textos de la Biblia Políglota Complutense. Estamos hablando, nada menos que de los inicios del siglo XVI, como referente de racionalidad en plena era digital. Así están las cosas.
Los escritores como personajes de ficción Afirma Javier Marías en sus Vidas escritas que: “Nadie sabe la cara que tuvo Cervantes, y tampoco hay certeza sobre la que tuvo Shakespeare, por lo que el Quijote y Macbeth son textos a los que no acompaña ninguna expresión personal, ningún rostro definitivo, ninguna mirada que los ojos de los demás hombres hayan podido congelar y hacer propia a través del tiempo". Se confiesa Marías como coleccionista de fotos y postales de sus escritores favoritos y fue precisamente a través de su aguda y genial mirada literaria sobre aquellos rostros, como elaboró este mosaico de escritores convertidos en personajes de ficción. Navegar por sus páginas es reencontrarse con autores venerados: Faulkner, Conrad, Joyce, Lampedusa, Stevenson, Nabokov, Kipling,..., tratados aquí con tan genial pasión narrativa, que a partir de ese momento los confundiremos como escapados de sus propias páginas, a las que querremos regresar con arrebatado deseo. Al margen de aquella mítica edición de la editorial Siruela en 1992, tengo entendido que Vidas escritas se ha reeditado continuamente y que incluso se puede localizar en ediciones de bolsillo. Su recuerdo y reelectura me ha venido provocada porque se acaban de publicar dos libros de temática semejante.
44 escritores de la literatura universal Jesús Marchamalo en un libro también publicado por Siruela (en su segunda etapa la editorial ya no es lo que era) ha reunido a 44 escritores de la literatura universal. En esta ocasión no ilustrado con fotografías, sino con caricaturas de irregular factura, pero que al menos pretenden cumplir con el público adolescente al que va dirigido; igual que su estilo, que resulta radicalmente distinto al de Javier Marías, posiblemente en un encomiable afán pedagógico que deseamos alcance sus fines, convirtiendo a los autores de la literatura en héroes cercanos a los que conviene conocer, pero sobre todo adentrarse en sus obras. Adolescentes y adultos encontrarán en estas originales e irónicas páginas, una especie de retratos al minuto sembradas de gustosas anécdotas sobre Kafka, Pessoa, Chéjov, Chesterton, Poe, Salgari, Verne o Stendhal... Las páginas finales se completan con unas brevísimas biografías sobre los escritores ‘retratados' y una somera relación de algunas de sus obras. En suma, un libro bastante ameno y que entiendo sirve perfectamente para abrir las compuertas a la curiosidad lectora.
Las certeras pinceladas de Manuel Vicent El estilo de Vicent siempre ha estado impregnado de la luminosidad de su tierra levantina y sobre todo, rebosante de imágenes, que como certeras pinceladas de quien sabe observar, nos ha logrado describir paisajes y personajes con una genialidad inusual. Tal vez por eso a su obra Póquer de ases, editada recientemente por Alfaguara, lo único que le sobren sean las ilustraciones. El libro, al igual que los dos anteriores, habla de escritores. Una vez más se trata de su visión, muy personal, sobre autores relevantes de la literatura. En este caso, a diferencia de Marías y Marchamalo, sí ‘retrata' a cuatro autores españoles, bastantes significativos de sus preferencias: Josep Pla, Pío Baroja, Juan Benet y Rafael Azcona, que se mezclan y confunden en esta caprichosa baraja, con Julio Cortázar, Albert Camus, Samuel Beckett, Dylan Thomas o Virginia Woolf. Póquer de ases está escrito a golpe de fervorosas lecturas y de querencias, en arrebatos de admiración o crítica, de visiones tan personales que por unos instantes deja al lector y al autor retratado bajo los confusos momentos de deslumbramiento que produce el flash. Después la visión recobra sus volúmenes, pero sin duda enriquecidos con nuevos perfiles que Manuel Vicent ha sabido aportar a nuestros escritores más queridos.
Brújulas perfectas para la lectura Un libro a recuperar, el imprescindible de Javier Marías, y estos dos que aún pululan en las librerías por las mesas de las efímeras novedades, sirven de brújula perfecta para orientar nuestros gustos entre autores consagrados que muchas veces se nos antojaron lejanos y desconocidos y de los que casi nunca nos atrevimos a desnudar sus páginas. Marías, Marchamalo y Vicent nos han facilitado la labor, dejándolos por unos instantes en ropa interior.
Los Pioneros Volúmenes como los reseñados tuvieron antecedentes no tan lejanos. Este sugerente y atractivo género de retratar a los escritores queridos lo encontramos en el genial Ramón Gómez de la Serna, otro bicho literario de rara especie; en sus Retratos contemporáneos y Efigies creó una abundantísima galería de autores, analizados desde su peculiar punto de vista y estilo. También el poeta Vicente Aleixandre compuso un entrañable libro en prosa, Los encuentros, en el que supo dibujar con rigurosa perfección y cariño a sus compañeros de generación. |