El sol que ilumina Puerto Príncipe engaña mucho. La luz que proporciona sólo sirve para apreciar durante el día, mejor todavía, la magnitud del devastador terremoto que ha causado decenas de miles de fallecidos.
Si una imagen de cualquier calle ya crea un verdadero nudo en la garganta, estar en las calles de la ciudad debe ser algo dantesco y en esas condiciones tienen que actuar los equipos de rescate.
El terremoto, que alcanzó una magnitud de 7 en la escala Richter, y al que siguieron una treintena de réplicas, ha llevado el caos absoluto a una ciudad desolada donde los supervivientes se han quedado prácticamente solos, compartiendo las calles con los cadáveres, a la espera de la llegada de la ayuda médica .
Mientras falta una operación organizada para hacer llegar cuanto antes la ayuda a una ciudad, que en estos momentos necesita de manera urgente más alimentos, medicamentos, tiendas de campaña, los equipos especializados para la búsqueda de supervivientes comienzan a llegar a Puerto Príncipe, pero como siempre a remolque de las ONG.
Las primeras horas son vitales para rescatar entre los escombros a personas sepultadas y con vida, pero la distancia y los daños causados no facilitan nada la tarea. La fuerza incontrolable de la naturaleza y las condiciones de pobreza del país caribeño han aumentado la magnitud de la tragedia.
Llega la hora de analizar la situación y de buscar una respuesta conjunta, más contundente de los países más desarrollados del mundo y las organizaciones internacionales para concretar las ayudas y la intervención. Sigue habiendo lagunas y solares en la cooperación internacional por parte de los Estados.
De hecho, la cooperación internacional debe ser una obligación formal de los Estados y estar perfectamente regulada. Cuesta admitir que tras un terremoto de estas caractísticas la ayuda humanitaria siga llegando con cuentagotas casi 48 horas después. Es intolerable, también, que esa ayuda se quede al arbitrio de cada país, la buena fe de la gente o la capacidad de las ONG’s.
Eso provoca que se convierta en caridad a posteriori lo que debería ser una ley a priori. Es cierto que España es uno de los primeros países que ha enviado ayuda humanitaria coordinada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, así como profesionales para actuar, pero la reacción internacional ante estos desastres deben ser conjunta, eficaz y duradera.
En un mundo globalizado no es cuestión sólo de responder rápido, sino con eficacia. Las miles de personas que miran a los ojos de la muerte en Puerto Príncipe lo esperan. |