La autotitulada ‘escritora de periódicos’ Carmen Rigalt quiere hacer honor a tal con una melancólica apología del otoño.
“Como soy víctima de mis contradicciones, maldigo el otoño y, sin embargo, devoro con fruición castañas y batatas, setas, caracoles, trufas, todo lo que huela a tierra. Este año, el cambio climático tiene la culpa de todo. De que no llueva nada en Madrid o llueva demasiado en Tenerife, de que los comercios tengan sus stocks de prendas de lana intactos y de que el aire acondicionado todavía agite su frío de navaja en algunos locales públicos” (‘El canto del níscalo’. El Mundo, 19-11-09)
Un servidor está acostumbrado a huir del dolor a pildorazos de Vicodina, pero este texto de la siempre lacerante Rigalt ha logrado conmoverme hasta lograr que me regodee en la melancolía más lastimosa. Y hasta ahí podíamos llegar.
Vamos a ver, Carmen, una mujer de tu altura, acostumbrada a restallar el látigo desde tus columnas de papel, no puede dejarse llevar por la nostalgia otoñal. Tú eres de los míos: sin perdón para nadie empezando por uno mismo.
Por eso, vamos a venirnos arriba, ¿de acuerdo? Que sí, que el tiempo está hecho un asco y uno ya no sabe qué ponerse ni cómo ponerse, con tanto despiste entre castañas heladas y sorbetes de polvorón. Mandemos la brújula al chatarrero y a otra cosa mariposa.
Como la Vicodina es mía y sólo mía, te recetaré dieta de pescado azul para fortalecerte el corazón y un buen Alexander en la sobremesa para darle una alegría chisposa a las ideas. Déjate de todo lo que huela a tierra, querida, que ya tendremos tiempo de hartarnos de humus.
|