Cuando más Europa hacía falta, menos Obamas han buscado los genios de la lámpara en Bruselas. En tiempos convulsos se imponen los grandes hombres, pero los pequeños siempre se ponen a la defensiva: cuanto más alto sea el jefe, más se notará su enanismo y menos controlable será su pequeño mundo de liliputienses adinerados.
El nuevo presidente de la Unión Europea tiene por mérito principal ser un desconocido para todos, requisito imprescindible para poner de acuerdo a tanto burócrata: teniendo a Blair, a González o incluso a Aznar a mano; han optado por un tipo cuyo apellido es impronunciable para no tener que pronunciarlo demasiado. Aquí se quiere seguir hablando en francés, en inglés o en español; con ese tipo de catetería tan autóctona que convierte también la defensa del parloteo propio, sea catalán, euskera o castellano, en una línea divisoria y no en un puente de comunicación.
Tanto hablar mal de América, con la inestimable ayuda de ese tipo con aspecto de recórdman tejano en ingesta de productos de barbacoa, y ahora es América la única que reacciona con decencia ante el ocaso y la crisis: pone a un negro de corazón blanco para sacarnos los colores rojos; que mira a China y a Cuba distinto; que habla con enérgica sutileza de Corea y China; que libra y gana una pequeña gran batalla sobre la sanidad y que, aunque ayuda a los bancos y las aseguradoras, les pone deberes criminales por encima y no deja de lanzar mensajes de ánimo al resto de empresarios.
Aquí hacen todos el ridículo psicofónico con Sitel, que es una vergüenza si se usa mal y una bendición si se emplea con cabeza; lo hacen también con el Alakrana, con lo fácil que es explicarlo y entenderlo todo cuando hay 36 vidas de por medio; y lo hacen finalmente con la crisis y el desempleo, que va a batir marcas de nuevo en noviembre: la única respuesta a esto siguen siendo los juegos florales de los sindicatos, cada día más verticales; y los indignantes eufemismos de Heidi al respecto de ignotos modelos productivos que valen para una misa y un funeral.
En lugar de europeizarse España; se está españolizando Europa. Y todavía miramos por encima del hombre a esa América que nos salvó en Normandía y ahora atiende los SOS mientras aquí, tan pulcros siempre, seguimos de guateque. Del de Peter Sellers.
Posdata. Hay empresas que se aprovechan de la crisis, claro: Electrolux es de libro. A ésas hay que atraparlas con menos frases bienintencionadas y más recursos legales. Pero la inmensa mayoría también lo está pasando mal: pagan pero no cobran, y los Bancos auxiliados con prontitud dan menos crédito que un gitano vendiendo ajos. Sólo por eso, los sindicatos debieran contenerse. El 12 del 12 a las 12 salen a la calle con el lema "Que no se aprovechen". Y no es una confesión. |