Rajoy sale reforzado del 'supermartes'. Rajoy acaba fortalecido de la Convención de Barcelona. Y, antes, Rajoy termina el Congreso de Valencia asentado. "Rajoy sí, pero no el PP". La frase es de un conocido dirigente popular, que prefiere pasar desapercibido para evitar salirse de la foto con un puntapié en la zona donde la espalda pierde su noble nombre.
Pero refleja a la perfección la evolución del líder popular: ha pasado de protagonizar 'La Cenicienta', cuando fue elegido por Aznar para montarse en una carroza que parecía destinado a otro; a representar `El traje nuevo del emperador': todo lo que no sea alabar su porte está mal visto. "Es que ahora hay que hacer las cosas en clave interna", apunta otra celebridad para explicar la concentración de esfuerzos en acaba con las tensiones internas en lugar de en destronar a Zapatero en supeor momento en muchos años.
Sea como sea, lo cierto es que Rajoy sale reforzado de Barcelona y el PP sigue como estaba: con muchos dirigentes muy contentos -los que trabajan en el aparato pero jamás se han enfretado personalmente a las urnas- y con no pocos muy descontentos. Empezando, quién lo iba a decir, por Alberto Ruiz Gallardón: ha logrado su primer objetivo, poner a Génova en contra de Aguirre, pero en el viaje ha pagado un precio muy alto. Todos son conscientes de su talento, pero muy pocos se fían de una lealtad que sólo existe cuando se le da lo que espera. Por eso su papel fue irrelevante en la Convención, algo extraño tratándose del activo más refulgente que tienen los populares según los últimos sondeos y encuestas.
¿Y Aguirre? Pues viajó a Barcelona con sentido de la obligación más que de la devoción, pero con escrupulosa profesionalidad: ni en los peores momentos con Rajoy ha dejado de hacer su trabajo, sea en la campaña electoral o ahora en este tipo de convenciones, aunque la sensación que acompaña a la delegación de Madrid cuando viaja con destinos genoveses no sea muy agradable.
La presidenta del PP se marchó de la convención por una dolencia familiar que le obligaba a ejercer de ser querido; y antes hasta llegó a fumarse un ostentoso puro con Rajoy en la célebre comida de barones, ganándose la simpatía de muchos de sus compañeros que la conocen más por lo que dicen de ella que por lo que ella dice. Pero hay un Muro de Berlín entre Sol y Génova que coloca las cosas siempre en su sitio: convivir sí, pero amarse es más difícil.
Tal vez por eso Aguirre ha encontrado entretenimientos que a los amantes de las caricaturas les parecerán sorprendentes pero en realidad reflejan una de sus pasiones: la lectura y, por extensión, la escritura. Esta misma semana presentará un ensayo sobre los discursos políticos que, a su juicio, más contribuyeron a consolidar el concepto de libertad: Luther King, Pericles, Jefferson, Juan Pablo II y, cómo no, Margaret Thatcher aparecen en esas hojas volanderas.
Lejos de Bercelona pero cerca de Madrid, en Alcalá, tabién hubo otra convención, con protagonistas y objetivos bien distintos. Aquí el protagonista fue Tomás Gómez, que ha debido cogerle el gustillo a los encuentros de luxe: no sale de un hotel de cinco estrellas y se mete en todo un Parador para hablarle a los compañeros. Que una cosa es ser muy de izquierdas y otra bien distinta no gozar de lo mejor como todo bicho viviente.
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