Marea negra: el crimen perfecto de lo público
por Antonio R. Naranjo

MARTES 7 DE FEBRERO DE 2012 A LAS 18:21 HORAS
Opinión > Política
 
Bookmark and Share

Es de cínicos manifestarse en la calle en defensa de los servicios públicos y, nada más guardar las pancartas sindicales,  exigir convenios colectivos que agotan los recursos en los prestadores de los servicios en lugar de en las prestaciones mismas.

 

Es de cínicos reclamar más y más personal para la Administración y, a la vez, silenciar o proteger la certeza oficial de que las bajas y el absentismo en el ámbito público cuadruplican a las de la empresa privada: en 2011, 160.000 empleados de la Comunidad dejaron de prestar 25.7 millones de horas, con un coste mensual de 65 millones de euros. Y nadie ha conseguido descifrar qué tipo de virus letal se ceba, en exclusiva, con los funcionarios.

 

Es de cínicos denunciar desde la política todo lo anterior, obviando que cada uno de esos excesos, por legales que sean, necesitan de una firma del mismo presidente, alcalde, concejal, consejero o ministro que ha firmado esos derechos con un dinero que no era suyo y no estaba para eso.

 

Es de cínicos reclamar más profesores y sanitarios, que nunca son suficientes, y rechazar que en otros ámbitos de la Administración, donde trabajan profesionales menos imprescindibles, se ahorre en el inmenso catálogo de prebendas inaccesibles para los ciudadanos que, paradójicamente, las sufragan: abonos transporte gratuitos, seguros médicos privados, jornadas continuas matutinas para necesidades con otro horario, libros de texto sin cargo, campamentos de verano a cargo de las arcas y un sinfin de privilegios que consumen hasta el 55% del presupuesto total de cualquier Ayuntamiento, Universidad y organismo público endeudado ahora hasta las trancas.

 

Es de cínicos llorar ahora en las instituciones, tras décadas tragando y consintiéndolo todo, a cambio de una paz social vergonzosa que sólo ha valido para degradar los servicios y despilfarrar los tiempos de abundancia en fuegos artificiales en lugar de en infraestructuras e inversiones productivas que, llegadas las vacas flacas, son imprescindibles para salir del agujero.

 

Es de cínicos que los mismos medios de comunicación que dicen defender los servicios públicos contribuyan decisivamente a presentar a sus principales enemigos como sus máximos paladines, concediendo al egoísta comité sindical que sólo pensó en lo mejor para los suyos la condición de defensor de los derechos y expectativas de todos.

 

Es de cínicos decirse progresista y proponer, como única alternativa a una voluntad externalizadora de los partidos conservadores y para no molestar a los sindicatos; un mantenimiento del modelo actual de gestión marcado por el derroche, la improductividad, la equiparación del bueno con el malo, el gigantismo de los efectivos y el enanismo de las retribuciones, la desmovilización del eficaz y, en definitiva, la equivocación conceptual del servicio: ha llegado un momento en que todo el debate sobre la viabilidad de lo público se circunscribe a las aspiraciones de quienes trabajan en ellos, como si la mera discusión sobre cómo hacerlos más eficaces y sostenibles fuera un anatema en lugar de una exigencia.

 

 

 

Es de cínicos obviar la escandalosa proliferación de 4.000 organismos y empresas públicas que en 2011 generaron un vergonzoso déficit de 65.000 millones de euros y presentar la indispensable regulación de ese banquete, para garantizar su supervivencia, como un ataque a la "autonomía universitaria", un "recorte de la sanidad" o una "agresión a la educación en igualdad".

 

Es de cínicos, finalmente, que los mismos políticos que han protagonizado este robo sostenido pidan sacrificios a los ciudadanos que lo han mantenido pero no lo han disfrutado y que, quienes sí lo han hecho, se lancen a las calles chillando que lo hacen por nosotros aunque en realidad sólo piensen en sí mismos.

 

En este deleznable sainete sólo pueden indignarse, rebelarse y desempolvar sus gorras esa ingente cantidad de ciudadanos que confiaban en que sus esfuerzos y anhelos fueran gestionados por decencia por unos y ocupados con eficacia por otros y que ahora ven cómo las alternativas son o pagar más impuestos para sostener el estatus reclamado por los sindicatos o perder una parte de la solidez de los servicios para ayudar a esos mismos políticos que hasta ayer, al parecer, no sabían ni sumar.

 

Obviamente los responsables son los firmantes de tanto menú a la carta en un país con tanto menú del día, pero al menos los firmados deben dejar de pasar por heroicos defensores de algo que no sea lo suyo: cuantos más funcionarios compartan este mensaje, más sencillo será que no prospere la infame tabla rasa que ahora van a hacer con ellos, sin distinciones entre el maravilloso enfermero de Urgencias o el impagable profesor de niños especiales y el catedrático absentista o el peón municipal liberado; y más fácil será que su autoridad social y su régimen salarial reconozcan su valor intrínseco, hoy tan deteriorado.

 

Mientras, hete aquí la parábola del bombero pirómano o del crimen perfecto: el asesino llora por la víctima y se persona, el primero, en el escenario del homicidio y en el funeral del finado.


Comentarios
Capitán Jabato
miércoles 15 de febrero de 2012 a las 21:05 horas

Me quieren, no me quieren.

Resulta patético el anunciado y eterno adios del Alcalde Bartolo. Al parecer, al Sr. Alcalde le gusta asemejarse a aquellos niños chicos que amenazan de manera permanente con su marcha, haciéndose de rogar y querer una y otra vez, para terminar no marchándose jamás.

Si ya es un problema en sí el actual poseedor del bastón consistorial y su política duda existencial, la búsqueda de un heredero de la vara, dada la falta de peso específico de los pescaos en el acuario doméstico, se antoja cercana a la resolución de un nudo gordiano. Al menos esperemos y deseemos, que a un pez abobao y deprimio no le suceda un delfín con mucha pinta de batracio. Alcalá y su vecindario lo agradecería.

En sirio, nuestro actual Alcalde en lugar de centrarse en las cuestiones importantes de las muchas muchismas que ciudad tiene pendientes de resolver lleva más de ocho meses poco más que haciéndose fotos y out, mareando la perdiz o dando porculo como se quiera decir, con aquello de, que me voy, pero no me acabo de ir, porque no sé, ni como, ni donde, valiendo menos me abonaran más que aquí. No, si al final, la duda de si nuestro eterno Alcalde pertenece al ámbito de los mejores, de los inferiores o de los de más allá, va a resultar que pesa más que la resolución de la deuda acumulada del Ayuntamiento. Es la hostia

Por dios bendito, que acabe de una vez por todas está encrucijada del deshoje de la margarita poltronativa, que alguien tome iniciativa y nombre a Bartolo Ministro con o sin cartera, Consejero con o sin conocimiento del ramo o Secretario de Estado informado o desinformado de algo, aunque sea de Pretecnología de Ultracuerpos, de Higiene Canina, o mismamente, de Encuentros en la Tercera Fase.
Capitán Jabato
domingo 12 de febrero de 2012 a las 20:59 horas
El Sr. Naranjo nos dice, “Mientras, hete aquí la parábola del bombero pirómano o del crimen perfecto: el asesino llora por la víctima y se persona, el primero, en el escenario del homicidio y en el funeral del finado.” Don Bartolomé González aquí, en Alcalá, es la personificación del apagafuegos pirómano. Cuantito más hubiese ganado, y sobre todo, reído el vecindario complutense, si a nuestro Sr. Alcalde le hubiere dado por ejercer profesionalmente de bombero torero.

Puro y duro cinismo, claro que sí. El que nuestro Alcalde varios siglos después y debido a lo exiguo del estado de las arcas municipales actuales, intente arreglar el desaguisado del Convenio Colectivo no le exime un ápice de su responsabilidad a la hora de firmarlo, y ni tan siquiera, el propio forzado intento de enmienda acaba por mejorar su ranking de desvergüenza política. Cuentos chinos los menos posibles, gracias.
cinismo relativo
jueves 9 de febrero de 2012 a las 15:27 horas
Aqui metemos en el mismo saco a todas las administraciones como si fuese una.
No nos cuesta lo mismo un guardia civil que un municipal. Ni cobra lo mismo y tienen los mismos campamentos y libros de texto gratuitos los administrativos del insalud que los del ayuntamiento de Alcala. El mismo sueldo de muchisimos alcaldes (algunos muy municipalistas dicho sea de paso) supera con creces a los de los ministros. En cualquier caso podemos demonizar los funcionarios por pedigueños: la raiz del problema es de los que se lo perminten, y posiblemente les interse callar.
En plena diana
jueves 9 de febrero de 2012 a las 10:11 horas
Jose, no puedo estar más de acuerdo con el artículo que transcribes. Describe con una exactitud milimétrica la situación laboral en la Comunidad de Madrid. Hiperliberalidad aristocrática, desprecio generalizado por la Administración y por lo gobernados en general.... Que pena. Y lo peor es que los otros no son mejores.
Ramiro
jueves 9 de febrero de 2012 a las 10:08 horas
Efectivamente son muchos los delitos cometidos con la inexistente gestión de los fondos públicos pero ningún gestor político para por ello ni políticamente ni penal.
jose
miércoles 8 de febrero de 2012 a las 17:42 horas
Querido Antonio creo que este articulo te vendra bien

El desprecio político al funcionariado  
FRANCISCO J. BASTIDA CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.
Sí que es de cínicos....
miércoles 8 de febrero de 2012 a las 11:54 horas
Efectivamente, es de cínicos citar que la cifra de absentismo en el ámbito público cuadriplica la privada cuando no existe la más mínima base científica para contrastar esa información.

También es de cínicos decir que 160.000 empleados de la Comunidad dejaron de prestar tropecientos millones de horas, generalizando maniqueamente con fines muy poco honestos cuando lo cierto es que todos sabemos que la mayor parte de esos abusos se centran en muy pocos caraduras a los que, desde luego, hay que controlar y castigar con dureza si se demuestra el abuso.

Indudablemente es de cínicos seguir hablando con ese nivel de manipuladora generalidad de sanidad privada gratuita, libros de texto sin cargo, campamentos de verano (¡¡¡) y hasta coros y danzas, que pueden tener algunos enchufados (especialmente en los Ayuntamientos) pero desde luego la mayoría de empleados públicos no tienen.

Es de cínicos pensar que las condiciones laborales de los empleados públicos son maravillosas, cuando hasta hace poco tiempo todos los funcionarios sin excepción eran vistos como pringaos sin ambición que no saldrían de pobres, y un profesional de la Administración con educación superior y altamente cualificado ganaba menos que un albañil.

Igual de cínico es no reconocer que los funcionarios han perdido más del 25% de su poder adquisitivo en los últimos años, y eso independientemente de que fueran años de bonanza o de crisis. De eso nadie habla, que curioso.

Es de cínicos no tener en cuenta que los sindicatos no pintan absolutamente nada en el ámbito de la Administración Pública. Créame que sé de lo que hablo y le aseguro que, reconociendo el papel que tienen reconocido incluso en la Constitución, a los trabajadores públicos los sindicatos de clase nos han perjudicado mucho más que cualquier otra cosa, defendiendo a los incumplidores y ayudando a generalizar clichés absolutamente injustos.

Es de cínicos ocultar que la escandalosa proliferación de organismos y empresas públicas tiene su raíz esencialmente en el ámbito de los Ayuntamientos, en los que políticos sin formación, sin escrúpulos y a veces sin moral alguna han gobernado bajo el lema del “todo vale”.

También me parece de cínicos no mentar siquiera el hecho de que este bendito país tiene un gravísimo problema de productividad y de competitividad, y en los parámetros internacionales eso no se mide por el sector público, sino por el privado.

Desgraciadamente es de cínicos no reconocer que en este país de envidias y miserias lo más fácil es desprestigiar a un colectivo que, como tantos otros, tiene luces y sombras, pero que en general presta servicios públicos de calidad que debemos luchar por mantener y mejorar.

Y hasta es de cínicos no decir nada de que nuestra tasa de paro es incomparable hasta con países que están en una situación económica mucho peor que la nuestra. A lo mejor será porque puede ser de cínicos decir la verdad sobre la clase empresarial de este país, cuyo compromiso social no es de cínicos, sino que en ocasiones simplemente no existe. Hoy he leído una noticia de un observatorio europeo que nos otorga uno de los últimos puestos de la Unión Europea en materia de I+D. Saben que explicación utilizan? Que la inversión pública es comparable a otros países de nuestro entorno, pero la inversión privada es ridícula. Así de clarito.

Sería de cínicos negar que los empresarios (incluida la usura generalizada del sistema financiero, que sí que está detrás de buena parte de nuestros problemas) tienen que regirse por la lógica del beneficio económico y la creación de riqueza, que es fundamental para cualquier sociedad. Pero, reconociendo que muchas empresas lo están pasando muy mal, uno no puede evitar la impresión de que tienen el “gatillo fácil” para con sus trabajadores, y se les olvida con demasiada asiduidad que su principal capital es el humano.

En fín, que tiene Vd. razón. Hay tantas cosas que son de cínicos….
Cinismo \"U\" Otra cosa.
miércoles 8 de febrero de 2012 a las 11:10 horas

Así Sr. Naranjo, reflexionar sobre las conductas de los empleados es hacerlo sobre la propia ORGANIZACION, la respuesta a tales interrogantes ha variado según lo hacían las concepciones tradicionales sobre la naturaleza del trabajo y las competencias asociadas al ser humano en la organización.

Para proporcionar una buena aproximación al término D.Antonio, debemos citar las aportaciones realizadas desde la SOCIOLOGIA desde la que se considera la cultura de la organización como un conjunto de OBJETIVOS, convicciones BASICAS, VALORES, SIMBOLOS, NORMAS, pautas de CONDUCTA y sus objetivaciones materiales que otorgan a la organización un carácter determinado y una idiosincrasia inconfundible.

La obediencia, que antes constituía la VIRTUD cardinal que hacía funcionar el sistema, HOY no es aceptada de buen grado por los ciudadanos y los empleados públicos, AHORA exigen libertad personal y autonomía individual. La complejidad ofrece la oportunidad de lograr la libertad, y a la INVERSA, la libertad aumenta la complejidad. Y, después que la burocracia tuviese la necesidad de dictar cada vez más reglas para controlar la complejidad, el respeto por las mismas ha declinado y el sistema ha generado CONFUSION e IRRESPONSABILIDAD.

Que son Sr. Naranjo la ultimas décadas en mi país y en Alcala, son producto de una ingeniería trazada que hace que hoy nuestros jóvenes y menos jóvenes su gestión pública se este convirtiendo en el problema central del desarrollo de los países avanzados.

Como se llega desde mi opinión a esta situación, dictando leyes y políticas que fueron encaminadas a trazar esa ingeniería ideológica, la década de la mitad de los 80 hasta la de los 90 fue prodigiosa en la acumulación de delitos económicos que corrieron a cargo del PSOE... pero ninguno tuvo la gravedad del fraude en la EDUCACION y la CULTURA.

Se difundido la consigna de que todos los alumnos debían progresar CONJUNTAMENTE... También se consideraba deplorable servilismo la exigencia de que se trabajase para APROBAR...Otro atentado a la igualdad consistio en el desdoblamiento de las clases en grupos según el nivel LINGUISTICO de los alumnos... En ningún caso se citaba el MERITO o la inteligencia, sino el IGUALITARISMO...

Se utilizaron sutiles tácticas empleadas para destruir lo existente y colar de rondon conceptos marxistas-maoistas en la enseñanza, de tal suerte que tan aviesa intencionalidad ha pasado desapercibida entre la mayoría de los enseñantes que incluso han "colaborado" cándidamente.

Hubo una generación..., yo, que presenciamos con desesperación y rabia como se producía el cataclismo de los centros de enseñanza, la degradación, a todos los niveles, fue atroz y buscada, NUNCA inocente o fruto del error.

Sr. Naranjo le pide usted hoy a nuestros funcionarios, a nuestra sociedad que NO  sean el producto de esa INGENIERIA que en mi opinión "CASTRO" el futuro de nuestro pueblo.

Reciba un cordial saludo.

Antonio
miércoles 8 de febrero de 2012 a las 08:52 horas
Estimado Sr. Naranjo:

¿Quién es el responsable en el ayuntamiento de Alcalá de Henares de firmar el convenio con los trabajadores del mismo en los últimos 10 años?

Gracias por responder.
[1-9]

ENVÍA TU OPINIÓN
 
Nombre y Apellidos Correo Electrónico (*) Clave Publicación (*)
Comentario:

Imagen de Verificación:
Escriba el Código:

* Campos Opcionales
 

OPINIONES de Antonio R. Naranjo

Educación: mentiras, verdades y crímenes (18/mayo/2012)
15M y las dos cavernas (14/mayo/2012)
MAFO, mofa, befa, mafia (11/mayo/2012)
Bankia y el Titanic en 12 actos ( 8/mayo/2012)
Cinco mentiras sobre la crisis ( 3/mayo/2012)
Telegramas urgentes sobre el cataclismo (24/abril/2012)
Un Cervantes en la parra (23/abril/2012)
A propósito de RTVE (20/abril/2012)
La hoguera, la Fe y los gais (19/abril/2012)
Asesinando a Dumbo (15/abril/2012)