ALONSO GUERRERO
El ministro Wert acaba de adelantar los rudimentos de “un nuevo sistema educativo". Consistirá, una vez más, en utilizar la educación como excusa para modelar la sociedad a imagen de la política. En primer lugar, se cambia Educación para la Ciudadanía, en lugar de eliminarla definitivamente, por Educación Cívica y Constitucional, una asignatura, según el ministro, “libre de adoctrinamiento ideológico". Los conciertos educativos con la Conferencia Episcopal, y las clases de religión en primero de Bachillerato, no son adoctrinar.
El otro pilar del cambio será la ampliación del Bachillerato. Por fin, la palanca para dar más dinero a la enseñanza privada, en detrimento de la pública. Es lo que ha estado implantándose, a garrote vil, en Madrid. Finalmente, igual que en Madrid, la apisonadora del bilingüismo. No enseñar inglés, sino enseñar en inglés. Philip The Second, Perejil island y The one-armed of Lepanto serán conceptos que habrá que aceptar de aquí en adelante. Ya hay, en Madrid, profesores de sociales y ciencias de la naturaleza, de plástica, música, tecnología y educación física que tienen que comportarse en clase como Benny Hill. Además, la presidenta Aguirre despedirá a profesores españoles para que sean ingleses los que vengan a mostrarnos How to be a teacher and not die trying. Habría que decirle a Fabian Picardo, primer ministro de Gibraltar, que va a poder apedrear a la Guardia Civil en el Paseo de Recoletos.
¿Este es el “nuevo sistema educativo"? ¿Y va a ponerse en marcha con los recortes brutales que ahora se están aplicando? Algo no cuadra. Menos mal que el ministro nos promete un Estatuto del Docente, para dignificarnos más de lo que lo ha hecho la actitud de la Consejería de Educación de Madrid. Todo está por ver, pero parece que nada va a cambiar en la enseñanza, excepto el plato que se inclinará en la balanza. La educación sigue buscando vocaciones, no hombres libres. No hay salida, ni para este país, ni para esta democracia. Somos incapaces de superar el síndrome del 98. Nuestra única solución va a ser que vuelva el profesor Keating, aquel tipo que enseñaba tonterías en El club de los poetas muertos. Por lo menos, era inglés.
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