Fraga (y Carrillo): el elefante que bailaba claqué
por Antonio R. Naranjo

LUNES 16 DE ENERO DE 2012 A LAS 18:00 HORAS
Opinión > Política
 
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¡Diles que no me maten, Justino!
Anda, vete a decirles eso.
Que por caridad. Así diles.
Diles que lo hagan por caridad.

Juan Rulfo


Fraga fue un elefante en una cacharrería que sabía bailar claqué. Quienes recuerdan las penumbras de su biografía, tan evidentes como las de Julio César en la suya y tan irrelevantes si no se tiene en cuenta tiempo y contexto; suelen olvidar, tal vez, que sólo desde allí podía hacerse una transición decente.

 

La facilidad con que al Rey, o a Suárez, se le concede indulgencia por su origen e incluso se reconoce que sin esos antecedentes no hubieran podido estimular la democracia sin ser derribados en el intento; le niegan al paquidermo la misma vitola.

Quizá porque, a diferencia de los anteriores, siguió siendo un estorbo democrático para quienes querían gestionar la apertura: la falta de reconocimiento a Fraga es una simple consecuencia de la existencia del PP como realidad política consolidada para discutirle el monopolio al PSOE, que siempre es más generoso con quien considera inofensivo.

También flaquean, sin embargo, quienes niegan las inevitables penumbras del personaje y centran toda su glosa en la  segunda mitad de su vida política, esquivando las aristas, punzantes, de la primera: es verdad que durante el franquismo alguien debía ejercer de ministro, de represor o de jefe de informativos, pero quienes lo hicieron han de aceptar que en su recuerdo aparezca algo más que una mención comprensiva a esos datos.

No tanto para estigmatizar ni mucho menos para negar sus méritos posteriores, sino para entender por qué tuvimos 40 años de Dictadura y cuánta gente hizo falta para obrar el dudoso milagro. El Fraga de la Ley Mordaza y el de la ayuda al nacimiento de El País son el mismo, y en las paradojas de su existencia se resume la poliédrica, compleja, cruel y maravillosa historia de España: Fraga fue un gran hombre por su incuestionable contribución a la democracia y fue, también, una sombra gris de sí mismo hasta descubrir las grietas del franquismo, a quien ayudó a derribar a fuer de ayudarlo primero.

 


Carrillo era un mozo cuando el Gobierno de la República huyó de Madrid y él se quedó al frente con otros milicianos imberbes. Es probable que participara en Paracuellos o que supiera de la barbaridad y la incluyera en los daños colaterales de una guerra entre hermanos convertidos en lobos: nada justifica ninguna atrocidad, pero obviar que en cada Auschwitz hay un Dresde y viceversa desvirtúa la naturaleza de los hechos.

Pero fue también, y es, un protagonista indispensable del salto de la barbarie a la razón, y aunque las sombras le persigan hasta el ataúd, ha hecho más por la democracia que todos esos antifranquistas sobrevenidos que vivieron tan intensamente la clandestinidad que nadie se percató de su  supuesto martirio hasta que lo amortizaron con una carrera política impulsada por una leyenda apócrifa de sí mismos.

Fraga presentó a Carrillo en sociedad en 1978, en una arriesgada conferencia en el Club Siglo XXI que consagró la necesidad de integrar a todos para superar las décadas negras precedentes. Anteponer ahora sus servicios a Franco, desechando la certeza de que hubo un tiempo en que tantos otros ahora ensalzados tuvieron relación con ese régimen, a su evidente contribución a la causa democrática; sólo sirve para otorgar la razón a Machado cuando decía que en España “de cada diez cabezas, una piensa y nueve embisten”.

 

Quien tiene un pasado vergonzoso es España. Unos pocos hicieron un esfuerzo por compensarlo y se merecen, llegado el epílogo de sus vidas, que les aplaudamos su destreza como bailarines de claqué. Pocos elefantes son capaces de ello sin pisotear al respetable.


Comentarios
Capitán Jabato
viernes 20 de enero de 2012 a las 11:26 horas
Jabatito,tronco, gracias por haber decidido y optado por seguir leyéndome, te adoro. Un beso.
para Jabatito
jueves 19 de enero de 2012 a las 15:16 horas
Que pesao eres, colega.Y que sectario.
Capitán Jabato
miércoles 18 de enero de 2012 a las 18:43 horas

Nuclear sí, por supuesto.

Nunca una joven democracia debió tanto a unos desconocidos, su denominación Plutonio-239 y Americio-241. Aunque las malas y viperinas lenguas hablaron entonces y continuarán por mucho tiempo llenando páginas del profundo impacto positivo que causaron en él las lecciones subliminales que dejó tras de sí el enorme socavón de la C/ Claudio Coello. Esto último es una mentira de las gordas. La verdad tiene todo que ver con ésta pareja de gachos de estrambóticos nombres. Fueron ellos quienes con su incesante emanación y carga radioactiva obraron mucho tiempo antes el prodigio. Si bien es verdad, y todo hay que decirlo, sus efectos fuesen lastimosamente un tanto retardados. Ya se sabe, las mutaciones llevan su tiempo, y en este caso debemos darnos con un canto en los dientes al no tener que esperar, como es normal, a una siguiente generación para vez los cambios debidamente fijados y nítidos.

El milagro de estos dos infiltrados agentes mutagénicos se inicio durante la famosa inmersión del otrora Ministro de Información y Turismo del dictatorial Régimen en las invernales aguas de la bombardeada playa de Palomares , ya que fue allí donde Don Manuel quiso demostrarnos sus hasta entonces desconocidas dotes de novio de la muerte sin cabra. La dosis recibida y la posterior acción mutagénica fue de tal calibre, que Don Fraga Iribarne, con el transcurrir de los años paso, en menos de un satiamen de Fernando Alonso, de franquista practicante con mando en plaza y cartera a demócrata sobrevenido. Llegando los efectos radioactivos positivos hasta tal punto que de paso los españoles recibimos, según la doctrina oficial, un padre de la Constitución en la figura del orondo político. Ahí es na, igual si se hubiese alargado una miaja el marmítico baño iniciático hubiese acabado teniendo un apasionado affaire con La Pasionaria. Que sabe naide.

Alguien le puede pedirle más a dos elementos radioactivos. Por favor, además de un largo aplauso, una estatua ecuestre en alguna digna plaza para estos dos auténticos padres de nuestra actual Patria.
luis perez analopez@gmx.es
martes 17 de enero de 2012 a las 11:50 horas
ahora en palomares hay contaminacion ,desde que se baño el fraga en bañador
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