La Biblioteca es ella. Ella, vestida de cualquier color. De todos los colores. Vestida con un traje gris, con un vestido rojo, con una sonrisa que todo lo ilumina, que todo lo deslumbra. Ella, que es la biblioteca, que comienza preguntándose en qué sueñan las bibliotecas cuando las bibliotecas cierran sus puertas y ya no hay lectores. Ella, que es la biblioteca, que busca los olores de un tiempo que es el suyo y es también el de todos nosotros. El tiempo de los trescientos años que ha vivido y los cientos y cientos de años que le quedan por vivir.
Hablo de una biblioteca, de nuestra biblioteca, de la Biblioteca Nacional de España. Y hablo de Ella, de esa biblioteca a quien Andrea Soto le presta su belleza, su voz, su sonrisa en el espectáculo teatral “El libro infinito, Biblioteca Nacional de España, tres siglos”, que se presentó la semana pasada en el Salón de actos de la BNE en el centro de Madrid, y que estará en cartelera todos los viernes hasta el mes de abril, a las siete de la tarde. Todos los viernes de manera gratuita para seguir celebrando el Tricentenario de nuestra Biblioteca Nacional.
En “El libro infinito”, José Ramón Fernández nos presenta a un personaje histórico, Felipe V, el melancólico Felipe V dando el visto bueno a la creación de la Real Biblioteca Pública en el año 1711, y a su zaga, tres genios de nuestra cultura que son también los tres nombres de tres de las salas más importantes actualmente en la Biblioteca Nacional de España: Francisco de Goya (la sala de Dibujos y Estampas), Francisco Barbieri (la sala de Música) y Miguel de Cervantes (la sala de Manuscritos y Libros antiguos).
Gracias a la dirección escénica de Fefa Noia, con las pocas posibilidades escénicas que tiene un salón de actos como el de la BNE, vemos aparecer a estos personajes que hablan de su historia pero que dialogan también con las joyas que se atesoran y que se custodian en estas salas. Cinco actores que dan vida no a cinco personajes sino a la historia de nuestra riqueza patrimonial, a una riqueza que en el programa “Viaje al interior de la cultura”, de donde proceden muchos de los monólogos, ponía delante de los espectadores los libros originales y ahora lo hace con proyecciones; una riqueza que permite comentarios geniales… ¡qué jodido chaval!, exclamará Goya al hablar de Pablo Picasso… o ¡cómo me gustaría poder hablar de libros con Jorge Luis Borges!, confiesa un poco triste Miguel de Cervantes. José Ramón Fernández le ha puesto voz a un tiempo que es historia pero que son también colecciones y joyas, objetos que nos devuelven nombres propios de nuestro pasado… y al mismo tiempo, somos nosotros.
Y cinco magníficos actores les regalan su cuerpo, sus voz, sus sentimientos, todos ellos geniales. Andrea Soto (la increíble Biblioteca, esa Ella que se deja abrazar y querer por cada uno de ellos, por cada uno de nosotros), Óscar de la Fuente (oh, oui, oui, en su papel de Felipe V, un atormentado Felipe V que añora su Francia, su verdadera vida), José Luis Díaz Rupérez (con una voz potente y vital como los pinceles de Francisco de Goya a quien encarna), Miguel Barderas (el madrileño, gato y chulesco Francisco Barbieri) o David Luque (a quien le toca cerrar encarnando a Miguel de Cervantes, a un Miguel de Cervantes recién llegado de Lepanto y del cautiverio, un Miguel de lágrima fácil y de voz honda y humana).
“El libro infinito” es mucho más que una obra de teatro: es memoria y es homenaje a nuestra cultura, a ese país, en que, como indica José Ramón Fernández en más de una ocasión en su obra, todos quisiéramos vivir: un país de soñadores, de emprendedores, de vitalistas.
Fefa Noia, la directora escénica, dice en el programa de mano: “Hay lugares en los que no puede pasarnos nada malo, lugares en los que nos sabemos protegidos. No por la presencia de guardianes de nuestra integridad física, sino de nuestra integridad mental, que suele ser mucho más frágil, mucho más difícil de alcanzar, y no digamos de conservar. Si me pidiesen que mencionase alguno de esos lugares, hablaría de la casa de mis padres, el patio de butaca de un teatro, una sala de cine y la Biblioteca Nacional de España”.
¿Y qué mejor lugar cuando la BNE se convierte en una sala de teatro donde se proyecta nuestra historia cultural, nuestro “cimiento de país”? Todos los viernes, a las siete de la tarde, el milagro está servido en la Biblioteca Nacional de España con “El libro infinito”. No se lo pierdan. Abril, como quien dice, está a la vuelta de la esquina y esta magnífica producción de la Biblioteca Nacional y de Acción Cultural Española es realmente “imperdible”. |