Ni soy el espíritu de la navidad futura, ni el título es una errata, ni me he vuelto majareta, simplemente constato a mi alrededor que mucha gente es dichosa en su vanidad y con eso parece bastarles aunque mientras tanto los problemas siguen creciendo.
La imagen de una ministra compungida recorre el mundo mientras el bocado a las pensiones ya se ha perpetrado, quizás por eso lloran los cocodrilos, no es plato de gusto devorar al ñu más débil de la manada, su carne ya no es fresca y sin embargo es la más accesible. Imagino la dura jornada de la nueva responsable de trabajo italiana, agotada tras su salto a la fama global, recibiendo llamadas de apoyo para mitigar su profunda pesadumbre, intentando secar sus lágrimas con una sortija de brillante que parece querer rechazarlas.

Es probable que incluso telefonease algún portavoz Vaticano para ofrecer soporte espiritual y de paso agradecer personalmente a su gobierno no tocar ni uno sólo de los privilegios fiscales de la iglesia. Celebérrima al instante aunque infructuosa su arrogancia.
Mientras tanto dos "grandes" líderes saltan a escena con aire solemne arropados por dos banderas que más que abrazar, parecen querer ahogar a la europea.

Son ellos, sempiternos salvadores de Europa, quienes, deslumbrados por los focos y engrandecidos por el destino, desean dejar su vana y vanidosa huella en los libros de historia siendo quizás conscientes de que su futuro cercano les alejará de cámaras y portadas. El resto, observan temblorosos sin conseguir desprenderse de la arrogancia que hunde el proyecto europeo, sin darse cuenta de que conseguir peso específico para un país concreto es lo contrario que buscar una unión próspera, duradera e igualitaria.
Y no me puedo olvidar, de los que en vez de fracaso ven oportunidad, de aquellos que no pueden resistir la llamada de un escaparate masivo para hacer exactamente lo contrario a lo que se espera de ellos. Curiosa forma de construir socialismo es pretender difundir tus ideas mediante un test psico-técnico de escaso valor ideológico.

Amplias sonrisas en una imagen cenital desconcertante de quién parece reclamar a un dios inexistente la atención que creen merecida tras años de entrega a una organización blindada. Pobre premio el ser cabeza de ratón pudiendo ser cola de león. Escasa juventud la de quien antepone la P de partido a la S de sociedad, una sociedad que pide a gritos una renovación valiente de ideas con las que poder sentirse identificados. Si no tenemos nada nuevo que decir mejor no decir nada.
Probablemente sea injusto juzgar a todos por igual sin conocer previamente sus intenciones, pero quién busca su minuto de gloria, quién sucumbe ante la indudable seducción de los focos debiera comprender que todo espectáculo requiere una crítica y que aquí críticos somos todos. Tampoco parece justo que debamos todos arder en una hoguera alimentada por vuestras vanidades.
Este es el mundo en el que nos ha tocado vivir, un mundo tan veloz como vacuo. Al no estar exento de vanidad, no pretendo tirar la primera piedra tan sólo recordar que no es vano, que vano sea sinónimo de vanidad.
Aun sospechando que la humildad nos acerca más a la utopía del bien común y por lo tanto a la felicidad, os deseo una feliz vanidad, disfrutadla mientras podáis. |