Crónica de una inauguración
por José Manuel Lucía Megías

MIÉRCOLES 14 DE DICIEMBRE DE 2011 A LAS 12:03 HORAS
Opinión > Cultura
 
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A las doce en punto. Todo marcha con una puntualidad endiablada en el momento en que se pone en funcionamiento la Casa del Rey. Habían indicado que a las doce en punto esperáramos a los Reyes a las puertas de la exposición “Biblioteca Nacional de España: 300 años haciendo historia”, y a las doce en punto aparecieron los Reyes en la puerta cargados con una sonrisa.

 

Atrás habían dejado los saludos y los acordes de la Marcha triunfal que Barbieri compusiera para celebrar la primera piedra del edificio actual de la BNE en 1863, y que desde entonces no había vuelto a ejecutarse. Detrás de los Reyes, en un séquito variado y variopinto se daban cita Carlos Dívar, Presidente del Consejo General del Poder Judicial, Ángeles González Sinde, Esperanza Aguirre, Glòria Pérez Salmerón, directora de la BNE y Charo Otegui, Presidenta de la AC/E., y decenas de personas que esperaban ansiosas seguir los pasos de los Reyes a través de las vitrinas, de las salas de la exposición.

 

A las doce en punto. Dos ensayos generales el día anterior y aquella misma mañana nos habían marcado las pautas a seguir, el protocolo de los saludos, el ritmo de la visita. Protocolo que se rompió en la primera sala, con la presidenta de la Comunidad de Madrid hablando de los códices de Leonardo da Vinci, los únicos que se conservan en España y que se custodian en la BNE, o las muestras de aprobación del Rey al saber que desde su fundación en 1711, la Real Biblioteca de su antepasado Felipe V nació con la voluntad de ser pública, de abrir sus puertas para que todo estudioso pudiera conocer, estudiar y divulgar los ricos fondos allí albergados.

 

Como comisario de la exposición, es un placer comprobar cómo se ha conseguido el efecto que habíamos planteado al inicio de la misma: un viaje en el tiempo, un volver a los primeros años del siglo XVIII cuando abrió las puertas la Real Biblioteca en el Pasadizo de la Encarnación (donde hoy está la Plaza de Oriente en el corazón de Madrid), exponiendo una (pequeña) parte del rico patrimonio con el que nació la que, desde sus orígenes, ha sido una de las bibliotecas más importantes del mundo: los fondos bibliográficos del propio Felipe V traídos de Francia (a los que años después se sumarán los de su segunda esposa, Isabel de Farnesio), los de los Austria, albergados en la Torre Alta del Alcázar o las de las bibliotecas incautadas a nobles que habían apoyado al archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión, o la permuta de libros con algunas bibliotecas monásticas, que permitió completar colecciones a lo largo y ancho del siglo XVIII. Códices medievales (el Beato de Liébana, La alabanza de la Santa Cruz de Rabanus Maurus o uno de los 20 breviarios de Isabel la Católica), manuscritos autógrafos (como los dos citados códices de Leonardo da Vinci, esos cuadernos de trabajo de un genio que se enfrentaba a la perfección con sus dibujos, con sus escritos), incunables (Manipulus Curatorum de Guido de Monte Rochen), libros impresos (Biblia Políglota Regia, impresa por Plantino bajo la atenta mirada de Arias Montano), atlas (como el magnífico Espejo de navegantes de Lucas Jansz Waghenaer), o libros de música como el Libro de cánones enigmáticos y misas de Juan de Vado, que sirvió de método didáctico par el rey Carlos II)… todo ello puede apreciarse en esta primera sala que nos sitúa en los orígenes, en el principio de la Biblioteca Nacional de España, en sus orígenes ricos en fondos, que no han dejado de aumentar desde entonces, sobre todo a partir del siglo XIX, con las desamortizaciones, la compra y donaciones de bibliotecas y colecciones y el depósito legal.

Poco a poco, el grupo inicial se fue disgregando y junto a los Velázquez, Murillos, Goya, Fortuny, Julio González, Durero, Rembrant, Carmona, Piranesi, Chillida o Miró que pueden apreciarse en las paredes de dibujos originales y de estampas, iban apareciendo cabezas que se preocupaban por la salud del Rey o que comentaban con la Reina algunos detalles de diferentes piezas.

 

Detalles que, en ocasiones, propiciaron más de una broma, como en el momento en que, al pasar por la rica colección de carteles de cine de la BNE, la reina se paró ante el cartel de la película de Berlanga “Patrimonio nacional”, donde, a partir del famoso retrato de Goya de la familia real de Carlos IV, aparecen todos los personajes sin cabeza, y la reina, entre risas, le preguntó a González Sinde la razón de esta imagen.

 

Treinta minutos después, algo retrasados del horario fijado al inicio, los Reyes abandonaban la Biblioteca Nacional de España, dejando atrás elogios a la exposición y, sobre todo, su admiración por la riqueza y la variedad de los ricos fondos que alberga la BNE, que es el patrimonio de todos los españoles.

 

Media hora después se fueron los Reyes dejándonos a los responsables de la exposición con una sonrisa en los labios, pues habíamos cumplido con nuestra finalidad: crear un espacio abierto para que todos los ciudadanos que puedan acercarse al corazón de Madrid puedan conocer un poco mejor la Biblioteca Nacional de España, su historia, sus fondos, su complejidad de estructura y sus retos y desafíos, tanto del pasado y del presente como del futuro. Una exposición que estará abierta hasta el 15 de abril del próximo año, y que también podrá ser disfrutada por todo en una visita virtual así  como en una aplicación informática que puede descargarse en App Store y en Android Market.

 

“La Biblioteca es tuya” es el lema de los actos que conmemoran el Tricentenario de la Biblioteca Nacional de España… ahora con la exposición “BNE: 300 años haciendo historia” se ha abierta una puerta para poder conocerla un poco más por dentro.


Comentarios
Angeles
miércoles 14 de diciembre de 2011 a las 19:11 horas
Yo participé en la inauguración que de la exposición se hizo por la tarde y recomiendo a todos su visit. Una muestra variopinta y sorprendente de principio a fin. Enhorabuena José Manuel.
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