ALONSO GUERRERO
Parece que Wells acertó al anunciar que la humanidad estaría dividida en dos razas, los Eloi y los Morlocks. Unos serían la comida, otros los comensales. Los pasos hacia esa situación, después de un siglo de conquistas sociales, están empezando a darse. Pensábamos que se había superado el marxismo, y ahora resulta que el único que lo tergiversó fue Stalin. Los últimos análisis sociológicos, seguramente politizados, dicen que cada vez hay más distancia entre ricos y pobres. Y que la movilidad social, a pesar de que hayan dejado que David Bisbal se travista de caballero Lohengrin en el Teatro Real, es cada vez más impracticable, como si la vida fuese un vídeo electoral del PSOE.
La política está empeñada en que los pobres lleguen en patera al Corte Inglés, y que sea salvamento marítimo quien los devuelva a sus pisuchos con hipoteca y a sus listas del Asnef. Basta ver a Rubalcaba, retratado junto a Lissavetzky en la orla universitaria, para darnos cuenta de que los llamados a gobernar se agrupan por clases desde la más tierna infancia. Las fronteras que el neoliberalismo está imponiendo son cada vez más claras. Es preciso pertenecer a un grupo con principios: o eres de los que comen Ferrero Rocher en las recepciones del embajador, o de los que allanan palacetes en Malasaña. O eres de los que indignan, o de los indignados.
El East End que describió London en La gente del abismo parece cada vez más cercano. No hay privilegios para todos, ni democracia, en un país con el 22% de parados. Para que los haya, ese 22% tendrá que aceptar la condición de muertos vivientes. Vuelven las clases de El capital y la segregación ideológica de Mein Kampf. Jamás hemos vividos unas elecciones generales más opacas. En definitiva: ricos cada vez más ricos, y pobres cada vez más pobres. Dos sistemas educativos y sanitarios. Banqueros y okupas. Capitalistas en quiebra y socialistas sin socialismo. Madrid se está convirtiendo en un Gattaca político. El único modo de cambiar de clase va a ser comprar ese aparatito con la grabación del papa Wojtyla recitando el rosario. Sólo son 60 euros.
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