La universidad, en la trama de la SDAE
por Juan sin Miedo

LUNES 3 DE OCTUBRE DE 2011 A LAS 10:19 HORAS
Opinión > Política
 
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Mucho y nada bueno se habla y se hablará de los tejemanes que una parte de la cúpula de la SGAE ha perpetrado durante años, con el amigo Teddy cantando por soleares con sus fieles Neris, sus altruistas Senantes y sus meritorios Farrés. Pero no tanto se ha indagado sobre los colaboradores necesarios de sus presuntas tropelías.

 

Y de eso vamos a hablar hoy, de varios personajes de lo más inquietante que a más inri proceden del ámbito universitario, donde tantos excesos se comenten a diario y tan esperanzas se diluyen en un magma de nepotismo, pose, indolencia y muy poco sentido del servicio público. Ahí va, agárrense los machos.

 

José Luis Rodríguez Neri, ex director general de la SDAE, filial digital de la SGAE, y al que las investigaciones sitúan al frente de la trama empresarial utilizada para defraudar millones de euros a la entidad gestora de los derechos de autor en España, no actuaba solo. Junto a él su socio y amigo  el profesor universitario Rafael Ramos, y las mujeres, hijos y hermanos de unos y de otros, según se extrae de sumario del caso que investiga el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz.

 

 

Neri y Caco, una parejita de hondo protagonismo en un sumario terrorífico

 

Mucho se ha hablado de Neri y relativamente poco de su segundo, del doctor ingeniero industrial y profesor del Departamento de Organización de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, Rafael Ramos, quien en su declaración confirma “que compagina la docencia con su empresa Microgénesis, donde desarrolla la mayor parte de su actividad diaria”. Y lo dice tan pancho pese a ser -y cobrar- como profesor titular universitario.

 

Según se desprende del sumario y del análisis de la documentación aportada por la Agencia Tributaria,   Microgénesis –empresa de Neri y de su socio el profesor universitario Rafael Ramos- hacía de punto de distribución de los fondos que desde la SGAE llegaban a la SDAE y que finalmente terminaban en otras empresas también vinculadas a Neri.

 

Tanto Neri como Ramos, sus respectivas parejas, María Antonia García Pombo y Elena Vázquez Serrano, y sus hijos llevaban “un nivel de vida muy elevado gracias a los fondos que proceden, entre otros, del cobro del canon digital”.

 

 

 

El sumario destapa el nombre de otro hombre del entorno universitario: Antonio Hidalgo, ingeniero industrial, compañero de Ramos en el Departamento de Organización de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid y socio de Ramos a través de la empresa Sciralia.

 

Según se desprende del sumario, Ramos e Hidalgo, hombres de Neri, utilizaron sus puestos universitarios para generar más ingresos. En su testimonio sobre Sciralia, Hidalgo declaró que “se creó “(…) con el objeto de prestar servicios desde la Universidad para participar en aquellos proyectos a los que no podían concurrir como órgano universitario (…) Además se estaría empleando a esta sociedad para justificar la percepción de un sueldo (…) de aproximadamente 1.000 €  por parte de Raquel TORALLA (mujer de Hidalgo) y para cargar gastos de carácter estrictamente personal del Sr. HIDALGO, como son los de telefonía, viajes y tarjetas de crédito”.

 

 

 

Por su parte, el contable de las empresas de Neri y Ramos, Celedonio Martín, deja intuir que Ramos facturó a la Universidad Politécnica donde trabaja como docente por trabajos no realizados y declaró que “puede ser, es que no lo recuerdo, que alguna de las empresas no prestaba servicios y que sólo estaba para pagar el salario del señor Ramos”.

 

Según el sumario, Ramos, en una de las conversaciones que mantiene a la hora de pedir un préstamo comenta que “además de los aproximadamente 100.000 euros anuales que ingresa de modo “real”, tiene otras fuentes de ingresos que no especifica. Obviamente hay más dinero porque yo saco la pasta de otras formas”, lo que a juicio de la investigación podría ser una referencia a la operativa de las empresas que él mismo dirige.

 

Por otro lado, la mujer de Rafael Ramos, Elena Vázquez Serrano, al frente de varias de las empresas de la trama, manifestó que “firmó cosas de su marido sin saber qué firmaba y negó percibir ningún sueldo por parte de algunas de las sociedades en las que figura como administradora”.

 

Según se recoge en el sumario, Vázquez “nunca está enterada de nada. Sabe que está casada, hace lo que le manda el marido en todo momento y se dedica a hacer compras sin saber de dónde y cómo le llega el dinero”.

 

El crisol que se percibe en esta trama es impresionante, una mezcla de zangolotinismo laboral y ansias económicas a costa, nada menos, de la universidad pública y de ese 'impuesto indirecto' que es el canon digital tan contestado legal y socialmente. La pregunta que cabe hacerse es si alguien sabía en la Politécnica de estas andanzas y qué hizo al respecto.


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