JAVIER VÁZQUEZ
Durante el mes de agosto se han celebrado en Madrid las Jornadas Mundiales de la Juventud, acontecimiento de ámbito universal que aglutina a cientos de miles de peregrinos de todo el mundo. Cada tres años (dos en la próxima ocasión) se celebra este fasto augurado, organizado y patrocinado por la Iglesia Católica.
Durante las semanas previas a las JMJ y durante los días de su celebración hemos visto en determinados medios de comunicación y en las redes sociales opiniones diversas, unas a favor y otras en contra de la celebración de las Jornadas en Madrid...
Las opiniones contrarias a las mismas se centran en argumentar que el coste es excesivo para un país en crisis como el nuestro, así como en criticar desmesuradamente el apoyo institucional del Gobierno de la Nación, de la Comunidad de Madrid y de los Ayuntamientos de nuestra Comunidad, refugiándose en la aconfesionalidad del Estado consagrada en el artículo 16 de nuestra Constitución.
50 millones de € han costado las JMJ, financiados, en su inmensa mayoría por los propios peregrinos, por aportaciones de particulares y empresas y por los voluntarios que, lejos de participar desinteresadamente, han aportado al menos 150€ cada uno para la causa.
Evidentemente, también se ha contado con la financiación indirecta de las Administraciones, en forma de abaratamiento de transportes públicos, cesión de pabellones deportivos a modo de albergues o establecimiento de entradas libres en los museos de titularidad estatal. También la financiación privada ha aportado su granito de arena. Fuertes empresas españolas se han involucrado participando económicamente o en especie en las mismas pero... también los pequeños empresarios ayudan, permitiendo que los peregrinos puedan alimentarse en los establecimientos adheridos por un módico precio... vamos, que dinero, dinero, las JMJ no le han costado un euro al contribuyente madrileño y español.
Es más, no todos los establecimientos que hubieran querido han podido adherirse a las Jornadas, sólo aquéllos que tuvieran todos los papeles en regla podían hacerlo; el control de la organización ha sido exquisito y riguroso en este sentido.
No obstante lo anterior, las JMJ han dado mucho más de lo esperado, según estimaciones de la Comunidad de Madrid, los peregrinos, voluntarios, integrantes de los medios de comunicación acreditados y visitantes en general se han dejado más de 150 millones de euros en nuestra región, cifra que, en un mes de agosto, se antoja impensable recaudar en condiciones normales en el período de aproximadamente una semana.
Pero es que para un país como España, básicamente turístico por excelencia, que necesita de grandes eventos para promocionar las bondades de sus ciudades, su arte, sus monumentos y, en definitiva, su patrimonio histórico y cultural, la proyección que han dado las Jornadas ha sido de una magnitud extraordinaria, tan extraordinaria que no podemos dedicarnos a “cogérnosla con papel de fumar” a la hora de criticarla, puesto que, no nos olvidemos, en buena manera nuestro país “come” del turismo y sus derivados…
Un buen amigo, dueño de un establecimiento alcalaíno acogido a las Jornadas me ha dicho que el "menú del peregrino" le va a reportar los beneficios estimados de julio y agosto y digo yo: ¿no es eso lo que hace falta en estos tiempos???
No sólo las JMJ son un perfecto escaparate para Madrid, su Comunidad y, por ende, para España, sino toda manifestación artística, deportiva o cultural que se precie. Todo es bueno para reactivar nuestra maltrecha economía y si se celebran las JMJ en agosto (recordemos que es el mes en el que "no te puedes ni morir...") y dejan un buen puñado de euros en las arcas de los empresarios madrileños, pues, bienvenidas sean...
Al fin y al cabo llevamos muchos años solicitando (y no consiguiendo) unos Juegos Olímpicos para Madrid que harían un efecto parecido. Cuando se celebra en nuestro país un gran concierto o una importante manifestación cultural, todos nos congratulamos, pero además...
Además daba gusto ver esa marea de chavales y chavalas por nuestras ciudades, alegres, educados, sin una mala cara, sin un mal gesto, sin un mal exceso, transmitiendo alegría a los vecinos y dando lecciones de cordura, civismo y saber estar en "corral ajeno..."
Por eso entiendo cada vez menos a los detractores de las Jornadas, ¿que son de la Iglesia? y qué??? ¿que somos un país aconfesional? claro, lo dice la Constitución, ¿que la gente reza en la calle? Bueno, también vemos a los “hare krisna” y nos comemos los pastelillos… La Constitución, repito, establece la aconfesionalidad del Estado (ya no nos tienen que bautizar “por decreto”) pero también consagra la libertad religiosa y de culto...
Ya saben, futbolero y madridista confeso soy (malos tiempos, lo sé…) y... nadie dijo nada de nada cuando España entera celebró la consecución de la Eurocopa primero y del Mundial después (con graves incidentes provocados por "grupos incontrolados...") cuando el Real Madrid gana un trofeo importante y mete a 800.000 personas en Cibeles (con sus disturbios...) Todo parece bueno, pero con las JMJ nos tenemos que rasgar las vestiduras...
Pero no sólo nos rasgamos las vestiduras, no, lo peor es que el debate más importante en ciertos medios de comunicación y en las redes sociales es la legalización de la manifestación “laica” coincidiendo, curiosamente, en horario y recorrido con los actos de las Jornadas…
Suscribo las palabras de Voltaire, cuando dijo: “amigo, no estoy de acuerdo con lo que piensas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlo” efectivamente, los “laicos”, “laicistas”, “aconfesionales”, ateos” y demás detractores de las Jornadas tienen todo el derecho del mundo a expresar su desagrado, pero como dice la propia Constitución (que parece que la invocamos sólo cuando nos favorece…) salvaguardando el mantenimiento del orden público…
Expresiones tales como “la Puerta del Sol es nuestra”, “os vamos quemar como en el 36”, “a rezar a la Iglesia” y otras lindezas, en tono agresivo, acompañadas de coacciones, vejaciones, gritos, insultos y demás “regalos” contra los pacíficos participantes en la Jornadas no pueden ser amparadas por la libertad de manifestación ni por la libertad de expresión, el orden público debe imperar, y si ese orden puede ser, ha sido o es vulnerado por quien sea, los poderes públicos tienen el deber de impedirlo, que también lo dice la Constitución, pero claro, “de esos barros salen estos lodos” en relación a la actitud laxa y permisiva del Ministerio del Interior y de la Delegación del Gobierno cuando el despropósito del 15-M en la Puerta del Sol…
Capítulo aparte es el de los voluntarios… no quiero dejar de escribir sin dedicarles unas palabras de sincera y verdadera admiración. Como dije antes, han pagado 150€ por participar, no tenían derecho al menú del peregrino (en sus mochilas no se incluían los vales) ni a los descuentos en transportes, han pagado de-su-bolsillo las comidas, los viajes, el combustible… pero es que, además, se han dejado la piel en albergues, en iglesias, con grupos de peregrinos, en hacer desayunos en sus casas, en tiempo, en noches casi sin dormir, en limpiar las estancias donde se alojaban, en… abandonar sus trabajos y sus familias laborando para hacer la estancia agradable a los que han venido a visitarnos, haciendo “España” y “Madrid” para todos nosotros…
Las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido, en definitiva, un ejemplo de convivencia y cohesión de la Iglesia, vale, pero también una espectacular proyección turística de orden mundial y una importantísima inyección económica para nuestra Región, amén de una demostración de que Madrid está capacitada para albergar una magna manifestación pacífica del tipo que sea, con todos sus inconvenientes e incomodidades, pero con mucho más beneficio que coste…
Ah, se me olvidaba, el que suscribe estas palabras es agnóstico, pero no por ello descerebrado… |