Sidney Lumet falleció el sábado 9 de abril. Nacido en 1924, llegó a la dirección cinematográfica en los años cincuenta del siglo XX procedente de la dirección de series de televisión, como un buen número de directores de la época: Sam Peckinpah, John Cassavetes, Arthur Penn, Sydney Pollack, Franklin Schaffner o John Frankenheimer. Quizá por proceder del que entonces era un medio nuevo que se inventaba sobre la marcha y a toda velocidad no han tenido en general excesivo reconocimiento crítico individual, ni mucho menos han sido considerados como grupo generacional, al contrario que sus contemporáneos a este lado del Atlántico (Godard, Truffaut, Rohmer, Chabrol, Resnais) que pasaron a la dirección desde otras plataformas: la crítica y el guion cinematográficos.
Por su primer largometraje, el claustrofóbico, intenso y liberal, en el sentido político del término en los Estados Unidos, Doce hombres sin piedad (1957), adaptación de un telefilme con guion de Reginald Rose, que ya había dirigido en 1954, Lumet obtuvo la primera de sus cinco candidaturas al Oscar por mejor director. En 2005 recibió el Oscar honorario por toda su carrera. Entre medias fue nominado por Tarde de perros (1975), un atraco único protagonizado por Al Pacino y el muy prematuramente desaparecido John Cazale (El padrino, La conversación, El cazador); por Network, un mundo implacable (1976), con guion de Paddy Chayefsky, una mirada negrísima a las cadenas televisivas y su lucha por las audiencias (capaces de provocarle un orgasmo ganador del Oscar a Faye Dunaway) que ha mutado con el paso del tiempo de ciencia-ficción a realismo sucio por el asesinato en directo de un presentador (Peter Finch, ganador a título póstumo del Oscar como actor protagonista); por el policíaco El príncipe de la ciudad (1981); y por su mejor obra, el drama judicial Veredicto final (1982), con un excelente guión de David Mamet y con Paul Newman en el papel de su vida, como abogado borracho en busca de su última oportunidad.
Además Lumet, que tuvo una larga y prolífica carrera en la que sus mejores momentos eran realmente buenos, tiene obras muy interesantes como Asesinato en el Orient Express (1974), adaptación llena de estrellas de la popular novela de Agatha Christie; La noche cae sobre Manhattan (1996), un regreso a las relaciones entre crimen, policía y política; o En estado crítico (1997), sobre médicos, pacientes en coma y pleitos por herencias. Más inolvidables que interesantes son La colina (1965), película en blanco y negro sobre una cárcel militar en la Segunda Guerra Mundial más cercana a Sísifo y a Orwell que a la épica de El puente sobre el río Kwai o La gran evasión; Serpico (1973), una lucha solitaria contra corrupción policial en Nueva York, de nuevo con un gran guion (Waldo Salt y Norman Wexler) y un gran protagonista (Al Pacino) y Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), su última película.
Por la concatenación de la Semana Santa y las vacaciones de primavera el próximo Desenfocado será el 20 o el 27 de mayo. Ya veremos.
Grados de separación
El 6 de junio de 2008 (si no fallan mis cálculos) apareció el 'Desenfocado' en tinta y papel dedicado a Antes que el diablo sepa que has muerto. Como no puedo poner un hipervínculo, decía allí: "Antes que el diablo sepa que has muerto, estrenada en España con bastante retraso, puede incluirse sin duda entre sus obras más destacadas. Para solucionar de raíz sus crecientes problemas económicos, dos hermanos que trabajan en una gran inmobiliaria neoyorquina deciden nada menos que atracar la joyería de sus padres, pero lo que parecía un golpe seguro se complica con consecuencias fatales. Lumet impone un ritmo imparable en el que todas las escenas sirven para aportar algo a la construcción de la narración, que se divide, con saltos temporales, en tres líneas que corresponden a los dos hermanos y a su padre. Los intérpretes son Philip Seymour Hoffman, como hermano mayor desfalcador, drogadicto, resentido y manipulador; Ethan Hawke, como el fracasado, acomplejado y manipulable hermano pequeño; y Albert Finney como el padre dominante que no quiere al hijo que más se le parece. Estando todos a un gran nivel, la actuación de Hoffman es de las que dejan boquiabierto. Es capaz de resultar peligroso, desesperado, patético, hipócrita, indefenso, apasionado, o lo que requiera la escena siempre sin recrearse y manteniendo la coherencia del complejo personaje. A redondear el producto contribuye la discreta y sutil banda sonora de Carter Burwell (Dioses y monstruos, La trama, Fargo), colaborador habitual de los hermanos Coen."
Me faltó espacio (¿y/o tiempo?) para destacar también la interpretación de Marisa Tomei como esposa de Hoffman y para recomendar verla en programa doble con otra de atracos con fragmentación temporal: Reservoir Dogs. No suele decirse que posiblemente lo más interesante de ésta es que es una película sobre un atraco que nunca vemos y del que solo conocemos los fragmentos contradictorios que cuentan los participantes. |