Aguirre y la cólera de Cayetana
por Uno de la Redacción

MARTES 22 DE MARZO DE 2011 A LAS 17:37 HORAS
Opinión > Cultura
 
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PEDRO P. HINOJOS

 

Fue un invitado fijo a las ceremonias de entrega del premio Cervantes en la Cisneriana. Y nunca decepcionó. Sacerdote jesuita, teólogo, editor y gestor cultural para distintos gobiernos nacionales, Jesús Aguirre, decimoctavo duque de Alba, era uno de los animadores de los saraos en el patio Trilingüe, tan venidos a menos de unos años acá. Siempre guardaba una sabrosa declaración para los periodistas y desplegaba sus artes (las malas y las buenas) de intelectual de salón en los corrillos principales. En uno de esos lances arranca precisamente Aguirre, el magnífico, una biografía del personaje obra del escritor Manuel Vicent.

 

En concreto, durante el aperitivo posterior a la entrega del Cervantes a Torrente Ballester, el 23 de abril del 86. Cuenta Vicent cómo quedó unido su destino al de Aguirre con don Juan Carlos de testigo: el duque le cogió del brazo, se abrió paso entre la multitud, se plantó ante el rey y le dijo: “Majestad, le presento a mi futuro biógrafo"; y el monarca le contestó: “Coño, Jesús, pues como lo cuentes todo, vas aviado". Asegura Vicent que la frase es prácticamente literal: solo ha cambiado el taco.

 

Para la viuda de Aguirre, en cambio, todo el libro es un insulto. Cayetana de Alba ha hecho pública este fin de semana una dura carta contra Vicent y el retrato que ha hecho de su difunto esposo y de su memoria. Dice la duquesa no reconocer al hombre sensible, culto, cariñoso, vital y generoso que fue Aguirre. Y se comprende. Primero por el amor que le profesaba y los difíciles tragos que soportaron tras su unión; sobre todo ella, aristócrata sin parangón en Europa rebajada a monigote de la prensa rosa en los últimos años. Y después por la complejidad y los claroscuros de Aguirre, coleccionista de máscaras en el carnaval que ha sido la vida política, social y cultural de este país durante las últimas décadas. Nada que ver, no obstante, con los raptos genocidas del tercer duque de Alba y su tribunal de la sangre, de tan amargo recuerdo en los Países Bajos allá por el Siglo de Oro. Aunque ni esta comparación a favor podrá aplacar la cólera de la duquesa.


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