
ALONSO GUERRERO
Lo ocurrido en Japón vuelve a hacer sonar una campana en medio de la noche, e interrumpe nuestra pesadilla de crisis global para que veamos lo que es en realidad: una ilusión sin importancia. Las fluctuaciones del dinero, las infinitas corrupciones de la clase política, los trozos que nos arrancan los mercados. Todo pasa a segundo plano, incluso nos produce estupor que un alto cargo del Gobierno japonés aparezca en televisión para hablar de la evolución del índice Nikkei, o del cambio dólar/yen. Japón ha hecho que nos olvidemos de Libia, que olvidemos incluso la incapacidad de Occidente para tomar decisiones que no respondan a los intereses de Occidente. Por primera vez, en tiempos de paz, en Japón vemos colas de refugiados en medio de la nieve, vemos la tenebrosa urbanidad con que se reparten equitativamente la radiación atómica.
Mientras tanto, nosotros a lo nuestro. Las compañías aéreas europeas incrementan sus precios para sacar a la gente de Japón: la oferta y la demanda. El gato que duerme en el cojín de Estrasburgo, y el que duerme en el edificio de la ONU, bostezan y mueven la cola. De nuevo, la sombra de los liquidadores de Chernobyl impone a la señora Merkel una estrategia para las elecciones de su país, y a Zapatero el desmantelamiento de Garoña. Pequeñas decisiones sin importancia, si tenemos en cuenta el silencio que recorre el mundo, tan parecido al que se respiraba frente a las puertas de Mordor antes de que escupieran a sus ejércitos de orcos.
Ese silencio revela lo poco importante que es todo lo demás, lo nimios que son los detalles informativos. La gente sólo habla de protocolos. Los protocolos se ponen en marcha sin que una línea clara separe a vivos y muertos. Nadie sabe qué está ocurriendo en la central de Fukushima. Sólo sabemos que, esta vez, la fisión atómica no es cosa de científicos. “Apocalipsis", ha dicho el comisario europeo de la energía, y no es grandilocuente, si tenemos en cuenta que los Apocalipsis a los que estamos acostumbrados son bastante pequeños desde el 11-S, o el 11-M. Ya es hora de que alguno de ellos nos enseñe algo.
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