Desamor
por Uno de la Muga

JUEVES 3 DE MARZO DE 2011 A LAS 12:12 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Pedro Salinas Madrid  1891 - Boston 1951

 

 

Cuando tú me elegiste...

Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.”

 

Uno se plantea si habrá una epidemia de desamor.

 

Uno ha recibido últimamente la visita de algunos allegados rebosantes de desamor, con las autoestimas destrozadas y la tristeza esculpiendo todo su cuerpo. Se puede palpar el dolor que les atraviesa de arriba abajo, hasta los abismos profundos de desesperanza, próximos a los cuatro versos finales del poema de Pedro Salinas.

 

Cuando el desamor atrapa al ser entre egoísmos, el caos amenaza; los monstruos crecen para devorarle por dentro. Los dulces caldos de la ilusión, abiertos al roce cotidiano,  se han picado de tal manera que avinagran las expresiones.

 

Qué puede hacer uno más que ofrecer un abrazo comprensivo, escuchar y respetar la tragedia ajena. Tragedia necesaria en su discurso vital para aprender a descubrirse, a través de lo que entrega y recibe de los demás.

 

Abierta la caja de Pandora a fuerza de recelos, cuando en el fondo no queda ni la esperanza, no queda otra que despedirse con toda la dignidad que los rencores lo permitan; repartir justamente lo acumulado en el tiempo compartido, restañar las heridas, asumir errores para no repetirlos en próximas relaciones y darse otra oportunidad. Como canta otro Pedro, Pedro Ruy Blas en uno de sus temas, “Solo aprendemos a amar con el tiempo. Solo aprendemos a amar cuando todo acabó”.

 

En todo caso, siempre es más esperanzador vivir solo, abierto a encontrar el amor, que vivir acompañado en una batalla permanente con un enemigo en la guarida. Si no la felicidad plena, la vida satisfactoria está a nuestro alcance. Tenemos derecho a aspirar a ella. Solos o en compañía complementaria y cómplice.

 

La soledad es otra opción a permanecer destruyéndose en una espiral de desprecios mutuos, con reproches permanentes y la desconfianza como escudo.

 

Lo terrible del caso es que escisiones tan delicadas, propias de finos cirujanos con bisturíes cauterizantes,  los enemigos, en el hogar destruido, suelen hacerlas a tirones y mordiscos, para mayor perjuicio de sus cuerpos y de sus mentes.

 

El colmo del drama llega cuando hay criaturas por el medio que sufren los daños colaterales de las batallas intestinas.


Comentarios
vic
viernes 11 de marzo de 2011 a las 18:31 horas
En el desamor, creando, queriendo, viviendo, sufriendo, a seguir desde a donde a cada uno le cuadre el instante. El amor desde uno, en uno, con uno y sobre todo con amor. Si que es una realidad que cuando uno la vive es cuando la comprende.
Uno; más que epidemia es realidad. A seguir cada uno con lo que tiene. Como el día y la noche, el desamor también es parte del amor o al menos una posibilidad.
Un abrazo señor. Esta vez lo has clavado.
uno de la muga
lunes 7 de marzo de 2011 a las 23:55 horas
Amigo pater:
Encontrar el amor es una fortuna, vivirlo acompañado da sentido a la vida. Tal vez el secreto sea mimar el amor, esa energía que fluye entre los seres para inflar las confianzas y caminar con elegancia a dúo por la vida. Una vida con amor adquiere otro volumen, otra dimensión desde la que casi todo se comprende. Por contra, el desamor hiere, desgarra y duele. Hay que ser positivos hasta en el interior de los infiernos del desamor para poder encontrar de nuevo esa energía creativa entre los demás y dentro de uno mismo.
Con amor todo es posible.
pater
lunes 7 de marzo de 2011 a las 09:39 horas
A nivel relacional el desamor es de lo peorcito que le pueda ocurrir a uno en este valle de lágrimas que es nuestro tránsito por la vida entre humanos. La sensación de desarraigo y desamparo que nos produce es abisal. Al principio nos parece casi insalvable, insoportable en grado de alerta roja, como nuestra vida perdiese el total sentido y todo ello fuese a durar por siempre jamás. Mas no es así. En este caso no es la botica la que proporciona brebaje o tisana que atenúe o nos libre de dicho chungo mal, es el Tiempo, nuestra espada de Damocles, la que se encarga de realizar la mejor acción de lilimento adormecedor del nefasto sentimiento de abandono.

Hay que procurar ser positivo en este asunto, como en tantas otras situaciones negativas que a lo largo de nuestro pasar relacional se nos pueden presentar. El pensamiento fetén es aquel que nos lleve a pensar que nada de lo que después nos ocurra, habría sido posible con toda probabilidad sin el sangrado de alguna incruenta herida anterior.

Ergo, los finales, a la postre, siempre son inicios. Nunca se sabe si estos serán mejores o peores que lo vivido. La incertidumbre en su justa dosis también mola, y aunque hay segundas y terceras piedras donde poder tropezar, la experiencia siempre fue un grado. C´est la vie.

Un saludo afectuoso Uno fronterizo.
[1-3]

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