Si alguien concentra en su vida todos los vaivenes, miserias, paradojas y grandezas de la reciente historia de España ése es Sabino Fernández Campo, fallecido a los 91 años y leal al 'principio de silencio' que le obligaba a llevarse tantos y tantos secretos a la tumba. Se muere el principal testigo del comportamiento del Rey en aquella larga noche del 23-F, pero se va también el personaje que mejor conocía las intimidades del Monarca: no nos engañemos ahora que se saca el botafumeiro fúnebre tan habitual en España, porque Fernández Campo fue remozado en su día de la vera del Rey por criticarle y advertirle de ciertas compañías.
Por eso su muerte suscita una pregunta que, quien más y quien menos, todo el mundo periodístico se hace. ¿Habrá dejado escritas sus memorias? Y de ser así, ¿qué habrá desvelado en ellas? Su esposa, Pilar Álvarez, es una reputada periodista asturiana, lo que avalaría la sensación de que el Conde de Latores haya podido animarse a legar ese testimonio póstumo: que nadie espere, llegado el caso, otra cosa que no sea un apoyo expreso a Don Juan Carlos, con quien mantuvo hasta el último momento una relación cordialmente distante.
Ni un solo dato hay al respecto de esa valiosísima autobiografía, y conociendo la discreción de la familia del ex jefe de la Casa Real, hay que descartar una publicación inmediata en el caso de que existiera. Pero algún día, en un formato u otro, se conocerá la opinión de Sabino Fernández Campo de tantos episodios que forman parte de la historia de España, con la autoridad de quien, viniendo del franquismo, peleó por la democracia y fue capaz de ganarse el respeto hasta del PNV: seguro que hasta el ínclito Anasagasti es uno de los políticos de la vieja guardia más conmovido por el óbito del nonagenario noble. |