Los pre-supuestos de los presupuestos
por Rubén Garrido

MIÉRCOLES 21 DE OCTUBRE DE 2009 A LAS 13:59 HORAS
Opinión > Economía
 
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Como cada octubre, la plana mayor del Ministerio de Economía aparece en el Congreso antes en furgoneta ahora con un pen-drive y el librito amarillo, con los Presupuestos Generales del Estado. Para el año que viene, el ejercicio de presupuestación es especialmente complicado. Y lo es porque si bien siempre es difícil cuadrar el círculo de ingresos y gastos en situaciones de crisis económica, hay que añadir los malabares que hay que hacer para reflejar "los mensajes políticos" de nuestro cándido Presidente (o Cándido presidente no estoy seguro cómo se escribe). Vamos, que en lugar de unos presupuesto parecen la última entrega de Harry Potter no por lo entretenidos que son sino porque contienen una buena dosis de magia.

Según la presentación del texto por parte del Gobierno, los Presupuestos contienen cuatro pre-supuestos esenciales: austeridad, son sociales, priorizan el cambio de modelo y reequilibran las cuentas públicas. Mis comentarios girarán en adelante sobre estas cuatro líneas básicas.

Son austeros. Necesariamente han de ser austeros los presupuestos de 2010 porque todo el margen que teníamos en ejercicios pasados se ha esfumado por arte de magia (de nuevo Potter). España es el país que más rápido ha dilapidado la herencia del abuelo (ciclo alcista) en políticas dudosas y desde luego con un estímulo muy limitado. Los anteriores presupuestos preveían un déficit del 1.9% por PIB y ya estamos en una previsión del 9.5% que puede verse superada. La pretendida austeridad es, por una parte cosmética y, por otra contraproducente. Lo primero porque no es fruto de un plan de recorte del gasto público de todas las administraciones (las periféricas especialmente). Y contraproducente porque hay recortes que pueden afectar al crecimiento a largo plazo (léase investigación).

Son sociales. Efectivamente, las partidas de desempleo, pensiones y dependencia, especialmente las primeras, crecen de manera importante. Aquí se nota que la sombra del Cándido presidente es alargada. Pero es necesario reconocer que a largo plazo todas estas partidas son sólo sostenibles si hay empleo. Si  el desempleo aumenta, como así está presupuestado y se mantiene en niveles tan elevados llegará un momento en que nos veamos en la necesidad de recortar y entonces, sufrirán los de siempre. No son unos presupuestos sociales por el empleo, son sociales por lo de asistenciales.

Priorizan un cambio de modelo productivo. Como saben nuestros lectores, de cada euro, casi 52 céntimos se dedican al llamado gasto social frente a poco más de 6 en gasto productivo englobado en infraestructuras, educación e investigación, cifra esta última que es de un orden de magnitud similar a lo que nos cuesta pagar lo que debemos (deuda pública). Pues también en estas partidas hay magia porque no cuadra lo que se dice con lo que está escrito. No sabemos qué modelo queremos pero desde luego las señales que manda el gobierno a través del presupuesto valen para poco.

La investigación se recorta, en educación no se avanza nada y además se propone un pacto de Estado absolutamente necesario pero después de presentar los presupuestos. Nunca es tarde si la dicha es buena pero el cambio de modelo a coste cero es imposible.

Y finalmente, se dice que las infraestructuras no van a pararse gracias a que son "el mantra" del cambio de modelo. Pero estamos asistiendo a un pulso estos días del ministro de Fomento con Economía por desarrollar un plan de 15.000 millones, en una suerte de lucha de David contra Goliat (qué casualidad bíblica, David en Fomento).


Cuidado con las infraestructuras, no son el bálsamo de fierabrás.  Su impacto sobre la productividad global existe pero la rentabilidad social presenta claros rendimientos decrecientes. Por reducción al absurdo, cuando España esté absolutamente conectada por cemento o alta velocidad no seremos más productivos necesariamente, llegaremos antes a casa por Navidad.

Hay que reconocer que el cambio de modelo ha de liderarlo la empresa que es la que genera la mayor parte del valor y el empleo. Y el valor reside básicamente en los intangibles: calidad, variedad, diferenciación, comercialización, etc. Y esto requiere inputs cada vez más preparados (de nuevo educación, educación, educación) y también más y mejores empresas. Por ahí se inicia el cambio de modelo y sus frutos inciertos se verán a medio plazo.

La última característica de los mismos es que reequilibran las cuentas públicas. No sé qué se entiende por re-equilibrio pero desde luego el cuadro macroeconómico presentado no parece que esté en consonancia con esta afirmación. En primer lugar, la previsión de ingresos si atendemos a la caída de 2009 es cuando poco optimista y desde luego, las perspectiva de los ingresos vía impuestos indirectos por la subida del IVA es más que eso.

En términos macroeconómicos, la recaudación de un impuesto sobre el consumo depende de la renta disponible y esta a su vez del empleo. Los hogares deciden consumir una parte de su renta (a otra la dedican al ahorro en forma espectacularmente creciente en estos momentos) digamos un 80%, impuestos incluidos. Si no sobrepasan ese límite y las rentas no crecen (como ocurre) la recaudación no tiene porqué hacerlo sin lesionar a un tercero: el vendedor, que tendría que bajar precios. Es decir, una subida de impuestos en un contexto como el actual hunde los ingresos empresariales por el consumo de los hogares y aumenta la recaudación aunque puede que levemente porque los individuos consumen una cantidad tope IVA incluido y, también, por los incentivos a la evasión que se acrecientan con la subida. Y, en todo caso, existe un claro riesgo de lastrar la recuperación.

Por el lado de los gastos, como hemos dicho antes, el recorte del consumo público es bastante modesto y desde luego, se ha centrado en los Ministerios. ¿Nadie se acuerda del conejo que sacó de la chistera el presidente para la financiación autonómica? Eso también es gasto público. Un sistema fuertemente descentralizado pero con débiles estructuras de corresponsabilidad fiscal dificulta enormemente cualquier política de consolidación.

Pero además, tenemos otro gasto diferido que es una amenaza creciente: el pago de la deuda pública. Su crecimiento ha sido espectacular y esto cierra enormemente nuestros márgenes para el futuro por varios motivos. Primero, porque su capacidad de crecimiento hace absolutamente increíble el objetivo propuesto de estar cerca del 3% en 2012 (para mí pasar del 9 a 7% es acercarse no estar cerca). Segundo, porque hay que dedicar cada vez más recursos a su pago. Ahora es un 6,3% del presupuesto pero dado el crecimiento y la prima de riesgo-país, el servicio de la deuda será, con toda probabilidad, creciente. Tercero, porque cuando los motores europeos despeguen los tipos tenderán a subir y se nos agravará el problema. Y, finalmente, porque la deuda ya nos está expulsando la financiación privada. En un contexto de incertidumbre y necesidad de liquidez, comprar deuda es lo más seguro para el sistema financiero y el sector privado que espere.

En definitiva, estos presupuestos de un Estado laico parece más un acto de fe con santísimas trinidades incluidas (social-pobreza-desempleo) que un ejercicio para sacarnos de la crisis. Tendrían que haber sido un instrumento de la hoja de ruta. Esperemos que lo peor de la recesión haya pasado pero esto no significa que ahora venga lo mejor: hemos de salir a flote. Si nos quedamos mucho tiempo en el fondo de la piscina, nos ahogamos igual.


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