Obama mira como Denzel Washington, y ha llevado el clásico del Air Force One de la pantalla a la vida real, como en La Rosa Púrpura del Cairo: el mundo proyecta la misma película desde la noche de los tiempos, pero de cuando en cuando un galán bueno cruza el limbo, salta al patio de butacas y hace feliz a la chica, incrédula y deseosa de que el sortilegio encerrado en sus ojos obre el milagro.
Obama es de todos, y por ello está expuesto: le tienen reservado, tal vez, el otro guión cinematográfico de gran tradición en América, aquel que simula, recrea o explica el crimen de su presidente, que en esto también se parecen a Lincoln todos los inquilinos de la Casa Blanca. Allí llega Zapatero, en una imagen que vale más y es mejor que la de Aznar repantigado en ese rancho que olía a costillas, farias y vino cabezón: más allá de cuáles sean las intenciones de los dos presidentes españoles con traductor simultáneo –menos footing y más idiomas, que dan un espectáculo penoso–, y aun suponiéndolas buenas en ambos casos, no hay color.
Pero sólo hay un Obama, que busca la sanidad universal y pelea contra la crisis sin criminalizar al empresariado; que sanciona Irak sin huir y se queda en Afganistán sin querer; que condena Guantánamo pero no hace campaña de ello y que, sobre todo, antepone su país a su aritmética electoral. Zapatero se parece a Obama lo mismo que Aznar a Bush, pero los presidentes españoles se asemejan bastante: el uno, por la brava, no entendió la diferencia entre poner los pies en una mesa y a un país en el mapamundi; y al otro le da igual el fondo si con la forma logra su objetivo.
Tiene consecuencias peores salir en la foto de las Azores, tal vez, pero no es para tirar cohetes montar con eso una verbena si luego se pierde el trasero por una foto sin niñas a cambio del apoyo al cuarto azorí; el tal Durao Barroso; el refuerzo de efectivos en la guerra de Iraquistán y la hospitalidad pelota para los reos de la cárcel de las torturas.
Zapatero también quería encarnar al héroe de la película de Woody Allen, pero le ha salido un Paco Martínez Soria que tira de espaldas.
Posdata. Gürtel es una onomatopeya de eructo cacofónico que también concede su minuto fílmico a Rajoy, atrapado en Ozores: la fauna valenciana, con el inenarrable Ric Infinity a la cabeza, parece extraída de Los energéticos. Qué país. |