Poeta pastor
por Juan Antonio Moreno

MIÉRCOLES 3 DE NOVIEMBRE DE 2010 A LAS 19:32 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Miguel Hernández llega a Madrid por primera vez en 1931, con la esperanza de convertirse en poeta. En Orihuela, su pueblo natal, ya ha dado los primeros pasos y busca en la capital su aprobación. Pero la experiencia resulta un tanto frustrante y en esos días un tanto oscuros para él, se refugia a menudo en la Biblioteca Nacional. Ahora, esta institución –con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento– le rinde un emotivo homenaje.

Organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) en colaboración con la propia Biblioteca y comisariado por el profesor José Carlos Rovira, 'Miguel Hernández- La sombra vencida 1910-2010' recupera su legado con la exhibición de más de 200 piezas, entre las que destacan sus cuentos inéditos –escritos en prisión en papel de retrete– y una grabación que le hace Alejo Carpentier en 1937.

Transcurridos unos años de su primera estancia, regresa a la capital el poeta del pueblo, el pastor poeta, el poeta pastor al que inmortalizara en un retrato magnífico su compañero de celda Antonio Buero Vallejo.

Estudioso y seguidor de Góngora, el vate de Orihuela se rodea de inmediato de la intelectualidad del momento. Conoce a miembros de la Escuela de Vallecas: Benjamín Palencia le hace un retrato y con Maruja Mallo mantiene una estrecha amistad.
Suscita el aprecio  e interés de Pablo Neruda y Vicente Aleixandre -los que más le apoyan- pero también de Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y José María de Cossío aunque de otros, como García Lorca, recibe cierto menosprecio.

Pero la madeja del reconocimiento se deshilacha: la llegada de la guerra civil altera el rumbo de su destino y Miguel, hombre siempre comprometido, participa en ella para alzar su voz y manifestar la coherencia de sus ideas: pagará un precio muy alto por su lealtad y conciencia.

Finalizada la contienda, el olvido se cierne sobre su obra y  es entonces cuando la alargada y cruenta sombra de la censura franquista se expande con rencor sobre su persona.

Hasta 1976 está penado citarle. Es Joan Manuel Serrat quien da a conocer muchos de sus versos y quien este año los rescata de nuevo en su disco Hijo de la luz y de la sombra.
El tiempo pasa inexorable y el Gobierno de España le conmuta la pena capital aunque la realidad de los hechos supera todo: la muerte le llega en la cárcel donde, abandonado y enfermo, le dejan morir en un acto verdaderamente ignominioso.

Este sentido homenaje honra la figura de un auténtico luchador por la dignidad del hombre. Un creador que, incluso en las peores condiciones, encuentra un atisbo de lucidez para desafiar con su escritura las leyes de la indecencia.

Su universalidad es inequívoca. Su poesía ha calado tan hondo que incluso un reconocido rapero como Nach -¿cantautor del siglo XXI?- realiza una muy digna versión de Vientos del pueblo. Sin duda, todo un tributo al cuidador de cabras que da sus primeros pasos literarios con sus versos gongorinos. Un autor que mantiene una trayectoria recorrida por el dolor, el compromiso y, sobre todo, por un profundo amor al acto mismo de la escritura.

La Biblioteca Nacional realiza pues un encomiable acto de justicia hacia un poeta que fue y será siempre del pueblo.


· LA FICHA
'La sombra vencida'. En la Sala Recoletos de la Biblioteca Nacional. Hasta el 21 de noviembre. www.bne.es


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