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| Adiós |
| por Antonio R. Naranjo |
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| MIÉRCOLES 3 DE NOVIEMBRE DE 2010 A LAS 16:34 HORAS |
| Opinión > Política |
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Primera lista, de aspiraciones: sanidad pública, gratuita y de calidad. Educación en los mismos términos. Vivienda digna a precio razonable. Servicios sociales decentes y asistencia garantizada a los dependientes. Subsidios por desempleo y pensiones de jubilación.
Segunda lista, de herramientas para pagarlo. 14 millones de trabajadores en el sector privado; alrededor de tres millones de funcionarios y otros tantos de autónomos y 1,2 millones de empresas, de las cuales sólo mil tienen más de mil empleados.
Tercera lista, demográfica. En España hay 45 millones de habitantes. En el mejor recuento imaginable, esto significa que cada trabajador debe 'mantener' a casi 1,2 personas, amén de a sí mismo.

Obama es grande, pero la política es diminuta
Frente a la verborrea a babor y estribor, la lírica y la entonación o, incluso, la buena intención y la bonhomía personal; la política consiste realmente en conocer, administrar y combinar con alguna sabiduría, poca demagogia y mucha sinceridad las tres listas anteriores. Sin asumir que se posee una mano milagrosa; con la obligación de aclarar qué recetas, desde qué principios y con qué prioridades se gestiona la responsabilidad delegada.
No hay, por definición, ni agendas ocultas como la que se achaca a Rajoy ni varitas mágicas, como la que presumió tener Zapatero. Hay cifras, debes, haberes y emociones que, entremezclados, dibujan un perfil social que a su vez modela al ciudadano: la evanescencia de los políticos, francos solo en su demagogia, ha devenido en un tipo de individuo convencido de que basta con merecer algo para que alguien se lo conceda.
En el pecado de la política estrictamente electoral, reside la penitencia del votante fundamentalmente egoísta, en la América de Obama y la España del PsoeP completadas por un magma de medios de comunicación que prolongan la fantasía e incumplen su primera obligación: decir la verdad, aunque cueste, sobre todo si cuesta.
Y ésta es que no salen las cuentas ni asfixiando -y mucho menos enfrentando entre ellos- a los habitantes de la 'lista 2'. Ni apelando al Derecho Natural de la 'lista 1'. Ni obviando la inquietante proporción aritmética de la 'lista 3'.
Mientras discutimos sobre esto, describiendo en tres epígrafes meros hechos contables y enunciados maravillosos que nadie en su sano juicio puede reprobar, avanza otra política que a mi entender engaña y maquilla su incompetencia rentable diciéndole a la gente lo que se merece en lugar de lo que puede tener y malgastando su capacidad de reajustes en beneficiarse a sí misma y a los cuatro de siempre.
Lo que se va a cargar la Sanidad o la Educación no serán los principios ideológicos, sino las existencias económicas: en ese momento, seguiremos teniendo derecho a ambos servicios, y a todos los demás, pero no habrá a quién reclamárselos.
Y mientras se agota el remanente, se demora la recuperación y se prolonga el esfuerzo de los de siempre (apartado 2); la política mantiene todas sus televisiones públicas; ayuda al sector bancario y energético; endulza el desempleo aumentando el número de funcionarios; sostiene la insostenible red de intereses presentados en formato de universidad, embajada, patronal, sindicato o instituto y, por supuesto, no se aplica a sí misma el esfuerzo que espera e impone a los demás.
Quizá ser idiotas, o ciegos, también sea un derecho. Naturalmente. |
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| Comentarios |
| pater |
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| jueves 4 de noviembre de 2010 a las 10:08 horas |
Tal veces.
Tal vez, el objetivo de una Sanidad Pública decente y universal sea una aspiración excesiva del género humano. Quizás sea más conveniente hacer negocio con el dolor de los padecimientos de los individuos y ciudadanos. Haciendo de la máxima: “sálvate tú mismo por que nadie lo hará por tí” sea el peor, o en su caso, el mejor de los preceptos que define ha estos tiempos nuevos y salvajes de rapiña, codicia y abundancia de hienas, siempre dispuestas, eso sí, muy razonada y razonablemente al negocio con todo y todos.
Tal vez, la idea de la igualdad de oportunidades proveniente de la implantación basada en una educación adecuada y de calidad, mediante la escolaridad para todos, niños y hombres con independencia de su ascendencia tampoco sea un ideal a conseguir.
Tal vez, la inversión en Educación Pública, sea del todo mala, un mal gasto o despilfarro para conseguir el objetivo que como sociedad debemos demandarla, que no es otro que el instrumento para la consecución de cotas más elevadas de progreso y convivencia humanas, para en última instancia, conseguir un mundo mejorado, menos desigual.
Tal vez, el negocio, con todo y de todo aquello sujeto a valor, incluido el sufrimiento de los demás, sea la mejor solución a todo. Tal vez, algún día la especulación y las comisiones dejen de ser aplaudidos como deportes olímpicos.
Tal vez, la protección, las ayudas y las prestaciones sociales tengan que provenir de los beneficios y de las consiguientes desgravaciones de Entidades y Sociedades privadas como Bancos y Grandes Empresas y Multinacionales.
Tal vez, el enriquecimiento extremo de los paraísos es beneficioso para la gran mayoría de la población. Aunque yo no acabo de creermelo.
Tal vez, los milagros, como el ínclito económico español existan, y algún día sean permanentes y verificables, y no pufos indecentes, como el anterior.
Tal vez, algunos autónomos se apliquen y afanen en el estudio profundo de la aplicación correcta del IVA.
Tal vez, el poderoso Poder económico debiera de dejar de repartir ruedas de molino y embudos al resto de los mortales.
O tal vez, se debiera dejar de hablar de Justicia Social, de derechos y prestaciones sociales y comenzar hablar de nuevo de repartir beneficencia y auxilio social, como en los viejos tiempos.
Tal vez, la vivienda digna debiera ser para sólo aquellos que la puedan pagar. Para los otros siempre quedara el adobe y la insalubridad.
Tal vez, los ricos y poderos, dejando su excesivo poder a un lado, se apiaden de los más y les ayuden a crecer o al menos les dejen vivir tranquilos.
Tal vez, debieran desaparecer para siempre los horarios infames para animales de carga y el abuso y sinvergüencería que supone la existencia de las horas extraordinarias a mansalva. También los contratos blindados y las indemnizaciones abusivas, indecentes e insultantes.
Tal vez, el ganar el pan con el sudor de tu frente debiera ser en verdad un derecho, pero también una obligación y un deber de todos. El, “yo ficho, luego ya he hecho mi labor”, esto último sin tal vez, estuvo, está y siempre estará de sobra en cualquier centro de trabajo.
Tal vez, los sueldos de explotación y de miseria, el pluriempleo aún existente y los multisueldos de algún listo y lista, acaben por extinguirse como lo hicieron los grandes saurios.
Tal vez, los sacrificios sean necesarios. Pero que les toque el baile con la más horrenda a los de siempre ya produce hartazgo, sin embargo, los importantes ni se despeinan al solicitarlos. Que precioso.
Tal vez, Sostenibilidad sea la palabra clave en todo este tinglao o conglomerado de intereses y deseos.
Tal vez, el sistema autonómico debiera ser revisado o ajustado. Tal vez, lo que más se necesitan son hombres y mujeres decentes y honrados.
Tal vez, los nacionalismos debieran ser ya historia antigua de juegos florales.
Tal vez, los reyes, príncipes y princesas sólo debieran existir en los cuentos infantiles. Y tal vez, la República. Por qué, no.
Tal vez, algún lejano día se legalicen algunas o todas las drogas y con ello se acabe el chiringuito de unos cuantos listos legales e ilegales.
Tal vez, la cultura y sus presupuestos dejen de ser irrisorios y de percibirse como un gasto inútil.
Tal vez, la religión católica debieran dedicarse exclusivamente a su parroquia dejándonos a los demás vivir en paz y actuar en libertad. Tal vez, la Iglesia Católica debiera entonar más de uno, dos o muchos más mea culpas.
Tal vez, el egoísta himno tan liberal él del “Sálvese quien pueda”, tan oído y aireado, ya huela demasiado.
Y tal vez, los sucedáneos de políticos, periodistas, sindicalistas y dirigentes en general de boquiqui que padecemos debieran aparcar en alguna ocasión su faltriquera y estómago y tomarse Piel de Toro en serio.
Y un último tal vez, de momento. Algún día quizás sirviese de algo ponernos a entonar algún rezo redentor, salvador de nuestros supuestos pecados. Aunque no estaría de más que, nuestro querido País y el Mundo mejorasen y avanzasen sin necesidad de tener que adoptar permanentemente la inmensa mayoría la postura del rezo penitente. O tal vez otra peor y más dolorosa, la cuadrúpeda. Ustedes ya me entienden.
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