Cristales rotos
por Uno de la Redacción

MARTES 2 DE NOVIEMBRE DE 2010 A LAS 18:24 HORAS
Opinión > Política
 
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PEDRO P. HINOJOS
Cuenta un viejo amigo que allá por el comienzo de los años 70, con su primer sueldo, se compró una pequeña moto para ir al trabajo. Como malvivía en un pequeño piso compartido del viejo Madrid y no le permitían utilizar de aparcamiento el zaguán del edificio, la dejó en la acera al final de su primera jornada laboral con ella. Enardecido por el Libro Rojo, entre otras lecturas de la vanguardia revolucionaria que hacían furor entre la juventud ilustrada de entonces, en vez de una recia cadena para asegurar la moto a la primera farola, en el manillar dejó pegada la siguiente nota: “Compañero, soy un obrero como tú y éste es mi medio de transporte. Respétalo, por favor".

A la mañana siguiente, solo encontró la nota depositada en el suelo como una hoja de otoño. Es difícil encontrar en nuestros días la candidez de este amigo, pero sí existen otra clase de ruegos de los que no tienen más remedio que dejar vendidos sus bicicletas, motos o coches en la vía pública. Sobre todo en aquellos rincones de especial predilección para los amigos de lo ajeno. En uno de ellos, la explanada, antes de tierra y ahora de asfalto, de las alcalaínas Eras del Silo, un modesto turismo lucía hace unos días la siguiente nota, tamaño folio, en el salpicadero: “Habéis roto las lunas, habéis hecho el puente, habéis doblado los limpiaparabrisas y habéis pinchado las ruedas, pero no habéis robado nada.  Si no os gusta mi coche o no encontráis lo que buscáis, ¿por qué cojones no lo dejáis en paz y jodéis a otro?".

Nunca ha sido demasiado romántico levantarle al prójimo una moto o un coche, pero incluso en esta modalidad de agresión contra el siempre frágil y amenazado derecho a la propiedad privada, existen clases, estilos y violencias diferentes. De la moto del amigo dejaron al menos la nota. Del coche de las Eras, o de cualquier otro –quién sabe; y qué más da–, sólo quedaba días después un puñado verdoso de cristales regado por el suelo.


Comentarios
El de la moto
miércoles 3 de noviembre de 2010 a las 09:37 horas
Lo que es maravilloso es darse el gustazo de leer a periodistas como tú y compartir tu amistad. Abrazos de aquel de la moto.
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