ALONSO GUERRERO
Algo pasó en el camino hacia el cielo. Así titula Phil Collins una canción que podría servir de banda sonora a las democracias europeas, en especial la española, la más formal de todas ellas, la única exenta de conciencia social, porque toda la que teníamos la gastamos en el franquismo. La única que se conforma con un terrón de azúcar y calla cuando se lo dicen. La única capaz de vivir sin futuro, porque el futuro no proporciona dinero rápido, ni debates televisivos. La única, en fin, que nunca se echa a la calle, excepto para montar una cola en las taquillas del Bernabéu, o ante las carpas de casting de Telecinco.
Algo se torció en el camino de este país hacia la democracia. No tenemos una, sino dos democracias, ambas inservibles: la que se soñó en 1978, y la que actualmente se aplica. Todos nos miramos en aquel reflejo, en la superficie de aquel estanque inalcanzable, sabiendo que sólo podremos zambullirnos en él con un cubo de cemento atado a los tobillos. Los padres de la Constitución, tipos demasiado leídos para imaginar en serio la libertad, sembraron un huerto que después se comieron las multinacionales, los Díaz Ferrán con sus opiniones de catecismo, y estos socialistas con mesa de trile puesta en Moncloa.
Poseemos una democracia de derechos sin política, y otra de política sin derechos, como la que ahora denuncia la presidenta del Constitucional. Una democracia de grafiteros borrachos que creen y votan por oficio, y otra de gente a la deriva. Todos los electores patrios llevan en la cabeza una escena de focos que se mueven, donde la verdad depende de un tribunal de funcionarios sin alma. Admiramos la verdadera democracia, pero no la creemos posible. Qué le vamos a hacer. Así que vivimos en un cenagal de leyes que no se cumplen, votaciones que no sirven, derechos inalienables que son atropellados por tiburones y asesinos intocables de catorce años. Una democracia de caciques formados en la función pública, que surgen en la oscuridad y nos dan escobazos en la cabeza, como las brujas del tren del miedo.
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