Mientras hablan los clichés y la realidad se zambulle en el pozo de la demagogia, conviene rescatar algunos datos, en la vieja creencia de que, si bien las opiniones son libres, los hechos son sagrados.
En los últimos tres años se han cerrado en España 442.000 empresas, con un saldo negativo final de 141.300 al restarles las que también se abrieron en ese periodo, menos sólidas por definición pero en todo caso válidas para adecentar un poco -no mucho- la terrible estadística. El resumen es desolador: en la mejor de las previsiones, una de cada diez empresas existentes en 2007 ha echado el cierre, provocado la ruina de su propietario y el despido de sus empleados.
De las 1,2 millones de empresas censadas en España -la cifra llega a los tres millones si se incluye a autónomos-, sólo 961 tienen más de mil empleados, y apenas 30.000 facturan más de seis millones de euros al año.
El 97% del tejido empresarial español, en definitiva, son microempresas o pymes medianas, que no obstante arrojan un saldo estremecedoramente necesario para el sostenimiento del país: de ellas depende el 65% del empleo; y por ellas el Estado recibe el 70% de su recaudación de impuestos y tributos.
España tiene un problema de tamaño empresarial, y una economía globalizada lo acentúa: es casi imposible competir con nadie desde empresas pequeñas, con una barrera idiomática, una dependencia absoluta de las energías exteriores y de la importación y un peso terrible de una Administración que, ella más que nadie, necesita un nuevo modelo productivo que no llega: todas las reformas y todos los sacrificios se han impuesto a quienes ya los hacían, y no tanto para garantizar el Estado de Bienestar cuanto para preservar el bienestar de los que trabajan en el Estado.
Pero si esas taras congénitas son malas para el futuro del país, para el mercado laboral y para la generación de riqueza... lo son porque descartan la caricatura del empresario que cada día se escenifica desde la política barata, el sindicalismo de saldo o la infame pose patronal.
Sin empresas, no hay trabajo: es un dato empírico. Un respeto, pues. Lo pidió Obama al principio de la crisis. Aquí se hace el chiquilicutre con la panza llena de cocochas, obviando que para repartir riqueza primero hay que crearla y que de ahí proceden todos los derechos sociales. Esto lo entiende hasta un niño de cinco años. Que traigan a uno, pues, diría Groucho
El empresario abrumadoramente presente en España es un tipo que no gana mucho, invierte bastante, debe demasiado y tiene serias dificultades para cobrar lo que adeudan y lograr, al menos, la financiación necesaria para que su tesorería esté a la altura de sus decentes balances: casi todo el crédito es consumido por la Administración y los particulares, ora por mantener un tamaño inoperante y costoso, ora por haberse empeñado en una casa que, simplemente, no podía pagarse.
Ser empresario en este país es una heroicidad en lo económico y una temeridad en lo estético, agravado por una fenomenal campaña de marketing infecto en la que responsables de la crisis y beneficiarios de la misma buscan una cabeza de turco para saciar la sed del benévolo pero ovino ganado, señalando al único que no participaba del festín y evitaba, sin querer tal vez pero lo hacía por incercia, el drama que sin embargo se está viviendo.
Porque la presunta ‘mano invisible’ que ha provocado el estropicio es, en realidad, bien identificable: los dos sectores, bancario e inmobiliario, que más y mejor estaban regulados y controlados por una miríada de organismos e instituciones públicas costosísimas que deciden la catalogación del suelo o el precio del dinero y son indispensables para generar la burbuja que reventó después en los morros de trabajadores corrientes, empresarios molientes y pensionistas modestos.
Los mismos, por cierto, que también permiten el incremento de las tarifas eléctricas, del precio del combustible, del coste del gas, del importe de las telecomunicaciones y en general de todo aquello que esquilma el bolsillo con sevicia con un negocio perfecto, sin riesgo y bien poco empresarial con el que ganan todos menos los consumidores: los que regulan, que no lo hacen pero al simularlo justifican el derroche público en forma de chiringuitos inútiles donde pastan amigos y afiliados; los regulados porque gozan así de una protección excelsa de sus cuentas, siempre resguardadas de las inclemencias inherentes a la auténtica aventura empresarial.
A aquéllos, en la banca y el ladrillo, en la energía o en las comunicaciones; se les sigue apoyando: con suspensiones de pagos admitidas por el Estado, con subastas de dinero público que no incrementan la concesión de préstamos pero sanea sus blances repletos ya de ganancias impúdicas y, en general, con una tutela cómplice que permite cerrar una Caja sin encarcelar a sus funestos gestores o limpia a una Martinsa con el esfuerzo que debiera reservarse para otras empresas que no se bajaron del carro a las primeras de cambio.
Contra ninguno de éstos está convocada una huelga general que sataniza a quienes más resisten y arroja agua fría sobre la capacidad de emprender en España, la mitad que en el resto de Europa. Ningún piquete irá el miércoles a la sede central del Banco de Santander; como tampoco chillará demasiado al PSOE y tampoco se pondrá en exceso estupendo con la CEOE: todos ellos forman parte del mismo festín, y su retórico reparto de papeles no da para distinguirles demasiado a unos de otros: la dialéctica artifical que escenifican cada día sólo es una manera de prolongar los pases de su infumable función.
Todos, desde Díaz Ferrán a Méndez pasando por Zapatero o Rajoy, son lo mismo. Y cada uno tiene una razón distinta y complementaria para apoyar de un modo u otro la huelga: como no va contra ninguno de ellos, sino contra el mercado etéreo y el empresario estereotipado en vídeos de juzgado de guardia, ¿para qué tomárselo demasiado en serio?
Lamelibranquios, anélidos y coleópteros han encontrado el enemigo perfecto: esa mayoría silenciosa que da de comer al país, con la fuerza de su nómina o de su inversión, pero no tiene tiempo para afiliarse a un partido, un sindicato o una patronal porque, simplemente, intenta sobrevivir y cumplir con sus obligaciones dignamente.
Por eso hoy, más que nunca, el mejor elogio al trabajador debe hacerse elogiando también a su empresario. Y viceversa. Ambos pagan las copas de una entente de corsarios impúdicos que gozan de la carnicería como los emperadores romanos lo hacían, desde su palco, de la lucha entre leones y gladiadores.
Como diría el nada sutil Pérez Reverte, esto pasa por tener un país de ignorantes gobernados, en distintos frentes, por meros sinvergüenzas de mesa, mantel, póster barato, colegueo, indecencia, glotonería y una inutilidad sólo superada por su habilidad para encontrar culpables entre los inocentes para incentivar los instintos más primarios de la turbamulta.
Otra de chopitos, don Cándido, a la salud de triperos tan ilustres como don Gerardo, don Mariano y don José Luis. Sus amigos, sus socios, sus cómplices.
Y después de leer al "demócrata" de Alcalaino y Español: ¿Es que alguien tiene dudas de que el aborto libre y gratuito debería de haber existido en España desde hace muchos años?
He leído en el ‘imparcial’ Diario de Alcalá que: El alcalde pide a los sindicatos que limpien los destrozos.
En un comunicado enviado por el Ayuntamiento complutense, el alcalde, Bartolomé González, pidió a los sindicatos que realicen “un ejercicio de responsabilidad y civismo” y que limpien y eliminen todas las pegatinas, pintadas y carteles del mobiliario urbano”. En caso de no hacerlo, el primer edil anunció que “desde el Ayuntamiento acometeremos la limpieza e iniciaremos el expediente correspondiente para que la factura de ese gasto la asuma los sindicatos responsables de esas pintadas y pegatinas, no el conjunto de los vecinos de Alcalá”, tal y como se recoge en la ordenanzas municipales. Este comunicado viene unido al descontento y malestar de algunos ciudadanos y comerciantes de la ciudad que ayer vieron como sus negocios y calles eran ‘decorados’ con todo tipo de pegatinas y pintadas a favor de la huelga, vandalismo, dicen, por el que alguien tiene que responder.
Yo a éste ‘imparcial’ Diario de Alcalá que parece que defiende mucho al Alcalde y su Ayuntamiento –algo recibirá a cambio en el tema encubierto de la publicidad- le diría que, como no publica la Ordenanza Municipal.
Algunos ejemplos:
Ordenanza reguladora de la tenencia y protección de animales domésticos.
Artículo 26.
Las personas que conduzcan animales domésticos por vías y espacios públicos deberán impedir que éstos depositen sus deyecciones en las aceras, calles paseos, jardines, áreas de juego o cualquier otro lugar de uso público.
Cuando no existan lugares señalados para los animales evacuen sus deyecciones (servicio canino), deberán hacer sus necesidades en los sumideros del alcantarillado. Las personas que conduzcan al animal retirarán las deyecciones que no se introduzcan en el sumidero.
Éste es un pequeño ejemplo que la máxima autoridad de Alcalá de Henares, su diario afín, y la Policía Municipal, no es capaz de aplicar la normativa vigente.
Como éste puedo argumentar muchos casos donde no se aplican las ordenanzas, pues el primero que incumple las ordenanzas es el Ayuntamiento y los medios de comunicación afines al poder que no reflejan la realidad.
Un poquito más de coherencia, por favor.
Mire usted:
Su ironía me parece perversa, un buen profesional que se precie, es peligroso que haga juicios de valor para crear opinión, la imparcialidad en su caso está abosulamente reñida además con la realidad, y en cualquier caso, menos mal que a algunas no nos come el tarro.
es cierto que hay empresarios que lo pasan mal, pero tenga la seguridad que los trabajadores simpre lo van a pasar peor.
Viva la Huelga general, el colofón de la manifestación en Madrid, fué la gran prueba, todos los que asistieron participan de la victoria.
Ni la dereche ni los poderes financieros podrán nunca apagar la voz crítica de los sindicatos y las gentes que les apoyan en su crítica a las injusticias, como lo es esta reforma laboral, -rectificación ya-
miércoles 29 de septiembre de 2010 a las 12:21 horas
Sr. Rodríguez Naranjo, Don Antonio, ¿Cuando vamos a leer en su “imparcial periódico” un titular en portada que diga ¡¡ALCALDE, LAS CUENTAS DEL AYUNTAMIENTO YA!!? Y a continuación hacer una redacción realizada por Usted y parecida o similar a lo siguiente: Envíelas a los buzones de los vecinos para saber en que se ha gastado los 2oo millones de euros = 33.277 millones de pesetas que tiene de deuda el Ayuntamiento.
Usted y todos sus concejales están abusando de la buena educación de los contribuyentes, creo que en otro país les hubieran echado a todos de la política.
Ahora sin permiso levanta ‘el muro de la vergüenza’, ¿Quién se lo ha pedido? ¿Cuánto nos va a costar a los contribuyentes? ¿Dónde está la factura del costo?
Sr. Alcalde, Usted se está pasando de la raya con los contribuyentes.
Firmado Antonio R. Naranjo.
¿Sería Usted capaz de redactar algo como esto?
Pronostico que no, garantizado.
Saludos
Posdata.- Espero que no lo censuren y lo publiquen.
Sí Sr. Naranjo, estoy con ud. en lo de la "mano invisible" (sector bancario e inmobiliario).
También estoy con ud. en que hay empresarios (y no menos trabajadores) que lo estan pasando verdaderamente mal.
Pero no hace más de un par de años (y aún hoy), no sé si le suena algo de esto, precisamente también a algunos de los que hoy lo pasan mal:
- Trabajadores en jornadas de 10-11 horas sin asegurar y en muchos casos incluso sin papeles.
- Trabajadores que doblaban su sueldo en base a horas extras, que no aparecen por nóminas y que por supuesto ni están sujetas a seg. social ni a IRPF, ni a nada.
- Facuras de autónomos sujetos al sistema de módulos de trabajos ficticios que sirven para quedarse con un IVA que luego no cotizan por no estar en estimación objetiva, para blanquear parte de sus trabajos y por otro lado a aquellos a los que van las facturas les sirven para reducir unos beneficios (que en algunos casos no eran pocos), para sanear la cuenta de debajo de la baldosa y para arruinar la de la empresa que ahora no puede afrontar los pagos, incluso de sus trabajadores.
- Empresas que han despedido a mujeres por el simple "delito" de quedarse embarazadas.
- etc, etc.
Ud. también sabe que este mundo es real y seguramente empleando recursos ahí evitaríamos bastantes recortes de los que también es cierto, son inevitables.
Claro que no es éste el estereotipo de "empresario" y que como decía al principio ahora no es lo que era, pero le aseguro que a éstos precisamente son a los que más se les escucha.
Un saludo.
Roland, si me permite y disculpa.
El Sr. Rodríguez Naranjo, tampoco incluye a la Sra. Aguirre ¿qué coincidencia?
Lo del servilismo (yo utilizaría otro término), ¿no se había dado cuenta hasta ahora?
He de reconocer que el Sr. Rodríguez pretende (con algún éxito) "aparentar" lo que no es: Objetivo.
Hasta, a veces, le cree algún “no condicional”
Sr. Rodriguez.
Porque siguen sin explicarnos en lugar de tanta demagogia barata (…conservar el poder, ….demagógica subida de impuestos,…..le parecen idiotas, ….con el dinero de todos, …..) sobre el acuerdo del Gobierno, con el PNV (que ni el PP le sigue), el "artificio" de su detestado Aznar y no criticado por "su santo de devoción/adoración” (Espe).
El despilfarro y pesebres, de la Sra. Aguirre, ¿lo hace con su dinero o con del todos?.
A Vd. es el que le parecen idiotas quienes no coinciden con sus posiciones.
Sr. Naranjo, Me gustaría, si fuese tan amable que me contestase lo siguiente.
De un tiempo a esta parte Vd. esta planteando con objetividad la situación actual de nuestra clase política, lo que hace que Vd. merezca mi respeto. Nuestros políticos son endogámicos, codiciosos y trileros, sean del PP o sean del PSOE. Mi pregunta es la siguiente
¿ Por qué no incluye Vd. nunca en el mismo saco a Don Bartolomé González?, adalid de los enchufados y del derroche. ¿Por qué lo deja fuera del saco en el que se deben estudiar todos y cada uno de los políticos españoles?. Si Vd evita incluir a Bartolomé González en sus editoriales, la cosa no dice mucho a su favor Sr. Naranjo. Vd siempre ha sido un rayo de objetividad en esta ciudad, y de un tiempo a esta parte Vd poco a poco va perdiendo esa objetividad para caer en el servilismo.¿ Me equivoco?