Desde 1982 no ha habido un solo año en el que no se haya estrenado un largo dirigido por Woody Allen. En 2010 ha sido Conocerás al hombre de tus sueños. Al principio la voz en off, que durante todo el metraje nos irá informando del desarrollo de los acontecimientos, nos recuerda sin ironía aparente la cita más famosa del drama escocés de Shakespeare: "la vida es una historia, contada por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada." [Si no me falla la memoria, se saltan la importante mención al narrador, al menos en la VOSE.]
Así veremos dos crisis matrimoniales: la de Sally (Naomi Watts) y Roy (Josh Brolin) y la de los padres de Sally, Helena (Gemma Jones) y Alfie (Anthony Hopkins). Como catalizadores aparecen los secundarios: la adivinadora con la habilidad de saber qué quiere escuchar la cliente; la profesional del sexo que se casa con el cliente que le saca cuarenta años; la vecina con un concepto romántico del escritor; el jefe que coquetea porque no es feliz en su matrimonio. La mayoría de las escenas son combinaciones de estos ocho elementos tomados de dos en dos y algunos de los mejores momentos de la película se dan en varios de los diálogos que retratan con bastante eficacia a los personajes, que, por otra parte, están interpretados al buen nivel que cabía esperar. El problema de Conocerás al hombre de tus sueños está en los propios personajes. Las mujeres aparecen como crédulas o fantasiosas y los hombres como inmaduros o detestables (como lo era el personaje interpretado por Larry David en Si la cosa funciona), capaces de pegar a un anciano o de robar a un amigo. Ese tipo de personas con el que uno, por la cuenta que le trae, en la llamada vida real procuraría tener el menor trato posible y que en la ficción es difícil que resulten conmovedoras, divertidas, malvadas o interesantes. Habrá quienes aprecien en ese compendio de actitudes una crítica a la "deshumanizada-y-egocéntrica-sociedad-contemporánea"; es tan reconfortante como falso pensar que lo que pasa ahora no ha pasado nunca ("¿Adónde vamos a ir a parar?", "¡Esto es el acabose!", "¡No podemos seguir así!"), pero siempre es más efectiva y emotiva y deja un recuerdo más hondo una presentación razonada y realista de los personajes en la que "todo el mundo tiene sus razones", como decía Renoir en La regla del juego (1939). O como hacía el propio Allen en Hannah y sus hermanas (1986), Balas sobre Broadway (1994) o ya en este siglo en Todo lo demás (2003).
Como pasaba en la también londinense Match point se ve al director excesivamente deslumbrado por el lujo paleto y mesocrático casi jamesbondiano, si bien no llega al nivel de la mencionada, que en algunos momentos parecía un publirreportaje de marcas. Su talento brilla mucho más en momentos menos extrovertidos, como esos pendientes lubitschianos, o el plano de los medicamentos de Anthony Hopkins o la última mirada de Brolin por la ventana del patio. Allen también mantiene su buen gusto en la elección de la banda sonora (Boccherini, el trío de Benny Goodman).
Grados de separación. Un dato de interés local, además de la impecable actuación de Antonio Banderas, es que reincide la misma compañía española que coprodujo Vicky Cristina Barcelona, por lo que no sería extraño que Conocerás al hombre de tus sueños aparezca con alguna candidatura en los Premios Goya de 2011.
|