La concesión de un millonario plus al PNV para gestionar el desempleo en Euskadi, el más bajo de España junto al de la Comunidad de Madrid, decanta hacia el lado negativo la vieja teoría de que, en momentos de extrema crisis, puede florecer lo mejor o lo peor del ser humano: esos 472 millones de euros extras demuestran, a golpe de talonario, la contundente victoria del interés sobre los principios y la primacía del objetivo de conservar el poder sobre la obligación de gestionarlo con sensatez.
La coincidencia entre el trágala (que de paso deja al estupendo Patxi López convertido en un personaje de segunda división e hipoteca el futuro del Gobierno constitucional -pero sobre todo decente- en el País Vasco) y la demagógica subida de impuestos para las rentas altas confirman, además, que al señor Zapatero los ciudadanos le parecen idiotas: todo gobernante que apela a la epidermis en lugar de a las neuronas cree, en su fuero interno, que el administrado puede ser controlado desde las emociones en lugar de atendido por sus necesidades.
Lo hace Sarkozy con los gitanos, apoyado por un Zapatero que hasta ahora podía presumir al menos de una coherencia ideológica en el campo de los derechos individuales; y lo reedita nuestro presidente comprándose con el dinero de todos un cetro que no quiere para modificar el tétrico panorama que le rodea, sino para preservar su puesto y el de los suyos en él.
Las propias Primarias del PSOE en la Comunidad de Madrid, como antes la bulgarización y vulgarización del PP de Rajoy en Valencia, son una prueba de latifundismo de boina: es tal la necesidad de controlar al partido, como herramienta imprescindible para controlar a su vez el poder que de él depende, que cada día parece más claro que Ferraz y Moncloa prefieren perder las elecciones frente a Aguirre con Trinidad Jiménez que ganarlas con Tomás Gómez.
Pues en el primer caso los nuestros se repartirán 1.800 puestos de ámbito regional y ganarán por varias cabezas la carrera sucesoria de Zapatero; mientras que en el segundo una nueva hornada asentará sus reales en el conjunto del partido.
El juego es perverso, pues delata unas reglas inquietantes que podemos resumir en una: cuanto peor vaya todo, en realidad mejor les puede ir a quienes técnicamente tienen la responsabilidad de sacarnos del pozo. Sólo así puede explicarse que en un país de paro y frustración se criminalice al emprendedor (en Alemania y Francia el autoempleo está veinte puntos por encima que en España; y la esperanza del empresario en un cierto éxito duplica a la nuestra); o se discuta una reforma laboral mediocre en lugar de exigir otra que, simplemente, mimetice las que en el resto de Europa funcionan. O se convoque una huelga general contra el mal tiempo.
O se estigmatice a las rentas más altas obviando con un mano que ya sostienen el 40% de la recaudación del IRPF siendo apenas el 4% de la población mientras, con la otra, se perdona a la Banca, se apoya a las constructoras y se cubre un velo sobre las rentas de capital. O se apriete al trabajador, a la pyme y al pensionista mientras se sostiene una Administración mastodóntica, inútil, cara y deshonesta plagada de liberados con carné de partido o sindicato que además se permiten regañar al respetable.

De Goya a Belén Esteban: hasta en la fotografía de la crisis hemos perdido
dignidad y de los aguafuertes de entonces han venido las caricaturas de ahora
Quebrar el sentido de la justicia y la cohesión con dinero ajeno en tiempos de penuria, como ha hecho Zapatero con el PNV, es al fin un ejercicio abyecto de falta de escrúpulos que sólo se legitima en el eco devuelto por el aspirante al relevo: ese Gallardón diciendo que no es conveniente hablar de liberados o ese Rajoy convencido de que para ganar ha de ponerse de perfil avalan, con infinita repugnancia intelectual, la estrategia de tierra quemada del inquilino de La Moncloa.
La indigencia intelectual guarda en España una relación inversamente proporcional con la ausencia flagrante de objetivos colectivos: todo lo que no sea garantizarse el machito personal del sindicato, la patronal o el partido de turno a costa de la deslomada población restante; ha dejado de formar parte de la hoja de ruta cultural, ética y humanitaria de quienes, tal vez por eso, acabarán por ver a Belén Esteban como una rival inquietante. |