“Don Juan” José Zorrilla (Valladolid, 21febrero 1817 – Madrid, 23 enero 1893)
“… … …
… … …
Por dondequiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo razón ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.
… … …”
Tal vez sea considerado presunción si afirmo conocer a mi creador, con cierta profundidad. Al menos reconozco a todos los personajes que habitamos en su cabeza.
Y en lo que le conozco, sé que goza más del teatro natural y cotidiano, representado por las calles, cada día; que, con el artificio de los escenarios.
Mi creador entró acompañado a tomar un café mientras hacían tiempo para llegar puntuales a la cita con el oculista, en un lugar acogedor, próximo a la consulta. Por lo menos, esta pareja, los ojos los cuida para poder seguir viendo cuando miran por muchos años. Degustar un café, casi en silencio, mientras penetran aromas y se mezclan sabores en el paladar, al compás de las conversaciones del entorno, una actividad placentera para mi creador y su cómplice complementaria. Actividad que realizan diariamente para mantenerse en contacto directo con el mundo en el que viven. Son tan amantes del teatro… qué mayor escenario que el mundo, qué mayor sinceridad escénica que la de los personajes asomando por los dichos y hechos de las personas.
Ni él se imaginaba que en ese lugar, se iba a encontrar una escena del Don Juan totalmente actualizada. Una escena que ni el mismo Zorrilla habría sido capaz de escribir si hubiese durado hasta nuestros días.
Con un texto prosaico y soez, el Don Juan siglo XXI alardeaba ante tres Ineses, de sus capacidades y autoridad para faltar al respeto a una concejala, en su presencia y en lugar público. Sus años de amistad se lo autorizaban.
Sé que mi creador se sintió molesto ante la escena. Lo sé porque escuchó toda la conversación entre un fondo de motor de camión que recogía un contenedor con escombros, de la calle. Su esfuerzo por entender lo que estaba escuchando y el ver asomar a su quijote, dispuesto a entablar batalla con el Don Juan que mancillaba el honor de una dama, de una estimada concejala para más delito, me han llevado a escribir esta historia verdadera.
Y luego, in continente, dejó el asiento, requirió la cuenta, pagó lo tomado, fuese y no hubo nada.
Un reflejo puntual más, de las consecuencias de mantener El Don Juan en Alcalá de Henares y fomentar su corriente mémica.
Uno de la muga. |