Zapatero celebra su décimo aniversario diciéndose a sí mismo y a los suyos, pero no al conjunto de los españoles, que van a ver cómo mejoran: ellos no están mal, no van al paro ni pagan nóminas con su dinero, pero temen perder el poder más que el sueldo, asegurado gane quien gane.
A Rajoy le pasa igual, en el caso de que le pase algo y tenga a bien contarlo: no hay constancia de que sufra el drama de la mudez, ni que pertenezca aún a esa clase de jubilado alemán que vive un eterno verano en Lanzarote; pero quien sospeche de ello está legitimado a tenor de la hiperactividad de este buen hombre.

Mientras uno se homenajea a sí mismo y el otro transforma a Wally en un aficionado, José Blanco ejerce de tormentoso notario de la realidad: si ayer se redujo el Estado de Bienestar, congelando pensiones, ampliando la edad de jubilación, subiendo ivas, aumentando el paro y bajando salarios; hoy se pone en entredicho su futuro; anulando infraestructuras imprescindibles para avanzar y crear algo de trabajo en el viaje.
No sé si es más alarmante que indignante, o a la inversa. Diez años después, sólo él se ríe, pero ni siquiera de su sombra: ha errado en todos los pronósticos que hizo, señor presidente, para terminar haciendo mal y tarde todo aquello que, amén de negar, convirtió en una especie de crimen de lesa patria.

Tanto ajuste, guste o no, sería comprensible si viniera precedido y completado de una disculpa y de ejemplo propio. Porque mientras clausuran ferrocariles, abortan carreteras, cierran puertos y suspenden aves, ellos siguen subidos al mismo machito: comen igual de bien a la carta, pasean en el mismo coche con chófer, mantienen bien cuidada a la familia en alguno de los organismos creados sólo para eso, esparcen el dinero público estatutariamente pensando en el trasero propio y no en el ajeno, sostienen las mismas subvenciones para los mismos, salen en las mismas televisiones públicas innecesarias y bulímicas y, en fin, se quedan a salvo de todo lo que no evitan para el resto, que les paga la copa. Puta y cama unos; caviar del bueno ellos.
No es pecatta minuta, ni sólo un abuso estético: las obras suspendidas por Fomento, tras dilapidar miles de millones en que cada pueblo tuviera un frontón aunque nadie disponga de raqueta en este país sin un puerto marítimo del que vivir con el tráfico de mercancías a toda Europa; son bastante más baratas que los 720 millones de euros en sueldos de 88.000 cargos públicos; el billón de deuda de las televisiones de partido; los 1.600 millones de liberados sindicales y el formidable, corrupto, opaco, indigno y vergonzoso sistema de fundaciones, centros, institutos, universidades y entidades sin ánimo de pulcro que compone el lupanar público en este país.
Diez años no son nada, para ellos: en este tiempo, Zapatero y Rajoy sólo se han jugado su orgullo. Valientes inútiles, sofisticados jetas, ellos. |