
ANTONIO CAMPUZANO
Mientras baja la pleamar de la marea roja, ya empieza a sonar la palabra batucada, que según Wikipedia, es de ritmo sincopado, que significa que empieza lento pero sigue una música rápida al final y está acompañada por instrumentos de percusión y cantos en los cuales se alternan el coro y los solistas.
De la vuvuzela a Carlinhos Brown, cuidado con las euforias. Como entretanto el fútbol había que hacer algo y las instituciones tenían que seguir su marcha, se celebró un pleno en la ciudad de Alcalá y entre otras causas que produjeron acuerdos, hay una que merece un destacado. No es otra que la moción o proposición de Izquierda Unida para conceder a José Saramago el nombre de una calle en la ciudad, no se sabe si céntrica.
Desde que la picaresca poco devocionaria de la presidenta Aguirre le atribuyó, quizá con estricta maldad, que había demediado el nombre del portugués desaparecido hasta quedar en “sara mago”, en iconoclastia salomónica y en femenino, lo de Saramago no rima bien con el Partido Popular.
En este escenario alcalaíno se sometió a votación la propuesta y medió en el asunto la titular de Cultura, Dolores Cabañas, para raspar un poquito el esternón de la proposición, algo así como “si no os sabe mal, quitad su referencia al compromiso político”. Y salió adelante con el okey de Izquierda Unida y del partido socialista. Hay alguna duda acerca de si se hubiese puesto sobre la mesa la posibilidad de evitar la ceguera del escritor en cualquier mención, también hubiese salido adelante. O su naturaleza portuguesa. O su residencia en Lanzarote.
Estas mutilaciones de un ser integral hasta convertirlo en piezas tienen un enorme peligro. Por ejemplo, el caso de Saramago, cuando se inaugure la calle con su azulejo, con su hojalata, con lo que sea, darán ganas de poner un paréntesis junto al nombre de recordado, en medio del cual diga (versión descomprometida) o (versión despolitizada), o directamente (versión light). Como aquello que cuenta siempre Antonio Gala sobre la condición alicorta de la profesora de Literatura de un colegio visitado por el cordobés. La docente, dado lo avanzado de la hora, pidió al escritor “un soneto, pero por favor que sea cortito”. Saramago ha pasado por el consistorio de Alcalá para quedarse “cortito”. |