No muchos echarán de menos a Juan Astorqui, el Director de Comunicación de Cajamadrid que daba pocas explicaciones y solía confundir la velocidad del cargo con el tocino del látigo. En otras palabras, el Ex con mayúsculas tenía tendencia a comportarse como su patrón, el ínclito Blesa que llegó a donde llegó por lo que llegó -¡esas amistades!- y luego hizo lo que hizo para fastidiar al partido que le había encumbrado mientras él se dedicaba al dudoso arte cinegético.
El más que previsible nombramiento de Miguel Robledo como responsable de las relaciones con los medios puede ser tan bueno para su área como el cambio de Rato en la presidencia: llega un profesional bragado en mil batallas, que lideró con enorme éxito la comunicación de Teka, de la Mutua o de las Cámaras y, además, conoce la profesión por dentro desde sus sucesivos destinos en Abc, TVE.

Robledo llega a la Caja en un momento crucial
El nuevo dircom tiene una ventaja añadida: es currante, conoce a casi todos los periodistas y no sólo de cargo y visa oro y combina un fuerte carácter con una capacidad de diálogo a prueba de bombas. Y ésas son las virtudes que más van a hacer falta en Cajamadrid: por mucha fusión y mucho liderazgo que le conceda en apariencia su unión con Bancaja, la situación en el sector es terrible y la cuenta de resultados de la entidad del oso verde no está para alegrías.
Los 4.000 millones de euros que al parecer va a recibir muy pronto del Frob lo atestiguan: de no haberse juntado con su homóloga valenciana, en una jugada con mucha letra pequeña por contar, tal vez no hubiese logrado una inyección económica que necesita como el agua. |