Las cintas de los sótanos
por Fernando Couto

VIERNES 11 DE JUNIO DE 2010 A LAS 18:54 HORAS
Opinión > Cultura
 
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Ashkan y Negar son una joven pareja iraní, que, al salir él de la cárcel, ha decidido emigrar a Europa para poder dedicarse sin problemas legales a su vocación: tocar "indie rock". Como necesitan visados, y Ashkan también un pasaporte, a través de un ingeniero de sonido que graba en el salón de su casa, como si fuera una versión clandestina de Rudy Van Gelder, se ponen en contacto con Nader, un vendedor de CD y DVD piratas que se ofrece a ayudarles a conseguir su documentación en el mercado negro y a ejercer de mánager en la busca de músicos para montar su grupo para dar un concierto en Teherán en el que reunir fondos para pagar los gastos y despedirse del país.

 

En Nadie sabe nada de gatos persas (Premio Especial de Jurado en el Festival de Cannes de 2009) el director Bahman Ghobadi sigue al joven trío por la capital iraní y filma sus encuentros con grupos e intérpretes de muy diversos estilos musicales (fusión, heavy, rap, autóctonos) como si fuera un falso documental (cámara al hombro, actores no profesionales, iluminación natural) por el difícil rodaje (dos semanas), llevado a cabo en secreto por tratar un tema tabú para las autoridades religiosas y civiles de Irán. Presenciamos variadas actuaciones sin más nexo conductor que la búsqueda de un batería, un bajista y un guitarrista para acompañar a Ashkan (teclado) y Negar (voz). Se presentan situaciones peligrosas y divertidas porque las interpretaciones tienen lugar en condiciones precarias; el grupo más metalero ensaya en un establo de vacas que desde entonces ha dejado de dar leche; otro grupo tiene que asegurarse de que el vecino se ha ido a trabajar antes de empezar a tocar para que no les denuncie al escuchar su música; en un momento Nader es detenido por distribuir películas occidentales, pero consigue salir del apuro camelando al clérigo sancionador e incluso se atreve a regatear sobre la cuantía de la multa. Resulta muy efectiva y bien montada la intervención de Hichkas, un rapero local, que presenta una visión a ras de tierra de la vida en las calles de Teherán (metrópoli de más de siete millones de habitantes). De un humor negro perfecto e informativo es la primera visita al falsificador de papeles: visado para Afganistán, 5 dólares; visado para Europa, 5.000 dólares; visado para Estados Unidos, 12.000 dólares.

 

Nadie sabe nada de gatos persas ha causado una agria disputa entre Ghobadi y su antiguo mentor, el muy laureado y respetado director Abbas Kiarostami (A través de los olivos, El sabor de las cerezas). En cualquier caso la existencia de las corrientes musicales mostradas en la película parece probar la fuerza, incluso subversiva, de lo que el profesor Joseph Nye ha llamado el poder blando, en este caso representado por la música y el cine (salen un póster del Unknown Pleasures de Joy Division y la clásica foto de Brando en ¡Salvaje!).   

 

Grados de separación. Bahman Ghobadi ha nacido en 1969, como su compatriota, la dibujante exiliada Marjane Satrapi. Parece claro que más creadores iraníes tienen que abandonar su país que creadores europeos o estadounidenses tienen que emprender el camino contrario. Satrapi es la autora de Persépolis, una obra tan humana, tan real y tan emotiva, que actualizaba la lección del Maus de Art Spiegelman: que desde la inteligencia y la sinceridad se puede hacer un tebeo perdurable, profundo y con destellos de humor. Persépolis es una autobiografía que comienza en 1979, justo antes de la caída del Sah de Persia, cuando Marjane es una criatura de diez años tan adorable, traviesa, cruel e inconstante como cualquier niño, y finaliza en 1994, cuando decide, apoyada por sus ilustrados padres, divorciarse y abandonar definitivamente Irán para vivir en Francia. En 2007 se estrenó, también en España, la adaptación cinematográfica animada y en blanco y negro codirigida por ella y por Vincent Paronnaud. Las voces principales de la versión original las ponían Chiara Mastroianni como Marjane; su madre, Catherine Deneuve, como madre de Marjane; y la casi nonagenaria Danielle Darrieux (Operación Cicerón, La ronda, El placer, Madame de...), como la abuela que enseñaba a su nieta que la estupidez y el miedo son los enemigos permanentes de nuestra integridad y dignidad y que la amargura y la venganza son unas nocivas pérdidas de tiempo. [Como cuando se estrenó Persépolis 'Desenfocado' se publicaba sólo en papel y tinta (si no fallan mis cálculos, el 9 de noviembre de 2007) no puedo calzar un hipervínculo por lo que he casi fusilado lo que escribí entonces al respecto.]


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